Ecuador vota este domingo un referéndum que puede reordenar su política de defensa y seguridad. En la papeleta hay varias preguntas, pero una concentra toda la tensión: si el país debe eliminar la prohibición constitucional que impide la instalación de bases militares extranjeras. El resultado se conocerá esta noche y marcará, para bien o para mal, la relación de Ecuador con Estados Unidos y con el resto de la región.
La consulta llega en un clima de inquietud. El auge del narcotráfico, los homicidios disparados y la pérdida de control territorial han empujado al Gobierno de Daniel Noboa a plantear un giro que parecía impensable hace apenas unos años. Para sus defensores, es una medida necesaria. Para sus detractores, un retroceso histórico que toca el nervio más sensible del país: la soberanía.
“La aprobación del referéndum sería la culminación de una reforma constitucional diseñada para permitir el regreso de bases militares extranjeras a Ecuador”, explica Lena Georgeault, directora del grado de Relaciones Internacionales de la Universidad Villanueva. Según la experta, si gana el “sí”, el país podría “habilitar más infraestructuras militares, acceder a tecnología de vigilancia más avanzada y emprender operaciones conjuntas contra el narcotráfico y el crimen transnacional”.

Un país agotado por la violencia
La campaña ha girado siempre en torno a la misma pregunta: ¿es posible recuperar el control sin apoyo externo? El Gobierno sostiene que no. Ecuador cerró su última base extranjera –la estadounidense de Manta– en 2009, siguiendo el mandato constitucional impulsado por Rafael Correa. Desde entonces, la prohibición ha sido vista como un símbolo de autonomía.
Pero la realidad de 2025 es otra. La violencia ha escalado a niveles inéditos y las bandas criminales controlan gran parte del territorio. En enero, Noboa declaró un “conflicto armado interno” contra 22 grupos criminales catalogados como terroristas. “El ejemplo de Ecuador es paradigmático -añade Georgeault-. En un contexto de homicidios disparados y pérdida de control territorial, el gobierno declara un conflicto interno y ordena buscar apoyo militar externo”.
La narrativa oficial es clara: sin cooperación, no habrá seguridad. Y esa cooperación no se limita a Estados Unidos. “No sólo estadounidenses: Brasil lleva ofreciendo apoyo desde enero de 2024, sobre todo en intercambio de información y capacitación policial y militar”, apunta la politóloga, en conversación con este periódico.

La fractura interna
El referéndum ha dividido al país en dos mitades casi exactas. Los defensores del “sí” argumentan que se trata de una respuesta pragmática. “Es una forma de recuperar capacidades: vigilancia marítima, entrenamiento, modernización tecnológica…”, enumera Georgeault.
Sus detractores, en cambio, temen abrir una puerta que después será difícil cerrar. Señalan el riesgo de ceder soberanía, de permitir operaciones que no controlará el Estado y de replicar un modelo de “guerra contra las drogas” que consideran fracasado. “Para otros, la reforma supone una cesión de soberanía y la perpetuación de un paradigma fallido”, resume la experta. El debate tiene un trasfondo emocional que va más allá de la seguridad: se trata de decidir qué tipo de país quiere ser Ecuador.

Estados Unidos y el nuevo tablero
Las miradas internacionales están puestas en Washington. El regreso de bases extranjeras abriría un nuevo capítulo en la relación bilateral, tras una década de distancias y reservas. Georgeault lo explica así: “Con Correa se produjo una ruptura total… Desde 2023-2024, las políticas de Noboa reactivan una cooperación sin precedentes desde entonces, aunque muy divisiva para la opinión pública”.
No es sólo Ecuador. La región vive un ciclo de militarización creciente. El gasto en defensa aumentó un 9,4% en 2024 a nivel global, y América Latina acompaña la tendencia. “Los gobiernos utilizan el gasto militar como señal de firmeza, y la línea entre conflicto armado y crimen organizado es cada vez más borrosa”, resume la politóloga.
El giro estadounidense también cuenta. Tras Gaza y Ucrania, la Administración Trump busca escenarios donde proyectarse como actor de “mano dura”. “Para él, Ecuador es el escenario ideal: un enemigo visible y un discurso que conecta con su base”, sostiene Georgeault. En Venezuela, en cambio, el despliegue naval norteamericano se percibe como presión directa al régimen de Maduro.
El referéndum, advierten las expertas, no resolverá los problemas de seguridad este domingo, pero definirá el marco en el que el país quiere afrontarlos. ¿Cooperación exterior reforzada o soberanía estricta? ¿Bases extranjeras o blindaje constitucional?


