Ya es oficial: Hacienda sube los impuestos a las personas que tengan inversiones, depósitos o dividendos

La Renta 2025 eleva al 30% el tipo máximo del ahorro y endurece los impuestos a las inversiones, depósitos bancarios y dividendos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i) junto a su vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero (d) a su llegada este miércoles al pleno del Congreso de los Diputados en Madrid.
EFE/ Mariscal

La campaña de la Renta 2025, que arranca en abril de 2026, llega con un cambio fiscal que afectará a quienes obtengan ganancias por intereses bancarios, dividendos, fondos de inversión o compraventa de acciones. La novedad no está en que estos rendimientos empiecen ahora a tributar, porque ya lo hacían, sino en que Hacienda ha endurecido el tramo más alto de la base del ahorro, elevando el tipo máximo del 28% al 30% para las rentas más elevadas.

Ese ajuste impacta sobre las llamadas rentas del ahorro, es decir, los ingresos procedentes del capital mobiliario y de determinadas ganancias patrimoniales. En la práctica, quienes tengan inversiones, depósitos o dividendos seguirán tributando según una escala progresiva, pero desde este ejercicio se incorpora un nuevo castigo para las cantidades más altas. Es un cambio que concentra su efecto real en contribuyentes con rendimientos del ahorro superiores a 300.000 euros anuales, aunque vuelve a poner el foco sobre un asunto sensible: los impuestos a las inversiones.

Cómo queda ahora la tributación del ahorro

La nueva escala del IRPF para la base liquidable del ahorro en la Renta 2025 queda estructurada en cinco tramos. Los primeros 6.000 euros tributan al 19%. A partir de ahí, el tramo comprendido entre 6.000 y 50.000 euros se grava al 21%. Entre 50.000 y 200.000 euros, el tipo sube al 23%. Desde 200.000 hasta 300.000 euros, pasa al 27%. Y la gran novedad es que todo lo que exceda de 300.000 euros soportará ya un 30%.

Ese último escalón es el que marca la diferencia respecto a la campaña anterior. Hasta ahora, el marginal máximo de la base del ahorro se situaba en el 28%, pero la Ley 7/2024 elevó en dos puntos la tributación aplicable a las rentas más altas. No es, por tanto, una subida general para cualquier ahorrador, sino una modificación concentrada en la parte más elevada del ahorro declarado. Aun así, el mensaje político y fiscal es claro: el Estado aumenta la presión sobre las grandes rentas del capital.

Qué productos se ven afectados por este cambio

Los impuestos a las inversiones
Una oficina de la Agencia Tributaria.
EFE

La medida alcanza a una parte muy amplia del ahorro financiero. Aquí entran los intereses generados por depósitos bancarios y cuentas remuneradas, los dividendos cobrados por acciones, los beneficios obtenidos al vender títulos en bolsa, y también muchas ganancias derivadas de fondos de inversión. Todos esos rendimientos forman parte de la base del ahorro y, por tanto, quedan sujetos a esta escala específica del IRPF.

Eso sí, conviene no confundir conceptos. No se paga por el simple hecho de tener dinero inmovilizado en el banco o por mantener una cartera de inversión. Lo que tributa son los rendimientos obtenidos: los intereses que genera un depósito, el beneficio de una venta con plusvalía o los dividendos repartidos por una empresa. Esa distinción es importante porque buena parte del debate sobre los impuestos a las inversiones suele mezclar patrimonio acumulado con rentabilidad obtenida, y fiscalmente no es lo mismo.

La diferencia entre base del ahorro y base general

Para entender bien el cambio hay que separar dos mundos dentro del IRPF. Por un lado está la base general, donde se integran los salarios, las pensiones, los ingresos por actividades económicas y otras rentas ordinarias. Por otro, la base del ahorro, donde se incluyen los rendimientos financieros y buena parte de las ganancias patrimoniales. Cada una tiene su propia escala y sus propios tipos.

La subida aprobada afecta exclusivamente a la segunda. Es decir, no modifica de forma directa la tributación del trabajo, sino la del capital. Por eso el cambio golpea especialmente a quienes concentran una parte relevante de sus ingresos en productos financieros. También por eso el nuevo tramo del 30% se ha leído como una medida dirigida a grandes ahorradores e inversores, más que a pequeños titulares de depósitos o cuentas remuneradas. Esa es una inferencia razonable a partir del umbral fijado por la ley, que sitúa el nuevo tipo solo por encima de los 300.000 euros de base del ahorro.

Cuándo se aplicará y qué debe tener en cuenta el contribuyente

Los impuestos a las inversiones
Las oficinas de la Agencia Tributaria en plena ebullición.
EFE

La modificación se notará ya en la campaña de la Renta 2025, que comenzará el 8 de abril de 2026 para la presentación por internet y se extenderá hasta el 30 de junio. La Agencia Tributaria también ha fijado las fechas para la atención telefónica y presencial dentro de ese mismo calendario. Esto significa que todas las ganancias del ahorro obtenidas durante 2025 ya se liquidarán con la nueva escala, incluido el tipo del 30% para las rentas más altas.

Además, quienes dispongan de un patrimonio elevado deben recordar que el ahorro acumulado no solo puede tener efectos en el IRPF. Determinados bienes y saldos forman parte del patrimonio neto y pueden influir también en la tributación patrimonial si se superan los umbrales legales aplicables en cada caso. No es un impuesto automático por tener inversiones, pero sí un frente fiscal adicional para ciertos contribuyentes con grandes volúmenes de ahorro.

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