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Iberoamérica abraza a la ultraderecha

Abelardo de la Espriella, que ha jurado es el último presidente que ha cambiado de color el mapa político del continente americano

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El mapa político de Iberoamérica
KiloyCuarto

El tablero político de América Latina atraviesa una profunda y acelerada transformación. Una nueva generación de dirigentes de derecha ha irrumpido con fuerza logrando desplazar no solo a los bloques progresistas y de izquierda que los antecedieron, sino también a las estructuras partidarias tradicionales del conservadurismo clásico. Aunque exhiben perfiles disímiles y estilos heterogéneos, estos actores coinciden en una fórmula estratégica común para la conquista del poder y en un ideario político marcadamente afín que redefine la correlación de fuerzas en la región.

Cualquier aproximación analítica a este fenómeno debe situar al presidente Donald Trump como el arquetipo central y principal referente ideológico global de esta corriente. Su liderazgo trasciende la política convencional para instalarse plenamente en el terreno de lo performativo, donde dominar la agenda mediática y forzar la reacción de los adversarios importa mucho más que la precisión fáctica o el decoro institucional. Bajo su estela, diversos líderes latinoamericanos han adaptado estas tácticas a sus particularidades nacionales, operando desde el conflicto permanente como estrategia política.

Las caras del bloque conservador

En Brasil, Jair Bolsonaro inauguró esta ola con una impronta de fuerte raigambre castrense, caracterizada por la espontaneidad discursiva y el rechazo frontal a las élites intelectuales tradicionales. Por su parte, Nayib Bukele redefinió completamente el poder en El Salvador mediante una mezcla de comunicación digital avanzada, estética juvenil y una política de seguridad de mano dura que le ha conferido niveles inéditos de popularidad continental, aunque bajo un constante escrutinio internacional debido a la concentración de poderes y el menoscabo de los contrapesos institucionales.

Foto de archivo facilitada por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, hablando durante una emisión en una cadena de televisión nacional en San Salvador.
EFE/El Salvador Presidential House

En el Cono Sur, Javier Milei aporta la vertiente doctrinal más radical del grupo. Economista de formación y fervoroso defensor de las corrientes liberales austríacas, ha convertido la crítica visceral al Estado y la batalla cultural contra el estatismo en el núcleo de su gestión, combinando un severo ajuste fiscal con una personalidad histriónica y disruptiva. En la vereda de enfrente por estilo, aunque dentro del mismo espectro, José Antonio Kast en Chile representa un conservadurismo más sobrio y tradicional, anclado en valores religiosos y en la promesa estricta del orden público, lidiando al mismo tiempo con los desafíos de la eficacia gubernamental. Daniel Noboa, en Ecuador, prioriza un perfil ejecutivo de tinte gerencial para afrontar una crisis de seguridad aguda mediante la militarización y una aproximación pragmática al aparato estatal.

La reciente llegada al poder de Abelardo de la Espriella en Colombia, quien ha jurado su cargo este mismo viernes, encarna un estilo marcadamente efectista, fundamentado en una retórica de confrontación directa contra la izquierda y una cuidada construcción de marca personal orientada al espectáculo de masas.

Finalmente, la elección de Keiko Fujimori confirma esta tendencia. Tras múltiples intentos de alcanzar la presidencia, no ha sido hasta ahora que la derecha ha logrado ilusionar por fin a los peruanos y ha conseguido instalarse en Casa Pizarro.

El presidente argentino, Javier Milei.
EFE

El combustible del descontento

El éxito electoral de esta corriente no responde únicamente a virtudes de marketing político, sino al gran desgaste de las opciones precedentes. La ciudadanía, golpeada por crisis económicas recurrentes, la frustración social y niveles alarmantes de criminalidad urbana vinculada a las nuevas economías criminales, ha volcado su respaldo hacia discursos antisistema que prometen soluciones inmediatas. Frente a la promesa reformista tradicional —con plazos prolongados y ‘resultados’ graduales—, estas derechas contraponen la inmediatez del castigo, la autoridad inflexible y el desmantelamiento de aquello que denominan la “casta” o el establishment.

La polarización se erige así en su principal activo. En este esquema, el adversario político deja de ser un competidor legítimo dentro del sistema democrático para transformarse en un enemigo nefasto al que es necesario neutralizar simbólica o discursivamente. Asimismo, esta nueva derecha ha desplazado el eje tradicional de la confrontación socioeconómica hacia la pugna cultural. Los valores asociados al progresismo contemporáneo, las políticas de género y la corrección política son combatidos abiertamente bajo la premisa de defender las tradiciones occidentales y la libertad individual frente al intervencionismo estatal.

Fotografía cedida por la Presidencia de Chile que muestra a su mandatario, José Antonio Kast (i), saludando al presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, durante una reunión bilateral este viernes, en Cali (Colombia). EFE/ Presidencia de Chile /SOLO USO EDITORIAL/ NO VENTAS/ SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)
El mandatario chileno, José Antonio Kast, saluda al presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella
Efe

Con este avance, el mapa geopolítico americano muestra un claro predominio numérico de administraciones alineadas con este espectro ideológico. La consolidación de estos gobiernos plantea interrogantes fundamentales sobre la resiliencia democrática de la región. Si bien la mayoría ha accedido al poder a través de mecanismos electorales legítimos, su tendencia a tensionar las instituciones, debilitar los órganos de control y operar al margen de los consensos tradicionales abre un debate ineludible sobre el porvenir político del continente. El desafío definitivo para estas administraciones radicará en demostrar que su capacidad de transformación trasciende el rédito coyuntural del descontento y es capaz de edificar estabilidad institucional y prosperidad material a largo plazo.

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