Lyceum Club Femenino (1926-1936): las mujeres que cambiaron la historia cultural y política de España

El libro 'Insumisas. Historia de la lucha por la igualdad en España’ recoge la historia del Lyceum Club Femenino, que reunió a intelectuales como María de Maeztu, Victoria Kent o Zenobia Camprubí

Lyceum Club

En 1926 se inauguraba en la Casa de las Siete Chimeneas de Madrid, donde actualmente se sitúa el ministerio de Cultura, el Lyceum Club Femenino que llegó a funcionar hasta 1936 en Madrid y desde 1932 hasta el final de la guerra civil en Barcelona.

Este tema forma parte del libro ‘Insumisas. Historia de la lucha por la igualdad en España’ (Almuzara Libros) publicado esta semana, donde desde la Revolución Francesa a nuestros días se recorre un accidentado camino en el que se parte de la negación de la capacidad femenina por Napoleón, a su ubicación en el rol de sumisa esposa por parte de filósofos como Rousseau, Schopenhauer o Nietzsche, o su negación en el deporte por el barón de Coubertin. Con un recorrido por los diferentes estereotipos femeninos, de la ‘mujer romántica’, al ‘ángel del hogar’, pasando por la ‘dama benefactora’, la ‘mujer pecado’ o la ‘madre paridora de hijos sanos’ de los nazi-fascismos.

El libro se cierra con un monólogo teatral, ‘Intimidades de una dama del Lyceum Club’ sobre la figura de Zenobia Camprubí, creadora nata, mujer cosmopolita y emprendedora social, casi ignorada intelectualmente por su marido, un maravilloso poeta, pero a la vez un hombre nada asertivo, antipático y presunto maltratador psicológico de una mujer que le sirve de manera ciega: ¿hasta qué punto el amor puede justificar la anulación de la mujer creadora?

Su apertura en 1926 mostraba cómo las modernizadoras corrientes cosmopolitas del mundo de entreguerras llegaban también a España. Su origen se remonta a un Londres que crea una réplica femenina a los clubes exclusivamente masculinos de la época victoriana, fundado por una dramaturga, Constance Smedley (1881-1941) abriendo su primer local en Picadilly bajo un inequívoco aroma elitista. En los años siguientes se crean réplicas en París, Berlín, Bruselas, Nueva York o La Habana. En su origen las damas quieren tener un lugar donde recibir y ser recibidas sin tener que recurrir a su residencia privada.

En el Madrid de 1926 el Lyceum posee la misma respetabilidad social de su original londinense. La presidencia de honor la ostentan la reina Victoria Eugenia y la Duquesa de Alba. Con una promotora y directora como María de Maeztu, a su vez directora de la Residencia de Señoritas, dama cosmopolita que ha viajado por el mundo y promueve a un perfil de mujer ilustrada. Antes de abrir sus puertas se debate si el espacio debe estar reservado exclusivamente a mujeres; lo que es aprobado, decidiéndose finalmente que ellos pueden ofrecer cursos y conferencias, a la vez que se les permite entrar en el salón de té (lo que hoy llamaríamos bar-cafetería). En los años venideros García Lorca leerá por primera vez su ‘Poeta en Nueva York’, Unamuno ‘Raquél Encadenada’ y Rafael Alberti divertirá y creará polémica con ‘Pasonita Galápago’. Tan solo Benavente rechaza dar una conferencia “a tontas y a locas’. Mientras el Lyceum suscita descalificativos, especialmente de Ernesto Giménez Caballero impulsor de las vanguardias artísticas reconvertido en ideólogo del fascismo, o Teresa de Escoriaza, crítica con el rol tradicional de las mujeres, que considera a la nueva institución un ‘proyecto femenil con apariencia de feminista’.

Para formar parte del club se exige haber hecho trabajos literarios, artísticos o científicos, participar en causas sociales o poseer un título académico. El primer año se inscriben 115 mujeres que algún tiempo más tarde alcanzan el número de 500. Las vicepresidentas son Victoria Kent e Isabel Oyarzábal, de rica familia vasca, defensora del sufragismo e impulsora de distintas entidades en favor de las mujeres, que con la República llegará a ser la primera mujer embajadora de España, en este caso en Suecia y Finlandia. Como secretaria Zenobia Camprubí, esposa de Juan Ramón Jiménez, y de vicesecretaria la norteamericana Helen Phillips, directora del Instituto Internacional fundado en Boston para la mejora de la educación de las españolas. Entre la primera tanda de asociadas figuran la mayor parte de las que tendrán protagonismo cultural, como Margarita Nelken, María Lejárraga, Carmen Baroja, Ernestina de Champourcín, Concha Méndez, María Teresa León o Elena Fortún, y todas aquellas que durante la República alcanzarán relevancia pública. En 1931 se crea en Barcelona el correspondiente Lyceum abriendo el local en Vía Laietana donde figuran mujeres muy representativas de la vida catalana.

Ese aroma de elitismo social va a hacer que los críticos del Lyceum lleguen a denominarlo el ‘club de las maridas’. Significativo que en poco tiempo la entidad se convierta en exponente de la evolución de la sociedad española. Donde figuran mujeres aristócratas y conservadoras, liberales y también socialistas y comunistas. El Lyceum mantiene secciones sobre literatura, música, artes plásticas, industriales, internacional, Hispanoamérica, ciencias… Promoviendo exposiciones de arte creado por mujeres, con Maruja Mallo como uno de sus estandartes. Abriéndose a iniciativas sociales típicas de la época, como la apertura de una guardería gratuita donde ser sirven comidas para hijos de trabajadores en el barrio de Cuatro Caminos, a la creación de una biblioteca en braile para facilitar la difusión de obras literarias entre personas invidentes. En el plano institucional trascenderán de sus orígenes como club social, revindicando el sufragio femenino, que en 1930 tras la caída del general dictador Primo de Rivera piden a su sucesor el general Berenguer. Años antes, en 1927 se han dirigido a la Comisión de Códigos para solicitar la eliminación del ‘precepto bárbaro’ como lo llama Victoria Kent, del Código Penal de 1870 que permite al marido que sorprende en adulterio a su mujer y la mata en el acto cumplir una simple pena de destierro, legalizando el ‘crimen por honor’ cuando un marido es engañado por la esposa.

Mujeres del Lyceum piden clemencia a los implicados en la sublevación de Jaca, y al principio de la guerra civil la sección catalana crea una ‘mochila del soldado’ a favor de quienes combaten por la República. Probablemente en el Lyceum tanto en Madrid como en Barcelona hay una mayoría que comparten afinidad cultural y no política, junto a una minoría activa actuando como palanca de cambio; la presencia de esa entidad de mujeres es exponente tanto del pluralismo de la sociedad española de la época como de los cambios producidos en una generación de mujeres. Al club pertenecen buena parte de las de la generación del 27, primera en la historia de España con importante presencia femenina, como la de quienes con la República alcanzarán presencia en el debate social.

Una de las singularidades para la época del Lyceum es su carácter no confesional pero respetuoso de las libertades individuales y a diversidad sexual. Al club pertenecen varias mujeres lesbianas como la diseñadora y escenógrafa Victorina Durán, que no ocultan su identidad, junto a las ‘damas respetables’ de la burguesía aunque sensibilizadas con las preocupaciones sociales y las nuevas sensibilidades en el espacio cultural.

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