Las mujeres son mayoría entre quienes podrán votar el próximo 4 de octubre y, en una carrera presidencial muy ajustada entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, su decisión en las urnas es crucial. Pero detrás de esa batalla electoral hay cuestiones que van desde el precio de los alimentos hasta la violencia machista, la religión o las políticas de cuidados.
Brasil cuenta con más de 158 millones de personas habilitadas para participar en las elecciones de 2026. De ellas, cerca de 83,9 millones son mujeres, el 52,84% del censo, según los datos publicados por el Tribunal Superior Electoral (TSE).
Ese peso explica que ambos principales candidatos hayan intensificado sus mensajes dirigidos al electorado femenino. Los últimos sondeos muestran una competición estrecha en el conjunto del país. La encuesta AtlasIntel/Bloomberg sitúa a Lula con un 45,3% y a Flávio Bolsonaro con un 42,2% en primera vuelta. En una eventual segunda vuelta, la diferencia entre ambos queda dentro del margen de error.

Una mayoría electoral que sigue infrarrepresentada
El protagonismo de las brasileñas en las urnas contrasta con su presencia en las instituciones. Aunque constituyen más de la mitad del electorado, las mujeres ocupan actualmente alrededor del 18% de los escaños de la Cámara de Diputados, según la propia institución.
La distancia entre representación electoral y política convive con problemas que han ganado espacio durante la campaña. Uno de los principales es la violencia contra las mujeres. Brasil registró 1.568 feminicidios en 2025, la cifra más elevada desde que este delito fue tipificado en el país en 2015, de acuerdo con el Fórum Brasileiro de Segurança Pública.

Lula ha tratado de incorporar esta preocupación a sus últimos actos. Este martes, durante un mitin en Fortaleza, volvió a dirigirse específicamente a las mujeres y prometió reforzar la lucha contra los feminicidios.
Pero la seguridad no es la única preocupación. La economía doméstica también pesa. El coste de la alimentación y el endeudamiento de las familias han entrado de lleno en la campaña, al igual que las apuestas por internet. Lula ha endurecido su discurso contra las llamadas bets, mientras que el impacto de estas plataformas sobre las economías familiares se ha convertido en otro argumento para intentar movilizar a las electoras.

La batalla por reducir la brecha
El voto femenino tampoco constituye un bloque uniforme. La religión, la renta o la situación familiar dibujan diferencias importantes. Un reciente Datafolha, por ejemplo, situaba a Flávio Bolsonaro con el 46% entre las mujeres evangélicas, frente al 26% de Lula. Entre las mujeres que son cabeza de familia, otro análisis del mismo instituto registraba un 47% declaraba su intención de votar a Lula y un 27% a Bolsonaro.
Flávio Bolsonaro también ha tenido que afrontar durante la campaña episodios que amenazaban con dificultar su aproximación a este electorado. En junio, el comunicador bolsonarista Paulo Figueiredo afirmó que las mujeres votaban “muy mal”, especialmente las solteras, unas declaraciones que el candidato del PL terminó repudiando públicamente. Bolsonaro aseguró entonces que Figueiredo no formaba parte de su campaña y reconoció que necesitaba mejorar su comunicación con las electoras.
Los movimientos en este segmento siguen, además, hasta los últimos días. Un sondeo de Quaest publicado el 28 de septiembre situó a Lula en el 40% entre las mujeres frente al 29% de Flávio Bolsonaro en primera vuelta. En una hipotética segunda vuelta, registró un 46% para Lula y un 37% para Bolsonaro entre las electoras.

