Hasan Hadi es el primer director iraquí en recibir un premio en el Festival de Cannes. Él quería rodar La tarta del presidente en Irak y solamente en Irak. Esta decisión iba más allá de una cuestión artística, era un asunto moral: Hasan nació en Bagdad bajo el régimen de Sadam Huseín y, siendo un niño, creció bajo las consecuencias de las sanciones internacionales tras la invasión de Kuwait por parte del ejército de su país.
De una infancia arrebatada por la guerra nace la pulsión de contar la historia de Lamia, una niña de 9 años que, acompañada tan solo por su gallo Hindi y su amigo Saeed, recorre las calles de Bagdad con el objetivo de preparar una tarta de cumpleaños al presidente. La inocencia de la infancia contra la crueldad de los sistemas autoritarios.
Usted se ha formado en New York University Tisch School of the Arts Nueva York. En el momento en que tú estuvo en allí estudiando cine, ¿podía un cineasta formarse en su país de origen? ¿Cómo ha evolucionado esta posibilidad? ¿Sería posible grabar un filme así en Irak en los años 90?
Bueno, tengo 37 años. Yo creo que grabar esta película en mi país en ese momento (años 90) sería más difícil, porque realmente entonces, era todavía un país muy frágil, la seguridad también. Ahora es un país mucho más estable que antes, pero quizás hubiera sido posible. En el periodo post-Sadam siempre hubiera sido posible, sí. Teniendo en cuenta la logística y demás, hubiera sido mucho más complicado. Y ahora sí se puede trabajar libremente en ese sentido. Todavía es un país que tiene muchas fronteras, tradiciones, nociones, interdicciones y cosas prohibidas. Pero como artista, tampoco importa, porque se trata justamente de encontrar una forma de expresar algo normal de forma normal. Te diría que al gobierno realmente no le importa mucho la cultura, sí que puedes realmente un poco lo que quieres, porque no estamos bajo los focos.

La historia que relata es triste, pero también entrañable. Lamia nos recuerda a Dorita, de El Mago de Oz, y el gallo Hindi a su perro Totó. ¿Tenía alguna referencia cinematográfica para esta película?
Sí, quizás la más fuerte sería el neorrealismo italiano. Porque al principio, cuando empecé a escribir el guion, me di cuenta de que tenía que trabajar con actores no profesionales para que, justamente, hubiera una relación entre ellos. Esa realidad, esa cosa un poco “cruda”, esa parte documental, también porque se habla de la sociedad, del momento de la posguerra, del impacto que tuvo todo esto, y todo eso con niños. Si hablamos de cine, mucha gente me ha impactado, pero como cineasta, intento tener mi propia voz y que sea algo diferente. Hay muchos poetas que me pueden servir de referencias, pero quiero crear mi propia poesía. De Sica, Rossellini, Angelopoulos, Kiarostami, serían mis grandes inspiradores.
¿Cómo ha sido el proceso de trabajo con actores no profesionales? ¿Cómo dio con ellos?
Con actores profesionales trabajé muy poco, para un par de cortos. Para esta película, con actores no profesionales y fue un casting salvaje, en la calle. El primer actor que encontramos fue Saeed, el chico. Y la última fue ella, Lamia, que es Baneen Ahmad Nayyef. Y la cosa con los no profesionales es que no puedes hacerles una prueba normal y ya está. Entonces, no les puedes dar una escena y decirle, oye, prepárala y ven mañana a ver cómo funciona; tienes que hablarles, tienes que conocerlos, tienes que entender sus límites, de dónde vienen, y tienes que hacer un diálogo a medida. Realmente es una apuesta: a veces funciona, a veces no.
¿Por qué, si es un esfuerzo tan grande, ha querido hacer la película con niños?
Porque sentí que hay una magia, que los chicos así nos aportan un toque mágico. Y necesitaba esta película, o sea, esa cosa de cuento de hadas, pero también de documental, esa cosa cruda, fresca, que aportan los no profesionales. Además, son niños. Realmente, si es un chico profesional, no aporta esa espontaneidad. También para mí, también era muy atractivo crear esa película a partir de actores no profesionales, fue un recorrido con el que disfruté muchísimo.
Lamia huye de su situación familiar y emprende un viaje. Aunque parece que, en búsqueda de su libertad, en realidad lo que quiere es encontrar los ingredientes de la tarta, que de ningún modo la hace libre tampoco. ¿Qué posibilidades tiene una chica en Irak de ser libre, al menos, a partir de los 18 años?
¿Qué significa ser libre? (…) Creo que hay un cierto nivel de libertad. No creo que el gobierno sea bastante. No creo que todas puedan elegir, además.
Depende mucho de la familia, de los padres. Y no creo que el gobierno esté haciendo mucho para que tengan esa libertad. Todo depende, mucho depende de la sociedad, y es un estado frágil. Y en un estado frágil las primeras víctimas siempre son mujeres y niños. En esa época, en los ochenta, noventa, las mujeres carecían de importancia. Y tenían muy pocos derechos, incluso en la educación. Pero ahora sí tienen más, tienen que ver con la educación. Incluso en el sistema político, están en el parlamento, pero sigue siendo una sociedad patriarcal, muy masculina, y cambiar eso requiere mucho trabajo.

¿Por qué eligió a una chica como protagonista principal?
Por eso mismo, porque siento que, generalmente hablando, las mujeres son las protagonistas en la vida, pero no se les da la importancia que merecen, se sigue pensando que es una ciudadana de segunda o de tercera.
Y para mí, yo crecí en un hogar con mi madre, mis hermanas, mi abuela, estaban ahí. Mi padre también estaba ahí. Pero las figuras masculinas, estaban más “ausentes” siempre, o estaban prisioneros, huían, todo eso… Y siempre eran las mujeres las que llevaban todo.
Y en una sociedad que no les da esos derechos, que no les da derechos iguales, para mí, como artista, era muy interesante proponer la idea de una niña que se enfrenta sola a la sociedad patriarcal y seguirla en ese recorrido. Me intrigaba, me apetecía mucho.
Su película es una ópera prima, ha ganado en la Cámara de Cannes, se proyectó en San Sebastián, y ha sido la primera película iraquí en entrar en la shortlist de los Oscar, entre otros reconocimientos. ¿Esperaba estos premios? ¿Qué significan para usted?
Me siento muy honrado, pero a la vez me siento humilde. Estar siempre debajo de los focos como cineasta era algo que no esperaba, ni soñaba con ello, pero para mí es mucho más importante que de pronto el país está bajo los focos, y que haya hecho que más artistas iraquíes hablen con su propia voz. Eso me parece maravilloso, realmente.
