Día de las Escritoras 2026

Christina Linares: “Publicar a estas escritoras es un acto político de reivindicación feminista”

La editora y comisaria del XI Día de las Escritoras habla con Artículo14 sobre las amistades que sostuvieron a las mujeres del Lyceum. La Biblioteca Nacional reúne esta tarde a Manuela Carmena, Blanca Portillo y otras lectoras para recuperar sus cartas, memorias y obras

La editora Christina Linares, comisaria del Día de las Escritoras 2026
La editora Christina Linares, comisaria del Día de las Escritoras 2026

En 1953, Victoria Kent movilizó a escritores e intelectuales de distintos países para conseguir la liberación de su amiga Victoria Ocampo, detenida durante el peronismo. Llamó a Gabriela Mistral, buscó adhesiones, promovió protestas y recurrió a sus contactos internacionales. Después se lo contó por carta a la propia Ocampo. Al terminar, le pidió que destruyera aquel relato: “Después de leído este relato creo que debe ir al fuego con todos los honores, no creo que se deba conservar”. La carta sobrevivió. Esta tarde se leerá en la Biblioteca Nacional de España como testimonio de una amistad que se convirtió en una campaña por la libertad.

Christina Linares la ha elegido para el XI Día de las Escritoras, dedicado este año al centenario del Lyceum Club Femenino. Durante meses, la editora ha recorrido cartas, diarios, novelas y memorias para preparar una selección que permita conocer cómo se acompañaron aquellas mujeres: cuando empezaban a escribir, cuando buscaban trabajo, cuando tuvieron que marcharse de España o cuando enfermaron y necesitaron que alguien estuviera cerca. “El corazón, el sentido, el punto de unión es que eran grandes amigas entre ellas”, explica en entrevista con Artículo14. Muchas mantuvieron esos vínculos durante toda su vida, a pesar de las diferencias ideológicas y de la dispersión del exilio.

Conferencia de la escritora Palma Guillén (5º izda), embajadora de México en Panamá, en el Lyceum Club Femenino. Asisten, entre otras: La política y abogada Victoria Kent (4ª dcha), la actriz Margarita Xirgu (2ª dcha), la pedagoga María de Maeztu (5ª dcha) y la también política y abogada Clara Campoamor (1ª dcha).
Conferencia de la escritora Palma Guillén (5º izda), embajadora de México en Panamá, en el Lyceum Club Femenino. Asisten, entre otras: La política y abogada Victoria Kent (4ª dcha), la actriz Margarita Xirgu (2ª dcha), la pedagoga María de Maeztu (5ª dcha) y la también política y abogada Clara Campoamor (1ª dcha).
EFE/Díaz Casariego/jgb

El lema, “Las amigas como forma de libertad”, procede de una carta de Elena Fortún de 1946. La autora de Celia recordaba una infancia y una juventud vigiladas, en las que no podía salir sola ni decidir sus movimientos por Madrid. Después añadía: “En cuanto a las amigas, es también una forma de libertad el tenerlas”. Linares encontró en esa frase la manera de organizar el homenaje: contar qué hicieron unas mujeres por otras y qué dejó escrito cada una sobre esa experiencia.

La lectura comenzará este 19 de octubre, a las 18:00 en el salón de actos de la BNE. Participarán, entre otras, Manuela Carmena, Blanca Portillo, Aurora Luque, Marilia Andrés y la fiscal general del Estado, Teresa Peramato. La iniciativa está impulsada por la Biblioteca Nacional, FEDEPE y Clásicas y Modernas, y contará con acompañamiento musical de Guadalupe Martín Pino e Inés Lorans.

Las cartas contra el tópico de la rivalidad

A Linares le interesa discutir una costumbre que reconoce en la forma de contar la historia de las mujeres: la insistencia en sus enfrentamientos. “Siempre se ha puesto el foco en la rivalidad o la envidia, pero me gustaría luchar contra ello con estos textos, que están plagados de admiración, respeto y apoyo incondicional”.

La correspondencia permite seguir ese apoyo en sus manifestaciones más concretas. Una amiga pregunta por la salud de otra, se preocupa por sus ingresos, transmite noticias, ofrece alojamiento o busca la manera de que una carta llegue al otro lado del Atlántico. También expresa enfado por un silencio prolongado, celos, discrepancias y decepciones. El conjunto conserva los cambios y las dificultades de relaciones que duraron décadas.

El otro 27: el centenario que quiere devolver a Las Sinsombrero el lugar que la historia reservó a Lorca, Dalí o Buñuel
El otro 27: el centenario que quiere devolver a Las Sinsombrero el lugar que la historia reservó a Lorca, Dalí o Buñuel

“He querido hacer hincapié en los epistolarios”, señala la comisaria. Habrá menos poesía y más de esas “charlas por escrito”, como las llamaba María Martos, en las que se aprecia “cómo se añoran, cómo se cuidan, cómo se preocupan las unas por las otras”.

Elena Fortún ocupa un lugar central. Linares recuerda que sus amigas la sostuvieron cuando su marido, Eusebio de Gorbea, se suicidó. María Martos la acogió y Victorina Durán fue una presencia decisiva en su vida. “Las amigas como tabla de salvación, asidero, clavo ardiendo”, resume la editora.

Una de las cartas seleccionadas, escrita por Martos a Pilar de Zubiaurre en febrero de 1949, informa de que Fortún lleva cuatro meses viviendo con ella y describe su dolor tras conocer los detalles de la muerte de su marido. Habla también de su posible traslado con su hijo y de la acogida que está recibiendo en Madrid. La preocupación afectiva y los problemas prácticos aparecen en el mismo párrafo.

Otra carta, enviada por Consuelo Bastos a Fortún en marzo de 1952, se detiene en la fiebre, la tos, el traslado a una clínica y las visitas de las amigas. Bastos lamenta estar lejos y no poder acompañarla. El documento permite reconocer el trabajo cotidiano que había detrás de aquella red de afectos.

Elena Fortún - Sociedad
Una fotografía de Elena Fortún en blanco y negro
Archivo

Para Linares, los epistolarios también obligan a ampliar la relación de mujeres que consideramos escritoras. “Me gustaba la idea de reivindicar como escritoras a las mujeres de las que solo han trascendido sus cartas”, explica. Cita a María Martos y a Pilar de Zubiaurre, cuya correspondencia permite reconstruir buena parte de aquel mundo. El interés de estos textos, insiste, incluye su calidad literaria.

Victoria Kent más allá de una etiqueta

La carta a Ocampo sirve a la comisaria para cuestionar otra simplificación: reducir a Victoria Kent a su oposición a que el sufragio femenino se aprobara en aquel momento de la Segunda República.

“La recordamos siempre con esa etiqueta”, lamenta Linares, que recuerda su trabajo al frente de Prisiones, su preocupación por las condiciones de las reclusas y su ayuda a los niños durante la Guerra Civil. La selección busca que aparezca también esa mujer capaz de organizar una campaña internacional por una amiga encarcelada.

En el texto de 1953, Kent enumera los contactos a los que recurrieron: Roger Caillois y Albert Camus en Francia, Aldous Huxley en Inglaterra, Ernest Ansermet en Suiza, Mariano Picón Salas en Venezuela y Alfonso Reyes y José Ángel Ceniceros en México. Gabriela Mistral envió telegramas a las autoridades. “A este llamamiento respondieron todos”, escribió Kent. La comisaria subraya el significado concreto que adquiere aquí el lema de la jornada: la amistad contribuyó a recuperar la libertad.

Victoria Kent, en el Congreso de los Diputados
Victoria Kent, en el Congreso de los Diputados

El programa incluye también la voz de Clara Campoamor. Teresa Peramato leerá un fragmento de El voto femenino y yo: mi pecado mortal, y Tània Balló pondrá voz a la entrevista que Irene Polo publicó en 1932 sobre la defensa del sufragio. En ella, Campoamor formulaba una pregunta que resumía su posición: “¿Es que el pueblo, entonces, está compuesto solamente por hombres?”.

Un lugar para reunirse y organizarse

El Lyceum Club Femenino abrió sus puertas el 4 de noviembre de 1926 en la Casa de las Siete Chimeneas de Madrid. Reunió a escritoras, artistas, científicas, pedagogas y profesionales que organizaron conferencias, exposiciones y actividades sociales. Su independencia y su carácter laico provocaron una fuerte oposición, recogida también en las memorias de sus integrantes.

La lectura recupera un texto anterior a su fundación. En 1915, María Lejárraga animaba a las mujeres a crear clubes, aunque empezaran siendo pequeños y modestos. “Lo esencial es que tengáis un lugar vuestro”, escribía en Cartas a las mujeres de España. Imaginaba un espacio para conversar, leer, escuchar música, bailar o preparar una salida al teatro. También para descansar de las obligaciones y encontrarse sin tener que acomodarse a las necesidades del resto de la familia.

Esa actividad se prolongó en iniciativas concretas. Las socias participaron en la transcripción de libros al braille y pusieron en marcha la Casa de los Niños, dirigida por Consuelo Bastos, para atender a hijos de madres trabajadoras. Los recuerdos de Isabel Oyarzábal y un discurso de Zenobia Camprubí permiten conocer aquel proyecto de cuidados, alimentación y educación interrumpido por la guerra.

'Cartas a las mujeres de España', de María Lejárraga (editorial Renacimiento)
‘Cartas a las mujeres de España’, de María Lejárraga (editorial Renacimiento)

Después, las cartas continuaron circulando entre países. Fortún llegó a contar que algunas amigas habían reconstruido sus encuentros alrededor de una mesa de un salón de té en Buenos Aires. Querían reunirse cada viernes para mantener el vínculo.

La recuperación de ese pasado forma parte del programa del centenario impulsado por el Ministerio de Cultura. La investigación ha permitido ampliar el censo de socias y reunir documentos conservados por sus familiares. Una parte se muestra en la exposición de la Fundación Ortega-Marañón, abierta hasta el 22 de enero de 2027.

“Un acto de justicia poética”

Linares lleva años trabajando en la recuperación de estas autoras. Filóloga, traductora, investigadora y editora, desde 2013 dirige en Renacimiento la línea dedicada a escritoras de la Generación del 27. Cuando le propusieron comisariar esta edición, conocía ya muchas de sus obras por el trabajo editorial.

Su implicación comenzó por la lectura. “He tenido la suerte de acceder a estas obras y quedar completamente maravillada y sorprendida por su calidad literaria”, explica. Menciona a Concha Méndez, María Teresa León, María Lejárraga y Clara Campoamor, entre otras. Encuentra en sus libros una actualidad y una frescura que permiten leerlos más allá del interés por el periodo en que fueron escritos.

La publicación de cartas, admite, difícilmente se traduce en grandes cifras de ventas. “No estamos aquí para hacernos ricos con la venta de ejemplares de epistolarios”, dice. “Sí me parece un acto político de reivindicación feminista, necesario. Es un acto de justicia poética”. Esa convicción acompaña a una exigencia editorial: “La calidad prima ante todo”.

El ministro de Cultura Ernest Urtasun en la inauguración de la exposición del Lyceum Club Femenino en la Fundación Ortega Marañón de Madrid
El ministro de Cultura Ernest Urtasun en la inauguración de la exposición del Lyceum Club Femenino en la Fundación Ortega Marañón de Madrid

Preparar el homenaje le ha permitido detenerse en libros que el ritmo de trabajo había dejado atrás. Los editores, señala, viven pendientes de lo que van a leer, valorar y publicar. Esta vez ha podido regresar a textos conocidos y descubrir otros. Entre las lecturas menciona las memorias de Carmen Baroja y la correspondencia entre Ernestina de Champourcin y Carmen Conde.

“Me emociono preparando estos textos”, reconoce. La selección ha exigido renuncias. Entre los títulos que ha manejado está Cuatro años en París, de Victoria Kent, aunque para esta jornada ha preferido otros pasajes en los que las relaciones entre amigas tienen una presencia más directa.

También quiere restituir nombres. Recuerda que Isabel Oyarzábal fue conocida como Isabel de Palencia, por el apellido de su marido, y que María Lejárraga publicó bajo el nombre de Gregorio Martínez Sierra. Son situaciones distintas, pero ambas plantean cómo se ha transmitido la identidad de las autoras. Renacimiento ha trabajado para devolver sus nombres propios a las cubiertas. Linares considera que ocultarlos detrás del marido ha sido “otra forma más de invisibilizarlas”.

Humor, deseo y periodismo de inmersión

Los textos elegidos contienen humor, enamoramientos, conversaciones juveniles y retratos poco solemnes de mujeres que hoy suelen aparecer en conmemoraciones institucionales.

Linares destaca un pasaje de La casa de enfrente, de Ernestina de Champourcin, que le recuerda al mundo de Celia. Un grupo de alumnas se entusiasma con una monja inteligente y severa, cuyo vello sobre el labio recuerda a la narradora el bigote de su padre. La fascinación se propaga por la clase hasta alarmar a la superiora. A la editora le interesan la ternura, el deseo y la comicidad de esas escenas. “Los textos pueden hablar por sí solos y se defienden sin ningún preámbulo”, afirma.

En las memorias de Victorina Durán, la amistad con Rosa Chacel aparece atravesada por comentarios demoledores sobre el arte y sobre los hombres que podían gustarle. En La jineta, de Halma Angélico, una mujer protege a una muchacha frente a las agresiones y burlas de quienes las rodean. La selección incluye también la denuncia del racismo que Concha Espina observó durante una visita al Lyceum de La Habana.

La casa de enfrente, de Ernestina de Champourcin
La casa de enfrente, de Ernestina de Champourcin

Otra de las autoras que Linares reivindica es Magda Donato, seudónimo de Carmen Eva Nelken y hermana de Margarita Nelken. Recuerda sus reportajes de inmersión en instituciones psiquiátricas y penitenciarias, para los que adoptaba otras identidades y convivía con las personas sobre las que después escribía. La editora lamenta la escasa presencia de esa trayectoria en la formación de los periodistas.

Este Día de las Escritoras se leerá La vida en la cárcel de mujeres, publicado en Ahora en 1933. Donato describe allí a sus compañeras de reclusión, las rutinas del centro y sus propias reacciones, con una ironía que evita presentar a las presas como figuras anónimas.

Veinticinco autoras y una lectura colectiva

El programa reúne textos de veinticinco autoras. Manuela Carmena leerá a Elena Fortún; Blanca Portillo, el poema Me llamaban rara, de Pilar de Valderrama; y Yolanda Villaluenga, el fragmento de Ernestina de Champourcin. Josebe Martínez pondrá voz a Carmen Monné; Teresa San Segundo, a María Lejárraga; Aurora Luque, a Isabel Oyarzábal; y Marilia Andrés, a Victorina Durán.

Cristina Guirao leerá a Carmen Conde; Marta Rivas, a Rosario de Lacy; Paula Iwasaki, a Concha Méndez; e Irene García Chacón, a María de Maeztu. A las intervenciones de Teresa Peramato y Tània Balló se sumarán las de Mar Abad, con Concha Espina; Isabel Izquierdo, directora del Museo Arqueológico Nacional, con Halma Angélico; Rocío Pizarro, con María Campo Alange; y Carolina Villaroya, con Magda Donato.

Raquel Caleya leerá a Zenobia Camprubí; Teresa García Cifuentes, a Alicia Ortiz Alonso; Pilar Laguna, a María Martos; Oreana Rincones, a Matilde Ras; Paula Pérez Rey, a Carmen Baroja; Concha Mayordomo, a Consuelo Bastos; Laura Nuño, a Victoria Kent; y Eva Latonda, a María Teresa León.

La música recuperará también a creadoras vinculadas a esa época. El programa incluye canciones de María Rodrigo Bellido y Adela Anaya Ruiz, además de Oración de las madres que tienen a sus hijos en brazos y Canción del fuego fatuo, de Manuel de Falla, con textos de María Lejárraga.

La celebración se completa con una editatona de Wikipedia, de 17.00 a 20.00, organizada con Wikimedia España y el Instituto de las Mujeres para ampliar y mejorar las biografías de mujeres vinculadas al Lyceum. Desde hoy y hasta el 30 de octubre, la BNE acoge además Ellas nos hicieron modernas, una exposición comisariada por Mar Abad que reúne 24 paneles y una serie de diez episodios de pódcast. 

El Día de las Escritoras se celebra desde 2016 en torno a la festividad de Teresa de Jesús. Colaboran también la Fundación Amigos de la BNE, la Asociación Colegial de Escritoras y Escritores y CEDRO, y la propuesta se extiende a bibliotecas, centros educativos e instituciones de España y otros países. Linares espera que esta edición sea “una fiesta”. La lectura terminará con Memoria de la melancolía, donde María Teresa León recuerda a las mujeres que conoció y resume la ambición de aquel club: “Se había propuesto adelantar el reloj de España”. Cien años después, sus cartas permiten saber quiénes se acompañaron mientras intentaban hacerlo.

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