Su mirada tiene raíces. Galicia, su familia y los recuerdos de su madre y su abuela preparándose con mimo para las ocasiones especiales forman parte de una sensibilidad que hoy sigue presente en su forma de entender la moda.
Ahora, en plena transición hacia la maternidad, Cristina Cerqueiras habla con honestidad de vulnerabilidad, límites, intuición y calma: de todo aquello que ha aprendido al exponerse, emprender y, sobre todo, escucharse. Charlamos con ella.
¿Cómo recibiste la noticia sobre tu maternidad? ¿Qué estas aprendiendo sobre ti en este proceso tan especial?
Al principio fue un shock, porque tuve la suerte de quedarme embarazada muy rápido y, en mi cabeza, iba a ser un proceso mucho más lento. De repente aparecieron mil dudas, miedos y esa necesidad de querer tenerlo todo bajo control. Pero con el paso del tiempo he ido soltando, fluyendo más, y entendiendo que no hay nada como la propia intuición. No me gustan los consejos no pedidos ni que me digan lo que debo o no hacer. Prefiero escuchar mi cuerpo y mis sentimientos. Y desde que he empezado a vivir la maternidad así, sin miedo, es cuando más feliz me siento y más segura estoy de mí misma.
Galicia, tu origen, tiene una sensibilidad muy particular. ¿Qué recuerdos personales asocias a la moda en tu infancia?
En mi infancia recuerdo que tanto mi madre como mi abuela le daban muchísimo valor a la moda, sobre todo cuando había un evento especial, como una boda. Se preparaban con meses de antelación, cuidando cada detalle. Y eso siempre me ha marcado, porque, aunque la casa de mi abuela era muy humilde, hacían el esfuerzo de apostar por buenos tejidos, buenos patrones y dejarse guiar por profesionales. Era algo importante, algo que se respetaba. Y yo lo fui mamando desde muy pequeña. Galicia es cuna de la moda, y eso se nota. Sobre todo en esa manera de entender los momentos especiales: con cuidado, con gusto y con una sensibilidad muy particular.

En un momento en el que las tendencias cambian cada día, tu estilo transmite coherencia. ¿Cómo construiste esa identidad estética tan reconocible?
Sigo las tendencias, pero tengo muy claro cuál es mi estilo y cómo es mi cuerpo. Por eso, solo incorporo aquellas con las que realmente me siento cómoda y favorecida. También me visto mucho según cómo me sienta ese día; para mí, la ropa es una forma de acompañarme, no de imponerme nada. Y hay algo que para mí es fundamental: la seguridad. En este terreno confío mucho en mi criterio. Si algo me gusta de verdad, el resto pasa a un segundo plano.
¿En qué momento te has sentido más vulnerable compartiendo tu vida en redes?
Justo ahora, con el embarazo. Es una etapa en la que estás más sensible a nivel hormonal y, de repente, parece que todo el mundo se siente con derecho a opinar o juzgar… cuando debería ser justo al revés: un momento para respetar, acompañar y ser empáticas entre nosotras. Es algo que me ha sorprendido mucho. No esperaba ese nivel de exposición ni de juicio en una etapa tan delicada. Pero también he aprendido a poner límites. He bloqueado a mucha gente, sin problema, porque al final mi Instagram es mi casa. Y en mi casa, las normas las pongo yo.
¿Ha habido momentos concretos de dudas o vértigo en ese camino de creadora a empresaria que te haya marcado especialmente?
La verdad es que cuando tengo una idea, creo firmemente en ella y voy con todo, sin miedo y siendo muy fiel a lo que quiero. Claro que hay vértigo, pero lo haces igualmente. Forma parte del proceso. Si algo he aprendido en este camino es a cerrar etapas. Antes tenía mucho apego a todo, y con el tiempo he entendido que los negocios son negocios. Cuando algo empieza a darte más dolores de cabeza que ilusión, hay que saber ponerle fin y abrir otra etapa que realmente te motive.

En tu armario, ¿hay alguna prenda con valor emocional que nunca desharías? ¿Qué representa para ti?
Hay varias piezas, pero sin duda mis vestidos de novia ocupan un lugar muy especial. Para mí tienen un valor incalculable, no solo por lo que son, sino por todo lo que representan. Aun así, si tengo que elegir, me quedo con los complementos. Son piezas que he ido construyendo poco a poco, algunas fruto de mucho esfuerzo y otras regalos en momentos muy especiales de mi marido. Al final, más allá de lo material, lo que realmente me emociona es la historia que hay detrás de cada uno.
¿Cómo proteges tu intimidad y qué cosas has decidido mantener solo para ti?
Igual suena raro, pero yo no me siento expuesta. Comparto solo lo que quiero, y luego tengo una vida muy tranquila, muy de verdad. He aprendido a separar mucho esas dos partes. Las redes son una parte de mí, pero no lo son todo. Y creo que ahí está la clave: en saber hasta dónde quieres enseñar y en cuidar mucho lo que decides quedarte solo para ti.
¿Qué te conecta contigo misma cuando necesitas parar y desconectar del ritmo digital?
Un simple paseo por la playa con mis perros, una comida con mi familia o un café con una amiga. También sentarme en el jardín con un buen libro. Son planes muy sencillos, pero son los que realmente me reconectan. De hecho, desde hace un año, todos los viernes por la tarde me los reservo como día libre sin redes. Y ese pequeño parón me viene de perlas.
Si pudieses hablar con la Cristina que empezaba, ¿qué le dirías?
Le diría que confíe más en sí misma, que no se adelante a los problemas ni intente tener todo bajo control. Que no se exija tanto y que aprenda a disfrutar del proceso, incluso cuando las cosas no salen como esperaba. Que escuche más su intuición y menos el ruido de fuera. Y, sobre todo, que nunca dude de algo importante: que se merece, y mucho, ser feliz.
