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Carla Souto: “No busco responder a la urgencia de la tendencia”

Tras la pandemia, la artista y escultora gallega empezó se lanzó al mundo del diseñado de joyas, con la marca homónima con la que ha dado forma a su último proyecto, ‘Casa Souto’. Hablamos con ella tras su presentación en Madrid

Con formación en Bellas Artes y Escultura, la marca homónima de Carla Souto (A Coruña, 1994) representa la culminación de su práctica artística, pero también de un universo propio que refleja su background en fotografía, textil, vídeo y performance. Más allá de producir una joyería al uso, esta palabra se descontextualiza para llevarnos en un viaje por lugares, personas y sentimientos que emergen de los diseños de Souto. Viajados, como ella, por paisajes Atlánticos y con una luz que refleja los detalles que, en otras ocasiones, son imperceptibles en piezas como accesorios. Así, surgen pulseras, anillos y pendientes, pero también cinturones y colgantes que son una extensión más de la indumentaria y que reflejan una historia en sí misma.

Tras presentar su colección Casa Souto en una serie itinerante de experiencias en su A Coruña natal y Madrid (por el momento), donde sus joyas conviven con la memoria y el deseo de su propio “hogar imaginario” construido (literalmente) por ella, hablamos con ella sobre inspiración, rutinas, su próximo proyecto en Miami y algún otro soñado.

La idea detrás de Casa Souto se describe como una mezcla de “memoria, deseo y joyería”, además de poseer la personalidad un hogar imaginado; una casa en miniatura construida por ti. ¿De dónde vino la inspiración para este proyecto?

Desde el inicio del proyecto sentí la necesidad de jugar con la escala como una forma de ampliar las posibilidades narrativas de cada colección. Las joyas, por su propia naturaleza, habitan una dimensión íntima; su tamaño exige una mirada cercana. Por ello, comencé a crear escenarios en los que pudieran existir a otra escala, ocupando el espacio con mayor presencia y permitiendo que su lenguaje se desplegara con más fuerza.

Estos universos no solo otorgaban protagonismo a las piezas, sino que también me permitían expandir el imaginario de la marca, construir contextos, atmósferas y relatos que dialogaran con ellas. Así que la idea de crear una casa completa surgió de manera natural como una extensión de esta búsqueda: el deseo de llevar esa práctica, desarrollada a lo largo de varios años, a su máxima expresión. Una casa entendida como un escenario vivo, un lugar donde los objetos, las joyas y las emociones pudieran convivir y contar una historia común.

“La artesanía exige un ritmo humano, una dedicación pausada a cada etapa del proceso que difícilmente puede acelerarse [sin alterar su esencia]”

A menudo, para describir tu trabajo, se habla de narrativas emocionales. Tus diseños son una extensión del cuerpo, la memoria, el paisaje, la arqueología y las emociones como símbolos. ¿Cómo trabajas cada una de las piezas y qué importancia le das al tiempo en cada colección?

El tiempo es uno de los materiales fundamentales de mi trabajo. La artesanía exige un ritmo humano, una dedicación pausada a cada etapa del proceso que difícilmente puede acelerarse sin alterar su esencia… Cada joya tiene sus propias necesidades y requiere atención, cariño y escucha.Todas las piezas nacen de una cierta poética; son modeladas a mano a través del gesto, conservando la marca de la huella. Como pequeñas esculturas vestibles, presentan formas sinuosas y narrativas abiertas, que invitan a ser descubiertas con el tiempo. No solo requieren horas de trabajo para ser creadas, sino también tiempo por parte de quien las lleva: para comprenderlas, habitarlas y permitir que se adapten al cuerpo y a la propia historia personal.

Mi práctica se desarrolla a través de colecciones que parten de una idea común, un hilo conductor que articula el conjunto. Sin embargo, cada pieza posee también una identidad propia, una intención y una narrativa que dialoga con el universo de la colección mientras encuentra su propia voz.

En tu presskit se describe tu marca como una “escultura vestible”. ¿Qué parte disciplinar aporta tu formación y práctica artística a la hora de diseñar y conceptualizar tus colecciones? 

Mi formación tiene sus raíces en las Bellas Artes. Durante mis estudios decidí especializarme en escultura porque comprendí que necesitaba profundizar en mi entendimiento de la tridimensionalidad y de la relación entre el cuerpo, el espacio y la materia. Fue a través de esa práctica donde aprendí a pensar en términos de volumen y donde el modelado se convirtió, poco a poco, en un lenguaje propio. Con el tiempo, esa manera de trabajar se volvió intuitiva. Hoy en día, rara vez comienzo una pieza a partir de un dibujo; mis bocetos suelen nacer directamente en tres dimensiones, como si la idea necesitara ocupar un espacio físico antes de poder ser comprendida por completo.

“Cuando lo esencial se ve amenazado, el arte suele convertirse en una de las últimas cosas que está permitido consumir o disfrutar”

Mi práctica dentro del arte contemporáneo también influye profundamente en la forma en que conceptualizo cada colección; me interesa observar la naturaleza no solo como paisaje, sino como un territorio vivo donde convergen fuerzas poéticas, sociales y políticas. También me atrae enormemente aquello que sucede a ras de suelo: los procesos invisibles, las transformaciones lentas, las tensiones y vínculos que conectan los cuerpos con el entorno. Muchas de mis piezas nacen precisamente de esa observación, de la voluntad de traducir esos fenómenos en formas que puedan ser habitadas y llevadas sobre el cuerpo.

Fotografía: Lucía Castro

¿Qué significa la joyería para ti y por qué decidiste dedicarte a esta disciplina?

Como les ocurrió a muchas personas durante la pandemia, aquel periodo me llevó a reflexionar profundamente sobre el lugar que ocupa el arte en momentos de crisis social y sanitaria. Comprendí que, cuando lo esencial se ve amenazado, el arte suele convertirse en una de las últimas cosas que las personas pueden permitirse consumir o disfrutar. Esto me impulsó a buscar nuevas formas de expandir mi práctica artística. Fue entonces cuando decidí estudiar joyería como una prolongación natural de mi formación en escultura. En ese momento ya tenía cierta experiencia vinculada al mundo de la moda y me atraía el territorio liminar que habita la joyería: un espacio de encuentro entre el arte, el diseño y el cuerpo. Un lenguaje híbrido que no pertenece por completo a ninguna de estas disciplinas y, precisamente por ello, posee una enorme capacidad de conexión.

Fotografía: Lucía Castro

Con el tiempo además descubrí que la joyería establece un vínculo singular con quien la adquiere y la lleva. A diferencia de otras formas artísticas, acompaña la vida cotidiana, acumula recuerdos y se convierte en testigo silencioso de experiencias personales. Me interesa esa dimensión afectiva, la capacidad que tiene una pieza de transformarse en un objeto cargado de significado. Quizá sea por su cercanía constante al cuerpo, por ese contacto directo con la piel, que las joyas logran integrarse de una manera tan íntima en nuestras historias.

En este proyecto particular has trabajado con Jaime Venegas para documentar el proceso de Casa Souto. ¿Cómo se fraguó esta unión?

Conocí el trabajo de Jaime Venegas gracias a Verónica Alonso [su PR y persona de comunicación], quien me lo recomendó para este proyecto. Desde el primer momento sentí que existía una afinidad natural entre nuestras maneras de entender la imagen y la narrativa visual. Su trabajo posee una gran elegancia y una sensibilidad especial para observar los detalles, encontrar el ritmo de las cosas y construir atmósferas con gran sutileza. Estoy muy feliz con el resultado final del vídeo, que recoge con delicadeza el universo, la sensibilidad y la intención que queríamos transmitir.

También en Casa Souto hablas mucho de la importancia de los rituales. ¿Qué rituales personales tienes?

Mis rituales suelen desarrollarse al final del día, cuando el ritmo cotidiano comienza a desacelerarse y aparece un espacio para el descanso y el cuidado personal. Son pequeños gestos que me ayudan a marcar la transición entre la actividad y la calma. Por ejemplo, intento alejarme de las pantallas a cierta hora para recuperar una atención más serena. La lectura suele acompañar ese momento, junto con algunos hábitos sencillos de autocuidado: la hidratación corporal, el masaje facial con guasha y el aroma suave de la lavanda difundido en el espacio…Son prácticas que me permiten reconectar con el cuerpo y crear una atmósfera de tranquilidad antes de dormir. 

Me interesa la idea de que el bienestar también se construye a través de estos gestos cotidianos, discretos pero significativos, que nos invitan a habitar el tiempo con más lentitud y presencia.

Trabajas de forma artesanal y en pequeña escala. ¿Cómo has encontrado el equilibrio para darle cabida en la vorágine de la demanda actual en el mundo digital y el calendario de las tendencias?

En algún momento comprendí que intentar competir con el ritmo de las grandes marcas, los grandes equipos y los ciclos acelerados de consumo no tenía sentido para una práctica como la mía. Aceptar esa realidad fue liberador. Cuando dejas de medir tu trabajo con parámetros ajenos y comienzas a actuar en coherencia con lo que verdaderamente es tu marca, su escala y su tiempo, todo encuentra una mayor armonía. Además, las tendencias se suceden con una velocidad vertiginosa. Mi trabajo, sin embargo, nace desde otro lugar; creo joyas con la vocación de acompañar una vida entera y, ojalá, de ser transmitidas de una generación a otra. Me interesa que las piezas acumulen memoria, afectos e historias, y que su valor crezca con el tiempo en lugar de agotarse en él. Por eso intento construir un lenguaje propio, honesto y auténtico. 

No busco responder a la urgencia de la tendencia, sino a aquello que permanece. Confío en que la identidad, la artesanía y la sensibilidad tienen una capacidad singular para resistir el paso de las modas y encontrar un lugar más duradero en la vida de las personas.

Fotografía: Lucía Castro

Paralelamente, en la colección Love Can Take Any Forms trabajas solo bajo pedido y con unos materiales muy precisos. ¿Cómo definirías tu contacto hasta la fecha en ese universo nupcial?

Uno de los aspectos que más disfruto de mi práctica es la dimensión colaborativa que surge al crear piezas a medida. Cada encargo se convierte en un diálogo, en un proceso compartido en el que la joya comienza a tomar forma a partir de la historia, los recuerdos y la sensibilidad de la persona que la va a llevar. De esa conversación nace una pieza única, personal y vinculada a una experiencia concreta. La joya se convierte así en un lugar de memoria, afecto y significado.

En este tipo de procesos existe además una comprensión natural del valor del tiempo. Los coleccionistas que participan en ellos entienden que una pieza de estas características no surge de la urgencia ni de la inmediatez, sino de la dedicación, la reflexión y el cuidado. Cada etapa (desde la primera toma de contacto hasta el diseño y la producción) necesita su propio ritmo; es precisamente este ritmo lo que aporta profundidad al proceso y termina formando parte de la propia joya.

Has residido en Oporto, Lisboa y Brasil, pero eres de La Coruña, donde también pasas mucho tiempo. ¿Qué te inspira de la ciudad y cuáles tus imprescindibles allí?

Aunque vivo en Madrid, regreso con frecuencia a A Coruña, una ciudad con la que mantengo un vínculo muy especial. Es un lugar al que siempre me gusta volver porque, de algún modo, está siempre en constante evolución. Cada visita me permite descubrir una ciudad más viva, más contemporánea, sin perder aquello que la hace única. Hay algo reconfortante en su ritmo, en la cercanía del mar, en la calidad de su gastronomía y, también, en ese cielo gris tan característico que muchas veces envuelve la ciudad. Lejos de percibirlo como algo melancólico, siempre me ha parecido sereno y apaciguador, una especie de telón de fondo que invita a observar las cosas con más calma.

Para mí, un día perfecto en A Coruña comenzaría con una visita a alguna exposición. Me encanta visitar el Museo Arqueológico e Histórico del Castillo de San Antón. En los últimos meses también he disfrutado especialmente de la exposición dedicada a René Lalique en la Fundación Barrié, que ya he visitado en tres ocasiones y no serán las últimas.Después, un pincho de tortilla en O Cabo, un paseo por el paseo marítimo mientras cae la tarde y la luz se transforma. Y para terminar el día, unos vinos compartidos con amigos. Nada especialmente sofisticado. Son esos momentos sencillos los que permanecen en la memoria.

Has trabajado con Fondo Supper Club o la Casa de Muñecas Monforte de Lemos, ¿cuál sigue siendo tu colaboración soñada?

A principios de julio presentaré una colección creada en colaboración con la Galerie Estrada de Miami, compuesta por siete piezas únicas. Se trata de un proyecto especialmente significativo para mí, al que he dedicado gran parte de mi tiempo y energía durante los últimos seis meses. Ha sido un proceso de investigación, diseño y producción muy intenso. La colección se inspira en Sueño de una noche de verano de Shakespeare y en las formas orgánicas del Art Nouveau. El resultado es un conjunto de piezas que habitan un territorio poético, entre lo vegetal, lo onírico y lo escultórico.

En cuanto a otros proyectos soñados, siempre me ha fascinado la idea de desarrollar un universo escénico completo para una ópera o una producción teatral, diseñando no sólo la joyería, sino también el vestuario y la escenografía. Me atrae profundamente la posibilidad de construir mundos habitables a través de los objetos y los espacios. Otro sueño sería llevar Casa Souto a una escala real y convertir aquella casa de muñecas que acompaña el imaginario de la marca en una experiencia arquitectónica que pudiera recorrerse físicamente…

Por último, me encantaría desarrollar un proyecto a largo plazo junto a un paisajista o arquitecto, diseñando un jardín durante varios años mientras, en paralelo, nace una colección de joyería inspirada en sus ciclos, transformaciones y procesos de crecimiento. Me interesa la idea de que tanto un jardín como una colección puedan evolucionar juntos, compartiendo el mismo tiempo lento y la misma relación con la materia viva.

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