Vocación

De Ciudad Real a la Séptima Bandera de la Legión: Ángela Romero, la conquista de una unidad histórica

La dama legionaria es tiradora de precisión y asegura que "no hace falta tener un referente para intentar conseguir algo"

A 160 pasos por minuto, la Legión avanza al ritmo de su propia identidad. Un paso firme y decidido, que no camina: late. A esa cadencia entra Ángela Romero, dama legionaria de la Séptima Bandera, con la constancia de quien no duda, la firmeza de quien sabe a dónde va y la serenidad de quien ha elegido su destino: sin freno, sin miedo, sin mirar atrás.

Pertenece a una generación de mujeres que pisan un territorio que durante décadas les estuvo vetado. Cuando las Fuerzas Armadas abrieron sus puertas a las mujeres en 1988, la Legión siguió siendo un bastión exclusivamente masculino durante años. Por eso, cada mujer que hoy viste el chapiri no solo porta un uniforme: porta una conquista en una unidad histórica.

Dama Legionaria junto a un compañero de la unidad.
Cedida/ Legión

Nació en Ciudad Real sin embargo, su vocación nació con la fascinación de lo que simboliza la Legión desde fuera: “Siempre se ha visto como una unidad con mucha marcialidad, y eso fue algo que me atrajo”, recuerda a Artículo 14. Conocía a gente que servía allí, y ese contacto bastó para encender una decisión que ya no se movería de su sitio. Cuando anunció en casa que quería ser legionaria, el impacto fue inevitable. “Para cualquier familia siempre es duro… pero me vieron tan feliz que al final se acabaron acostumbrando”. El miedo inicial se diluyó ante la evidencia de que aquello era una forma de vida. “No conocía a ninguna mujer que fuera militar. Simplemente yo quería, tiré para adelante. No hace falta tener un referente para intentar conseguir algo”.

La Dama Legionaria de la Séptima Bandera, Ángela Romero
Cedida/Legión

Y es que, nunca ha sentido que tuviera que demostrar más por ser mujer. “No he sentido ni que tuviera que dar más ni que tuviera que dar menos. Me he sentido igual que mis compañeros”. Para ella, ser mujer y ser legionaria no compite: se suma. “Es un orgullo todo lo que implica. Ponernos el chapiri y representar lo que somos. Al final, es eso: orgullo”, afirma.

Más allá del límite

Su historia desmonta prejuicios. Confiesa que aunque mide 1,59 cm su fuerza no conoce límites. “He visto a personas mucho más grandes que, porque su cabeza les ha dicho ‘hasta aquí’, hasta ahí han llegado”, explica. Ella, en cambio, aprendió a no escuchar esa voz que frena y asegura que su máximo apoyo ha sido ella misma. Aprendió a decirse: vas a poder. Y podía. “Lo importante es cómo te hablas a ti mismo, a la mente, para poder seguir aguantando, resistiendo o seguir avanzando”.

“Uno siempre puede un poco más de lo que cree. No sabemos cuál es nuestro límite real”

La Legión la transformó: le dio una confianza que no sabía que tenía, una fortaleza que no se entrena en gimnasios sino en noches sin dormir, en kilómetros con peso, en la certeza de que el límite siempre está un paso más allá.“Creo que el esfuerzo físico se supera con el esfuerzo mental… uno siempre puede un poco más de lo que cree. Aquí nadie llega a su límite, no sabemos cuál es nuestro límite real porque cuando llega un momento en el que dices, no puedo más, sigues pudiendo”.

Para Ángela Romero la Legión es una forma de vivir: “Aquí nuestros compañeros no son compañeros, son familia”. Lo nota incluso en vacaciones, cuando echa de menos esa parte de sí misma que solo existe en el día a día del acuartelamiento, en las maniobras, en el barro compartido. “Llegamos a las vacaciones y siempre lo hablamos y decimos eso de: ¡qué ganas tenía de volver!”.

Dentro de la Séptima Bandera, la Dama Legionaria es tiradora de precisión: un trabajo de observación y método, una forma de interpretar cómo cambia el viento, cómo se desplaza la luz y cómo influye la distancia o la propia respiración en el resultado. “Lo más importante no es dar en la diana, en nuestro caso son unas chapas metálicas que suenan. Lo más importante es, al no darla, saber por qué ha pasado”. El disparo perfecto no enseña; el error, sí. Ser elegida para esa función no depende de pedirlo, sino de demostrarlo. El mando observa, evalúa, confía. Y ella cumple con la misión encomendada.

No ha escoltado aún en la Semana Santa al Cristo de la Buena Muerte, aunque le gustaría porque “al final es nuestro protector” y subraya que ese es “un honor” que rota entre Banderas pero desde que ella está en la Legión aún no ha tocado a la suya. Sin embargo su prioridad es otra: “Mi objetivo principal es la preparación para el combate”. Aun así, cuando suena El Novio de la Muerte, algo se remueve dentro. “La Legión ha tenido pérdidas y siempre que lo entonamos les recordamos, también pensamos que podríamos ser cualquiera de nosotros. Estamos dispuestos a ciertos peligros que cualquiera de nosotros podríamos ser uno de ellos”.

¿Y a qué le teme una legionaria? “El único miedo que tengo es perder a un compañero, es lo primero que me viene a la mente“. Miedo como tal, insiste, no siente. Porque el peligro forma parte del trabajo y asumirlo es, también, una forma de neutralizarlo.

 

Cuando se le pregunta cuál es su propósito como legionaria, Ángela Romero lo tiene claro: “Mi propósito es ser un ejemplo”. Un ejemplo para cualquier legionario o legionaria que quiera entrar, especialmente para quienes son nuevos en la unidad. “Quiero que puedan fijarse en mí, tanto por mi trabajo como por mi actitud. Ese es mi objetivo”.  Lo más gratificante de estar en la Legión es “compartir lo que he aprendido cuando viene alguien nuevo, ver que lo agradecen, que mejoran, que tienen ilusión por seguir creciendo. Eso es lo que más me llena”.

Para ella, la Legión no es solo un lugar de trabajo; es mucho más que eso. “Para mí es mi vida”.

La Dama Legionaria Ángela Romero
Cedida/Legión

Por eso, cuando le preguntan si animaría a otras mujeres a dar el paso, responde sin titubeos. Ella tampoco sabía si sería capaz. Nadie lo sabe antes de intentarlo. “Pensé: voy a probar. Y si no, cumplo el primer contrato y me voy”. Pero no se fue. Se quedó. Porque aquello dejó de ser una prueba y se convirtió en su forma de vivir. Para Ángela, hombres y mujeres son capaces de cualquier cosa; “lo físico no es una barrera”. “Al principio puede chocar y hacerte pensar que no vas a ser capaz, pero no deberíamos ponernos límites y hay que luchar. Si esto te gusta de verdad, tú dices: ‘voy a por todas’”. Aun sabiendo que algunos todavía piensan que la Legión es dura o demasiado masculina, ella lo afirma con convicción: el límite no lo marca el género ni la tradición, sino la determinación.