Artes escénicas

Granada llora a Lorca noventa años después: “No es solo un homenaje, es también una protesta”

Medio centenar de artistas y cientos de voces participan en 'Réquiem por Lorca', un funeral colectivo que transforma la ciudad en escenario de música, poesía y memoria. Cuatro de sus protagonistas cuentan a Artículo14 cómo se despide a un poeta cuyo asesinato sigue siendo una herida abierta

Granada llora a Lorca noventa años después: "No es solo un homenaje, es también una protesta".
Granada llora a Lorca noventa años después: "No es solo un homenaje, es también una protesta".
Montaje: kiloycuarto

“Ya estaba yo rompiendo a llorar”. Así recuerda Miguel García Cantera, cantante de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, el momento en que Pep Olona le explicó por teléfono que estaban organizando un funeral colectivo por Federico García Lorca en Granada, noventa años después de su asesinato. Su implicación en el proyecto tiene también una dimensión íntima. “Me parece totalmente necesario que a Lorca se le haga un funeral como Dios manda y que no sea solamente un homenaje, sino una conmemoración de su asesinato y una protesta también por una injusticia tan grande como es que haya tanta gente todavía en una cuneta, tirada, y que no los hayamos encontrado, incluidos miembros de mi familia“, explica a Artículo14.

Esa voluntad de convertir el recuerdo en una experiencia compartida atraviesa Réquiem por Lorca, una intervención artística que, desde el jueves 15 hasta el domingo 18 de octubre, transforma Granada en el escenario de un gran funeral ciudadano. Concebida por Maral Kekejian y Pep Olona a iniciativa de la Fundación Federico García Lorca, la propuesta reúne a medio centenar de artistas y agrupaciones en doce espacios de la ciudad. No se trata de una sucesión de homenajes independientes, sino de una única obra dividida en cuatro actos, inspirados en los versos del caligrama Rosa de la muerte, escrito por Lorca en 1934. Agua, tierra, fuego y aire articulan un recorrido que comienza con el llanto y aspira a desembocar en la esperanza.

La primera jornada, dedicada al agua, reunió el jueves propuestas tan distintas como Ay, una exploración del quejío flamenco a cargo de Rocío Márquez, o una reinterpretación de la Lacrimosa de Mozart mediante el theremín y la electrónica. Por la noche, La Llorera llevó esa apuesta por la participación ciudadana al Centro Federico García Lorca. En lugar de separar a los músicos del público mediante un escenario convencional, la propuesta de Adriano Galante los reunió en círculo, rodeados de espectadores invitados a sumarse a las canciones.

Para elaborar el repertorio, Galante buscó un equilibrio entre la conexión con Granada y el reconocimiento popular de las melodías. A composiciones vinculadas directamente con Lorca, como Anda jaleo o Los pelegrinitos, se sumaron canciones tan diversas como Piensa en mí, Santa Lucía, Me quedo contigo o Aunque es de noche, de Enrique Morente. “Quizás tienen orígenes diversos, pero al final son de ida y vuelta”, explica a Artículo14. La intención era que sus letras y melodías permitieran recorrer, entre todos, los recuerdos y sentimientos asociados a la pérdida. El encuentro reunió para la ocasión a músicos que, aunque ya habían colaborado en otros proyectos, nunca habían tocado juntos como una misma formación.

‘La Llorera’, uno de los encuentros musicales del ‘Réquiem por Lorca’.
Agua de Lurdes

Sheila Blanco, una de las artistas invitadas, interpretó dos composiciones que publicó en 2024 como homenaje al poeta, Granada (entre el Darro y el Genil) y 18 de agosto. “Fue muy especial interpretarlas allí, en el Centro García Lorca, en este lloro colectivo”, explica. Entre los asistentes se encontraba Laura García-Lorca, sobrina del escritor, cuya presencia añadió una dimensión familiar a una ceremonia concebida precisamente para sacar el duelo del ámbito privado.

Según Blanco, Soleá Morente y el propio Galante animaron desde el principio a los asistentes a cantar y dar palmas. “Era como estar en una reunión de amigos, en una guitarreada familiar“, recuerda la cantante. También había espacio para la alegría. “No importa si también se llora de alegría”, les dijo Morente, según relata Blanco, recordándoles que el llanto no tiene por qué estar asociado exclusivamente a la tristeza.

La experiencia conecta con la trayectoria de Sheila Blanco, conocida por su proyecto Cantando a las poetas del 27, con el que ha recuperado la obra de escritoras de una generación frecuentemente reducida a sus grandes nombres masculinos. “A todo el mundo le llega alguna música”, sostiene, convencida de su capacidad para acercar la poesía y la historia a públicos muy distintos. Pero lo que más le impresionó de estas jornadas fue la implicación que se reclamaba a los asistentes. En una de las actividades, recuerda, incluso se les pidió que no grabaran con sus teléfonos, para favorecer una escucha más atenta. “Me llevo mucho esa sensación de presencia”, asegura. “Desde ayer estoy un poco como en una especie de sueño”.

Doscientas voces para un mismo duelo

El viernes, el protagonismo correspondió a la tierra y a la voz. Una de las intervenciones más ambiciosas del programa, Yo canto para luego, llevó a la Plaza de las Pasiegas una nueva composición de Guille Galván, guitarrista y letrista de Vetusta Morla, que transforma las cuatro partes del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías en canciones. La pieza, bajo la dirección musical de Alonso Díaz, fue concebida para reunir a unos doscientos cantantes de tres formaciones corales junto con dos solistas procedentes de universos musicales aparentemente muy distintos, Miguel García Cantera, conocido artísticamente como Dandy Piranha, y la cantaora Ángeles Toledano.

García Cantera recibió las canciones prácticamente terminadas y trabajó individualmente su parte antes de ensayar con Alonso Carmona y Ángeles Toledano en Madrid. Después llegó el encuentro con los coros en el Centro Federico García Lorca, para el que llevaba meses preparándose buena parte de sus integrantes. “Estar como vocalista solista junto con Ángeles Toledano, con un coro de doscientas personas, fue una de las experiencias más emocionantes que he vivido yo en la música”, asegura.

Integrantes de los coros durante los ensayos de ‘Yo canto para luego’.
Agua de Lurdes

Pese a proceder del rock psicodélico andaluz, García Cantera no considera que esta propuesta lo haya llevado a un territorio completamente desconocido. Lorca, Enrique Morente y Granada forman parte de sus referencias habituales. La novedad reside en el carácter escénico y coral de la interpretación, alejado de los códigos de un concierto de rock. También le interesa especialmente la inversión que plantea el espectáculo. Lorca escribió su célebre elegía para despedirse del torero Ignacio Sánchez Mejías, amigo y mecenas de numerosos intelectuales de su tiempo. Ahora son las propias palabras del poeta las que se utilizan para llorar su muerte y la de otras víctimas de la represión. “Me parece maravilloso, me parece que cobra todo el sentido”, afirma el cantante.

Para Ángeles Toledano, acostumbrada a trabajar principalmente con voces femeninas tanto en su primer álbum, Sangre sucia (2024), como en sus conciertos, la experiencia ha supuesto la incorporación de nuevos matices sonoros. La cantaora destaca especialmente los timbres masculinos de los tres coros, cuya presencia contrasta con las elecciones artísticas de sus anteriores proyectos. Guille Galván, autor de las canciones, concedió a los solistas libertad para apropiarse de ellas. “Le he aportado mi capa flamenca”, explica Toledano, describiendo su intervención como una aportación más al universo musical creado por el compositor.

“Cada día de ensayo es un sentimiento diferente o me recuerda a personas diferentes”, reconoce la cantaora. Para ella, también se puede sentir duelo por las amistades que se distancian, los vínculos que terminan o las emociones que desaparecen. Hay unos versos que, sin embargo, la han acompañado especialmente, aquellos en los que Lorca describe la sangre de Ignacio Sánchez Mejías y escribe que no hay cáliz que la contenga ni golondrinas que se la beban. La imagen de estas últimas intentando beber la sangre del torero le resulta particularmente perturbadora. “Son unos versos que me están atravesando mucho”, confiesa.

Una ciudad que también aprende a despedirse

El réquiem continúa este sábado con la jornada dedicada al fuego, que incluye El Cant de la Sibil·la en La Madraza, una propuesta de Carmen Camacho y Rocío Márquez en el Corral del Carbón y, por la noche, Llanto & Réquiem en la Catedral de Granada. Esta última intervención reúne dos grandes obras sobre la pérdida, el poema de Lorca y el Réquiem de Mozart, con la participación de Alberto Cortés, la Orquesta Ciudad de Granada y distintas agrupaciones corales.

La clausura llegará el domingo al mediodía con una intervención que pretende convertir la propia ciudad en una experiencia coreográfica. Campanas por el Poeta, con coreografía de Cuqui Jerez en colaboración con Pirotecnia Vulcano y los campaneros de Granada y Albaida, desplegará humos de colores desde ocho azoteas repartidas por la ciudad. El tañido de las campanas dialogará con una grabación de Enrique Morente realizada en 1998 para el centenario del nacimiento de Lorca.

Campaneros de Granada durante los preparativos del ‘Réquiem por Lorca’.
Agua de Lurdes

Jerez explica que la idea surgió de los propios directores del réquiem, después de contemplar una chimenea humeante desde un punto elevado de Granada. Les interesó aquella imagen por su capacidad para convertir un elemento cotidiano en una experiencia casi meditativa. La coreógrafa, que ya había trabajado anteriormente con efectos pirotécnicos, encontró aquí un desafío particular. A diferencia de una representación convencional, no podía controlar la perspectiva de los espectadores ni trabajar con un escenario delimitado. También debía adaptarse a las posibilidades técnicas de los fuegos artificiales diurnos, mucho más limitadas que las de los nocturnos.

“El pensamiento coreográfico opera en cualquiera de las tres situaciones, ya sean cuerpos vivos, cuerpos inertes o cuerpos efímeros”, sostiene Jerez. En esta ocasión, en lugar de trabajar con intérpretes, ha tenido que ordenar espacial y temporalmente unas apariciones de humo que apenas durarán unos segundos antes de desvanecerse. Le interesa especialmente su capacidad para sugerir procesos de transformación, ascensión e incluso cremación, asociaciones estrechamente vinculadas con el imaginario del duelo.

La grabación de Enrique Morente ha supuesto también un descubrimiento para la coreógrafa, que reconoce no estar demasiado familiarizada con su obra. “Es como traer su cuerpo y su voz y su memoria”, reflexiona. Jerez espera que cada espectador establezca una relación distinta con la intervención, precisamente porque no habrá un único lugar desde el que contemplarla. Alguien podrá detenerse en un mirador; otra persona quizá descubra de improviso una columna de humo rosa mientras pasea por la ciudad. La propuesta aspira a transformar momentáneamente la percepción del espacio cotidiano sin imponer una experiencia uniforme a sus habitantes.

Y quizás ahí se encuentre una de las claves de Réquiem por Lorca. Noventa años después del asesinato del poeta, el proyecto no pretende resolver mediante el arte una injusticia histórica que continúa abierta. Los cuerpos de numerosas víctimas de la represión siguen sin aparecer, y ningún homenaje puede sustituir la reparación que reclaman sus familias. Pero durante cuatro días Granada se convierte en algo más que el escenario de aquella ausencia. Sus habitantes dejan de ser únicamente espectadores de una memoria heredada para participar en su transmisión.

Las voces se apagarán, las campanas dejarán de sonar y los humos se disiparán sobre los tejados. La ausencia seguirá ahí. Pero, al menos por unos días, Granada habrá encontrado una manera de compartirla.

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