Huérfanas de series

‘El problema final’: el misterio de José Coronado que ha conquistado Netflix

La adaptación de la novela de Arturo Pérez-Reverte ocupa el primer puesto de las series más vistas en España con cuatro episodios, un crimen imposible y un reparto encabezado por Maribel Verdú, María Valverde y Martiño Rivas

Jose Coronado (quien da vida a Basil) y Martiño Rivas (Foxá) en un fotograma de El problema final. Crédito: Netflix España
Jose Coronado (quien da vida a Basil) y Martiño Rivas (Foxá) en un fotograma de El problema final. Crédito: Netflix España

Es la serie más vista en Netflix, y no es casualidad: El problema final, la miniserie protagonizada por José Coronado, se ha situado en el primer puesto de la plataforma por delante de Monstruo: La historia de Lizzie Borden, Te conozco y la segunda temporada de The Gentlemen.

Su éxito responde a una fórmula conocida y difícil de abandonar una vez planteado el enigma. Primavera de 1959. Trece personas quedan aisladas por un temporal en un hotel situado en un pequeño islote próximo a Mallorca. La incomunicación, las tensiones entre los huéspedes y una muerte inicialmente interpretada como un suicidio crean el escenario perfecto para una intriga de círculo cerrado. Nadie puede entrar ni salir y, por tanto, el culpable se encuentra necesariamente dentro del hotel.

En ese lugar aparece Benjamin Basil, un actor retirado que conoció la fama interpretando a Sherlock Holmes en el cine. Basil ha viajado a Mallorca con la esperanza de reactivar una carrera en decadencia, pero la muerte de una de las huéspedes le ofrece la posibilidad de representar de nuevo su mejor papel, esta vez fuera de la pantalla. A falta de policía, medios técnicos y comunicación con el exterior, debe recurrir a la observación, la memoria y todo lo que aprendió fingiendo ser detective durante años.

Póster de El problema final - Cultura
Imagen promocional con el póster de la serie.
Netflix

José Coronado sostiene la serie mediante una interpretación consciente del artificio. Su personaje combina arrogancia, cansancio y un entusiasmo casi infantil ante la posibilidad de demostrar que su inteligencia no dependía enteramente de un guion. El actor encuentra en Basil un papel hecho a su medida: un hombre envejecido que conserva la autoridad y el magnetismo, aunque empieza a sospechar que el mundo puede continuar perfectamente sin él.

A su lado, Martiño Rivas interpreta a Francisco Foxá, un joven escritor de novelas de intriga que asume la función del acompañante encargado de ordenar las intuiciones del detective. La relación reproduce deliberadamente la dinámica entre Holmes y Watson. Basil observa, deduce y disfruta desconcertando a quienes lo rodean; Foxá pregunta, toma notas y traduce sus razonamientos para el espectador. Ambos recorren el hotel mientras las coartadas comienzan a resquebrajarse y cada huésped revela una razón para mentir.

El reparto completa buena parte del atractivo. María Valverde encarna a Adela Figueroa, una joven enigmática cuya presencia altera las relaciones dentro del grupo; Maribel Verdú interpreta a la señora Ausländer, la gerente del hotel; Gonzalo de Castro es Fonseca, un ambicioso director de cine, y Pepón Nieto da vida al doctor Seruya. Cristina Kovani y José Condessa también forman parte de una galería construida siguiendo las reglas del misterio clásico: todos esconden algo, aunque ocultar un secreto no convierte necesariamente a nadie en asesino.

Dirigida por Félix Viscarret, El problema final adapta la novela homónima publicada por Arturo Pérez-Reverte en 2023. La producción busca la elegancia del Hollywood clásico y reconoce abiertamente su deuda con Agatha Christie, Arthur Conan Doyle y películas como Muerte bajo el sol. La decoración del hotel, el vestuario, los automóviles y la fotografía cálida construyen un espacio alejado del realismo cotidiano. Todo parece dispuesto para que el espectador acepte el juego, examine las miradas y trate de descubrir al culpable antes que Basil.

Arturo Pérez-Reverte - Cultura
El escritor Arturo Pérez-Reverte, en Agistri (Grecia) durante la presentación de la novela ‘La isla de la mujer dormida’
EFE/Alfaguara/Jeosm

La serie no reinventa el género. Sus personajes responden a arquetipos reconocibles, algunos diálogos resultan demasiado explicativos y varias figuras del reparto merecían un desarrollo mayor. Tampoco utiliza el año 1959 para profundizar en las tensiones políticas o sociales de la España del momento. El contexto histórico funciona principalmente como un marco estético y como la condición necesaria para aislar a los personajes en un tiempo anterior a los teléfonos móviles, internet y las pruebas forenses capaces de resolver rápidamente el caso.

Esa falta de profundidad juega, paradójicamente, a favor del atracón. El problema final sabe qué clase de entretenimiento quiere ofrecer y no exige un compromiso prolongado. Sus cuatro episodios permiten verla durante una tarde o repartirla a lo largo de un fin de semana. La intriga avanza con rapidez, introduce sospechosos suficientes para mantener abierto el misterio y concede a Coronado el espacio necesario para disfrutar de un personaje que interpreta a otro personaje.

Su número uno confirma la vigencia del whodunit, ese relato que invita al público a formular una única pregunta: quién lo hizo. Después del éxito de Puñales por la espalda, Solo asesinatos en el edificio y las adaptaciones recientes de Agatha Christie, las plataformas han comprobado que los espectadores continúan encontrando placer en los hoteles aislados, las familias enfrentadas y los cadáveres rodeados de sospechosos.

El problema final deja pocas posibilidades para una segunda temporada y tampoco parece necesitarla. Su principal virtud está precisamente en su tamaño: presenta el crimen, reúne a los posibles culpables y conduce el juego hasta su resolución. Para las huérfanas de series que buscan una ficción capaz de llenar el fin de semana sin exigir meses de fidelidad, el caso de Benjamin Basil llega en el momento adecuado.

TAGS DE ESTA NOTICIA