Elecciones en Colombia

La ultraderecha redibuja el mapa político mundial y borra el conservadurismo tradicional

Las elecciones en Colombia y la victoria del ultra De La Espriella confirma la tendencia política a nivel mundial: la ultraderecha absorbe los votos de la derecha tradicional y consolida las recetas de izquierda

Extrema derecha
Abelardo, Farage, Le Pen, Meloni y Kast
KiloyCuarto

Colombia tendrá que volver a las urnas. Lo hará el próximo domingo 21 de junio para que los más de 40 millones de colombianos llamados a votar decidan entre sólo dos recetas: la izquierda oficialista de Iván Cepeda, sucesor del hasta ahora presidente Gustavo Petro; o la ultraderecha que ha ganado la primera vuelta de la mano de Abelardo De La Espriella.

Sin embargo, más allá de una Colombia demasiado polarizada, si algo han dejado claro estas elecciones es el borrado del mapa de la derecha tradicional. Colombia ha dejado caer a Paloma Valencia, única candidata a la presidencia y representante del conservadurismo más centrista.

Lo de Colombia, sin embargo, no es un hecho aislado. La victoria de De La Espriella, que le sitúa además como favorito en la segunda vuelta, es el mismo fenómeno que se ha repetido en la última década en decenas de países de todo el mundo. El ascenso fulminante de partidos ultraderechistas que reclaman mano dura ha provocado, paradójicamente, una consolidación de la izquierda que, aunque en la oposición, se mantiene en el arco parlamentario.

Los grandes perdedores de la irrupción de este tipo de partidos es la derecha tradicional, que ve cómo sus vecinos les adelantan por la derecha con discursos más radicales, más sensacionalistas y, sobre todo, más novedosos. La ultraderecha, que todavía no ha llegado al poder en muchos países y en otros lo acaba de estrenar, llega con la hoja de ruta intacta. Sin corrupción conocida, con líderes que en muchos casos son caras nuevas, y prometiendo soluciones sencillas a problemas demasiado complicados.

Llama la atención que paradójicamente esto beneficie a los partidos de izquierda, que acumulan el mismo desgaste que la derecha tradicional, pero que ante una amenaza se ven obligados a reaccionar. La izquierda, que no ha cambiado su mensaje ni tampoco ha atraído a nuevos votantes, crece porque la ultraderecha la alimenta. En este sentido, algunos expertos apuntan a que el miedo mueve más que la esperanza y eso hace que buena parte del electorado se reagrupe en fuerzas progresistas por descarte más que por convicción.

AME2017. CALI (COLOMBIA), 14/05/2026.- El candidato a la Presidencia de Colombia Abelardo de la Espriella reacciona durante un mitin de campaña este jueves, en Cali (Colombia). EFE/ Ernesto Guzmán
Abelardo de la Espriella durante un mitin de campaña en Colombia
EFE

América del Sur se tiñe de azul

El cambio de tendencia no es patrimonio exclusivo de Bogotá. Hace ya tiempo que los electorados de todo el mundo optan por recetas más radicales ante los problemas que el sistema tradicional de partidos no ha sabido resolver. Hace menos de un año, en Chile ocurrió algo parecido. El país que fue durante décadas referencia de estabilidad política en la región se sumó a esta tendencia llevando a Kast a la presidencia.

Su agenda, muy parecida a la de De La Espriella en Colombia o la de Milei en Argentina, prometía mano dura, seguridad y control migratorio, y conectó con un electorado cansado, golpeado por la inseguridad y decepcionado con los resultados de los gobiernos anteriores.

Los ejecutivos de América del Sur reflejan cada vez con más claridad esta transformación. El mapa se tiñe de azul: donde hace una década predominaban los gobiernos de izquierdas (en muchos casos herederos del llamado “giro progresista”) hoy emergen coaliciones conservadoras que prometen orden, autoridad y recetas liberales.

Washington (United States), 27/05/2026.- US President Donald Trump looks on during a Cabinet meeting in the Cabinet Room of the White House in Washington, DC, USA, 27 May 2026. Trump held the meeting with members of his Cabinet amid ongoing US-Iran negotiations. EFE/EPA/SAMUEL CORUM / POOL
Donald Trump observa durante una reunión de gabinete en la Sala del Gabinete de la Casa Blanca
EFE/EPA/SAMUEL CORUM / POOL

La ultraderecha en Europa

Pero no solo ocurre a esa orilla del Atlántico. Giros radicales como los de Giorgia Meloni en Italia lo confirman. Y en los países donde la ultraderecha aún no ha llegado al gobierno, está muy cerca. A Marine Le Pen se le atribuye haber logrado “desdemonizar” a la extrema derecha en Francia. La dirigente de Reagrupamiento Nacional lidera hoy la mayoría de las encuestas de cara a las presidenciales de 2027, y el caso judicial que la sentó en el banquillo —el uso indebido de fondos del Parlamento Europeo— apenas ha dañado a su partido, que se mantiene como favorito en un país harto de la inestabilidad de los últimos años.

También en Reino Unido la extrema derecha ha ido poco a poco consolidando su peso. ‘Reform UK’ fue la gran vencedora de las últimas elecciones municipales celebradas el 7 de mayo. Los resultados no sólo demostraron como el partido gana cada vez más peso en Inglaterra, sino que puso un jaque un sistema bipartidista parecido al que tenemos en España. Su líder, Farage, inició su andadura política afiliado a los conservadores, partido que abandonó precisamente por su euroescepticismo. En el año 2014 su formación se convirtió en la más votada de todo el país y se consagró como uno de los grandes referentes de la ultraderecha británica.

AME2012. CALI (COLOMBIA), 14/05/2026.- El candidato a la Presidencia de Colombia Abelardo de la Espriella reacciona durante un mitin de campaña este jueves, en Cali (Colombia). EFE/ Ernesto Guzmán
El candidato Abelardo de la Espriella reacciona durante un mitin de campaña
EFE

“Sin complejos”

Todos estos líderes han conseguido algo parecido. Sus partidos, en otro tiempo marginales y aparentemente condenados al ostracismo mediático, han logrado lavar su imagen y enarbolar un discurso lleno de medidas impopulares que ahora presumen de ejercer “sin complejos”.

La irrupción de las redes sociales también ha jugado un papel fundamental. Ahora, los medios de comunicación no son imprescindibles. Los políticos pueden trasladar su mensaje de forma quirúrgica al electorado que los interese a través del algoritmo de Instagram y Tiktok. Y el papel de los periodistas, que preguntan y repreguntan a veces por cuestiones incómodas, es fácilmente evitable.

En un momento en el que los medios de comunicación cada vez se leen, escuchan y ven menos, las redes sociales cumplen esa función y se convierten en el ascensor perfecto para elevar los mensajes que, sin ningún filtro, llegan de los candidatos al electorado que desde hace años busca soluciones.