El mes de marzo de 2026 ha finalizado con una actividad militar inusualmente intensa en los puntos más sensibles de la geografía española. Bajo el paraguas de las Operaciones de Presencia, Vigilancia y Disuasión (OPVD), el Ejército de Tierra ha ejecutado un despliegue coordinado que ha reforzado la seguridad en los archipiélagos canario y balear, así como en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Estas misiones, lejos de ser meros ejercicios de rutina, constituyen la columna vertebral de la estrategia de defensa nacional en territorio soberano.
El Mando Operativo Terrestre: El motor de la estrategia
La coordinación de estos movimientos recae sobre el Mando Operativo Terrestre (MOT), una estructura integrada en el Estado Mayor de la Defensa (EMAD). Bajo la dirección del teniente general Julio Salom Herrera, el MOT ha diseñado un cronograma de activaciones que busca no solo la vigilancia perimetral, sino también la demostración de una capacidad de respuesta inmediata y una cohesión total entre las diferentes unidades.
El objetivo es claro: mantener una vigilancia permanente y una disuasión activa. Para ello, se han movilizado grupos tácticos que combinan infantería, caballería, artillería e ingenieros, asegurando que cada rincón de la soberanía española, desde los grandes núcleos urbanos hasta los peñones más aislados, sienta la presencia del Estado.
Canarias: Vigilancia en las ocho islas
En el archipiélago canario, el protagonismo absoluto lo ha tenido el Grupo Táctico Canarias. Durante nueve días críticos del mes de marzo, se activó un despliegue que involucró a personal de todas las unidades de la Brigada “Canarias” XVI.
La operación en las islas no se limitó a los puntos habituales; las patrullas se distribuyeron de manera estratégica por toda la geografía insular. Este despliegue ha permitido una actualizacion del terreno, clave para posibles operaciones de respuesta rápida; vigilancia en costas y zonas de difícil acceso; y el fortalecimiento del vinculo entre los habitantes y las Fuerzas Aramadas.
Ceuta y Melilla
La actividad en las ciudades autónomas ha sido un ejemplo de relevo y especialización. En Ceuta, el despliegue fue una coreografía de distintas capacidades militares. El mes comenzó con el Regimiento de Artillería Mixto n.º 30 (días 2 y 3), seguido por el Regimiento de Ingenieros n.º 7, que tomó el relevo en una fase más técnica del 9 al 13 de marzo.

La segunda mitad del mes vio entrar en acción a las unidades de élite: el Grupo de Regulares de Ceuta n.º 54 (del 16 al 18), los legionarios del Tercio Duque de Alba 2.º (25 y 26) y, finalmente, el Regimiento de Caballería Montesa n.º 3, que cerró el mes patrullando los días 30 y 31.
Por su parte, en Melilla, el esquema siguió una lógica similar de presencia constante el RAMIX n.º 32 y el Regimiento de Ingenieros n.º 8 iniciaron las labores de reconocimiento y vigilancia. Asimismo, El Grupo de Regulares de Melilla n.º 52 ocupó el terreno a mediados de mes, mientras que el Tercio Gran Capitán 1.º de La Legión garantizó la seguridad en el tramo final de marzo.

Baleares
El archipiélago balear no quedó fuera de esta red de seguridad. En la isla de Mallorca, el Subgrupo Táctico fue activado entre el 16 y el 20 de marzo. El enfoque aquí fue el reconocimiento del entorno operativo. Las patrullas recorrieron diversas zonas de la isla, optimizando la coordinación logística y táctica. Según fuentes del EMAD, estas acciones son fundamentales para que las unidades estacionadas en las islas mantengan un nivel de alerta y conocimiento del medio que garantice la estabilidad en el Mediterráneo occidental.

