Cambio de ciclo

América Latina gira a la derecha (y a la ultraderecha)

La victoria de Kast en Chile confirma la pérdida de poder de la izquierda en el continente, que se decanta por el conservadurismo. Las últimas elecciones en la región consolidan un cambio de ciclo que reduce el peso de la izquierda a mínimos en el mapa latinoamericano

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Cambio de ciclo en Iberoamérica
KiloyCuarto

La victoria holgada de José Antonio Kast en las elecciones presidenciales de Chile celebradas este domingo no es un hecho aislado. Marca, más bien, la confirmación de un cambio de ciclo en América Latina, una región históricamente asociada a gobiernos de izquierdas y que en los últimos años ha empezado a girar hacia opciones conservadoras y, en varios casos -como en este último- abiertamente ultraderechistas.

Chile, uno de los países que durante décadas funcionó como referencia de estabilidad política en la región, se suma ahora a una tendencia que atraviesa el continente. El triunfo de Kast, con un discurso centrado en mano dura, seguridad, control migratorio y rechazo a las agendas progresistas, conecta con un electorado cansado, golpeado por la inseguridad y decepcionado con los resultados de los gobiernos anteriores. Kast, que sigue la estela de otros líderes como Milei en Argentina, Bukele en El Salvador o, en su día, Bolsonaro en Brasil, ha conseguido, a la tercera, llegar al Palacio de la Moneda. 

Los gobiernos de América del Sur reflejan cada vez con más claridad esta transformación. El mapa se tiñe ahora de azul y donde hace una década predominaban los ejecutivos de izquierdas -en muchos casos herederos del llamado “giro progresista”- hoy emergen gobiernos de derecha o coaliciones conservadoras que prometen orden, autoridad y recetas liberales. Y aunque el fenómeno no es todavía homogéneo, los expertos advierten que sí es persistente.

El presidente electo de Chile, el ultraderechista José Antonio Kast, y su esposa, María Pía Adriasola
EFE/ Elvis González

Los que resisten

De los grandes países de la región, sólo Colombia, con Gustavo Petro, y Brasil, con Lula da Silva, mantienen gobiernos de izquierdas con peso regional. Ambos, además, gobiernan en contextos de fuerte polarización interna, con oposición dura y márgenes de maniobra limitados. Venezuela, aunque formalmente se presenta como un gobierno de izquierdas, queda fuera del esquema al tratarse de una dictadura consolidada sin competencia electoral real y con un régimen cada vez más aislado por la administración de Trump.

Lo cierto es que las últimas elecciones en Latinoamérica han servido para constatar el hundimiento de la izquierda en la región. En Bolivia, mientras el socialismo se desangraba, la segunda vuelta era, por primera vez en la historia, disputada por dos candidatos de centro-derecha. También Ecuador, con Daniel Noboa como presidente, confirma la tendencia. Y aunque ya han pasado dos semanas de las elecciones en Honduras y todavía no se conocen los resultados, la candidata izquierdista apoyada por la presidenta Xiomara Castro ha quedado, como poco, en segundo plano.

A qué se debe el giro a la derecha

Sin embargo, el avance de la derecha en América Latina no responde únicamente a una cuestión ideológica. Tiene más que ver con la fatiga social, el desgaste económico y la sensación de inseguridad que recorre muchos países. La migración irregular, el aumento de la delincuencia y la percepción de impunidad se han convertido en ejes centrales del debate político. Y Kast -el último candidato en conseguirlo- ha construido su victoria precisamente sobre esos miedos.

El presidente argentino, Javier Milei.
EFE

Una dinámica global

El giro hacia políticas más conservadoras no responde solamente a un fenómeno latinoamericano, sino que viene produciéndose desde hace tiempo como una dinámica global. Desde Europa, con mandatarios como Meloni en Italia u Orbán en Hungría; hasta Estados Unidos con Trump reelegido. El resultado es el mismo. El triunfo cada vez más habitual de opciones ultraconservadoras que ganan terreno difundiendo mensajes parecidos: fronteras más duras, menos Estado social, cuestionamiento de los consensos liberales y rechazo frontal a las políticas identitarias. América del Sur, tradicionalmente más resistente a estas corrientes, ya no es una excepción.

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La derecha, la gran vencedora de las las últimas elecciones en América Latina
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En Chile, el vuelco es especialmente significativo. El país pasó en pocos años de ser laboratorio de reformas progresistas a apostar por una agenda de orden y repliegue, tras el fracaso del proceso constituyente y la percepción de que las reformas no mejoraron la vida cotidiana. Kast ha sabido capitalizar ese desencanto, presentándose como una alternativa clara frente a un centroizquierda fragmentado. Y su victoria, ha sido la segunda más holgada desde Chile llegó a la democracia, sólo por detrás del triunfo de Michelle Bachelet en el año 2013.

El nuevo mapa regional no implica, sin embargo, la desaparición de la izquierda, pero sí el fin de su hegemonía en América Latina. El continente entra en una fase hasta ahora desconocida y con todavía elecciones por delante que confirmarán o frenarán la tendencia. En 2026, Colombia, Brasil, Perú y Costa Rica tienen cita con las urnas.