Pradejón será uno de los doce municipios que competirán este verano en Grand Prix 2026, pero su historia no encaja en la imagen más repetida de La Rioja. Aquí no manda el tópico del viñedo ni la postal de bodegas entre colinas. En este pueblo riojano, la identidad se cultiva bajo tierra, entre humedad, compost, micelio, naves de producción y bodegas tradicionales donde el champiñón y las setas dejaron de ser solo un producto agrícola para convertirse en una forma de vida.
La participación en el concurso de RTVE permitirá que muchos espectadores descubran una localidad que ha construido buena parte de su economía y de su orgullo alrededor del mundo fungi. Pradejón no llega a Grand Prix 2026 como una rareza gastronómica menor, sino como uno de los grandes nombres españoles del champiñón cultivado. Una despensa inesperada dentro de una comunidad autónoma que suele proyectarse hacia fuera a través del vino, pero que también tiene en sus hongos uno de sus símbolos más reconocibles.
RTVE ha incluido a Pradejón entre los doce pueblos seleccionados para una edición que reunirá a localidades de distintas comunidades autónomas. El programa volverá a combinar pruebas físicas, humor familiar, rivalidad entre municipios y ese componente festivo que convierte cada aparición en una celebración colectiva. Para el municipio riojano, sin embargo, el foco televisivo llega con una historia previa muy clara: la de un pueblo que convirtió el champiñón en identidad local.
La Rioja que no solo mira al vino
Hablar de La Rioja suele conducir casi de inmediato al vino. La asociación es lógica, poderosa y universal. Pero Pradejón demuestra que la región tiene otras despensas menos conocidas y muy arraigadas en su territorio. En este municipio, situado en la Rioja Oriental, el cultivo del champiñón y las setas ha marcado durante décadas el trabajo de numerosas familias, la imagen del pueblo y hasta su manera de presentarse ante los visitantes.
El champiñón no es aquí un simple acompañamiento culinario. Forma parte del paisaje económico. Las instalaciones de cultivo, las bodegas, los productores, las rutas guiadas y las actividades de divulgación han generado una cultura propia alrededor de los hongos. Pradejón ha hecho del mundo fungi un relato turístico y comunitario, algo poco habitual en un país donde muchas localidades agrícolas todavía no han logrado transformar su producto principal en una experiencia reconocible.
Esa es precisamente la fuerza del municipio dentro de Grand Prix 2026. Frente a otros pueblos que competirán con castillos, playas, cascos históricos o leyendas medievales, Pradejón se presenta con una identidad distinta: la de un lugar donde la agricultura especializada ha acabado dando forma a una marca local.
El champiñón como motor económico y símbolo del pueblo

La historia reciente de Pradejón no puede entenderse sin el champiñón. El cultivo de hongos requiere unas condiciones muy concretas de temperatura, humedad, ventilación y control del proceso. Durante años, las bodegas y espacios subterráneos ofrecieron un entorno adecuado para ese trabajo. Con el tiempo, la actividad se profesionalizó, incorporó instalaciones modernas y consolidó al municipio como uno de los referentes nacionales del sector.
El proceso es mucho más complejo de lo que puede parecer desde una bandeja de supermercado. Antes de llegar al consumidor, el champiñón pasa por fases de preparación del sustrato, siembra del micelio, incubación, cobertura, crecimiento, selección y recolección. Cada parte requiere experiencia, precisión y una rutina diaria que ha pasado de generación en generación dentro de muchas familias de la localidad.
El verdadero patrimonio de Pradejón no está solo en lo que produce, sino en todo lo que sabe hacer. Ese conocimiento acumulado explica por qué el municipio ha logrado ocupar un lugar tan reconocible en la producción de champiñón y setas. También explica por qué su participación en el concurso puede funcionar tan bien como escaparate: detrás del equipo que compita en el plató habrá agricultores, empresas, trabajadores y vecinos vinculados a una actividad muy concreta.
En un momento en el que muchos pueblos buscan diferenciarse, Pradejón ya cuenta con un símbolo claro. El champiñón es producto, economía, cultura gastronómica y motivo de orgullo. No necesita inventarse una identidad para salir en televisión: la tiene desde hace décadas, aunque buena parte de España todavía no la conozca.
Fungiturismo: convertir los hongos en una experiencia
Uno de los elementos más singulares de Pradejón es el Fungiturismo, una propuesta que permite conocer el cultivo del champiñón y las setas desde dentro. La experiencia incluye contenidos divulgativos, visitas a cultivos tradicionales y modernos, explicación de las fases de producción y actividades pensadas para acercar al visitante a un mundo que normalmente permanece oculto.
La idea tiene una virtud evidente: transforma un sector productivo en una visita cultural y gastronómica. Pradejón ha convertido sus cultivos en una puerta de entrada al territorio, igual que otros lugares muestran bodegas, almazaras, queserías o salinas. En este caso, el visitante no recorre únicamente un espacio turístico, sino una parte viva de la economía local.
El Fungiturismo también sirve para combatir una cierta invisibilidad. Mucha gente consume champiñón, pero pocos conocen cómo se cultiva, qué condiciones necesita o qué trabajo hay detrás de cada cosecha. Pradejón ha sabido convertir esa pregunta en un atractivo propio y en una forma de explicar el municipio desde su producto más característico.
Grand Prix 2026 pone bajo los focos una identidad muy reconocible

La llegada de Pradejón a Grand Prix 2026 tendrá un componente festivo, pero también una oportunidad de relato. Como ocurre con cada pueblo participante, el programa mostrará a sus vecinos compitiendo en pruebas físicas, animando desde las gradas y defendiendo sus colores frente a otro municipio. Esa parte forma parte del encanto del formato.
Pero el valor añadido de Pradejón está en lo que el espectador puede descubrir antes y después de la competición. La televisión puede convertir el champiñón riojano en una historia popular, comprensible para cualquier audiencia y suficientemente distinta como para destacar dentro de una edición con doce pueblos muy diversos.
En el plató estarán los juegos, los nervios y la rivalidad. Fuera de él, quedará una localidad que ha crecido alrededor de los hongos cultivados y que ha logrado convertir un producto agrícola en seña de identidad. En una comunidad famosa por el vino, Pradejón recuerda que La Rioja también se explica desde otras mesas, otros oficios y otros paisajes productivos.
Grand Prix 2026 permitirá que Pradejón salte a la televisión nacional con una carta de presentación difícil de confundir. Puede ganar o perder en la competición, pero ya llega al programa con una ventaja narrativa evidente: es el pueblo del champiñón, la despensa inesperada de La Rioja y uno de esos lugares donde un producto cotidiano esconde una historia mucho más grande de lo que parece.

