La primera ministra había construido un Gobierno bajo la imagen de la estabilidad, un rasgo que puede ser casi normal y esperable en otros países, pero que en la política italiana es un patrimonio atípico. Tres años y medio de idilio de Giorgia Meloni con sus votantes que se ha visto roto tras la derrota en un referéndum constitucional con una participación histórica y donde los jóvenes italianos e italianas han marcado la diferencia. Si la coalición de extrema derecha resiste hasta el 4 de septiembre de este año, 2026, el de la líder de Hermanos de Italia será ya el Gobierno más largo de la historia de una República acostumbrada a una política histriónica y que estos días, tras el fracaso en la consulta, vuelve a parecerse un poco a la de siempre.
Pero los seis meses que aún la separan de ese jugoso título no se plantean fáciles. Horas después del batacazo electoral en el referéndum dos altos cargos del Gobierno dimitieron y, de manera insólita, en un comunicado Giorgia Meloni pidió que la ministra de Turismo, que procesada por fraude, diese también un paso atrás. La decisión de pedir públicamente la cabeza de su propia ministra dejaba a la premier en una situación de fragilidad insólita hasta ahora. Desde entonces la líder intenta descifrar cuál será la estrategia a seguir, estudia si aguantar merece la pena o supone un mayor desgaste de votantes que ya es evidente. El pasado viernes, de hecho, según recogió la prensa italiana, Meloni convocó a sus dos socios de Gobierno, Matteo Salvini y Antonio Tajani en una reunión en su casa.

La única certeza, eso sí, es que ella sigue siendo la líder indiscutible, entre los tres, de la derecha italiana y, por el momento, los sondeos dan un crecimiento a la izquierda pero no muestran un desgaste demasiado agravado. El próximo paso podría ser para Meloni anticipar el voto, algunos rumorean ya este otoño (a tiempo para su récord de longevidad), pero el paso previo, en el que ya trabaja, es la reforma de la ley electoral que este martes acaba de comenzar su trámite parlamentario. “Sería una manera también de terminar la legislatura con una renovación, porque hasta el momento el Gobierno puede presumir de estabilidad pero no de haber llevado a cabo ninguna iniciativa de gran peso”, explica para Artículo 14 Nicoletta Pirozzi, politóloga del Instituto de Relaciones Internacionales de Italia (IAI).
“Los motivos por los que Meloni podría considerar que es mejor adelantar las elecciones antes del final natural de la legislatura en la primavera de 2027 son dos: el primero es que así podría ahorrarse las consecuencias en la opinión pública que traerá en la economía esta guerra y que ya pueden notarse pero, previsiblemente, empeorarán”, explica Pirozzi. “La segunda, crucial en la política interna, es que pillaría desprevenida a la izquierda, que aún discute sobre el líder y sobre el programa electoral”, añade. De hecho, durante los últimos días los líderes de la izquierda, Elly Schlein del Partido Democratico y Giuseppe Conte del Movimiento Cinco Estrellas han comenzado una campaña electoral comunicativa contra Meloni, con más fuerza que estos tres años, pero donde parece que aún no encuentran un acuerdo sobre la modalidad en la que se enfrentarán a la líder de Hermanos de Italia en las generales.

Lo cierto es que el inicio de la guerra en Irán por parte de EE.UU e Israel ha incidido mucho en el voto del referéndum, con una opinión pública mayoritariamente contraria en Italia al conflicto, tal y como piensa la politóloga Pirozzi y también el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Pisa Enrico Calossi. Este martes se supo, de hecho, que el Gobierno italiano había denegado el aterrizaje a un grupo de aviones militares estadounidenses en la base siciliana de Sigonella que pretendían parar en Italia para volar luego a Oriente Próximo. El Ejecutivo de Meloni, tras la revelación que partió del Corriere della Sera, lo confirmó aunque quiso matizar que eso no ponía en peligro su buena relación con la Casa Blanca y que se limitaban a ceñirse a los acuerdos internacionales ya firmados. Pero lo cierto, explica Calossi, es que “era una señal para Donald Trump” porque Meloni ha decidido tener lo mínimo que ver con esta guerra que le supone un reto a nivel interno.
“Giorgia Meloni tiene tres grandes virtudes que casi todos le reconocen: es una líder que estudia y se prepara, es tenaz y defiende siempre a sus aliados y colaboradores. Esta es la primera vez, tras la derrota de la consulta, que ha infringido uno de estos puntos, el último, con la dimisión de tres pesos pesados de su Gobierno. Es una ruptura con el tipo de líder que ha sido hasta ahora y ahora está por ver qué consecuencias tiene ese cambio”, explica Calossi.
