Los niños predicadores se han convertido en uno de los fenómenos virales detrás del crecimiento del movimiento evangélico en Brasil, un país que, aunque sigue siendo mayoritariamente católico, está experimentando una rápida transformación religiosa.
De acuerdo a un reportaje de The Washington Post, el caso más conocido es el de Ester Souza, una niña de ocho años del estado de São Paulo. Hija de dos pastores, Ester comenzó a predicar tras superar una grave enfermedad renal. Su testimonio, que combina mensajes de fe y superación, ha llegado a millones de personas a través de las redes sociales. Su cuenta de Instagram reúne casi un millón de seguidores y algunos de sus vídeos, como el emitido en el programa televisivo “Show de Calouros”, superan las catorce millones de visualizaciones.
Durante los servicios religiosos en la iglesia de su familia, Ester relata cómo una infección la llevó a pasar dos meses hospitalizada en 2020 y a someterse a un trasplante de riñón. En uno de sus sermones más difundidos, resumió su experiencia con la frase: “Los doctores dijeron que no, pero Dios dijo que sí”. Su historia ha sido interpretada por muchos fieles como una prueba de fe y un ejemplo de esperanza.
El auge evangélico es un proceso sostenido desde hace décadas. Los datos citados por el medio estadounidense indican que la proporción de evangélicos en Brasil pasó del 6,5% en 1980 a más del 26% en la actualidad. Si la tendencia continúa, los especialistas proyectan que el país podría tener mayoría evangélica hacia 2050.
La Iglesia católica intenta mantener su influencia entre los jóvenes mediante programas educativos y eventos masivos como la Jornada Mundial de la Juventud. También ha promovido figuras contemporáneas como Carlo Acutis, canonizado en 2024 como el primer santo millennial. Sin embargo, las estructuras católicas ofrecen menos oportunidades para que los jóvenes lideren espacios religiosos, algo que las iglesias evangélicas han sabido aprovechar. En ellas, “cualquiera puede tomar una Biblia y empezar a predicar. Incluso un niño”, señala en “The Washington Post”.
Redes sociales y fe
Investigadoras citadas por el diario estadounidense , como Wania Mesquita y Vânia Morales Sierra, explican que la expansión de este fenómeno infantil está estrechamente ligada a internet. “Antes los niños predicaban y luego grababan sus sermones; ahora crean contenido directamente para las redes sociales”, señaló Sierra.
Esa presencia digital, sin embargo, genera controversia. Expertos advierten que el uso de menores en actividades religiosas con proyección pública puede exponerlos a presiones económicas, acoso en línea y una pérdida de espacios propios de la infancia.
Otro caso es el de Miguel Oliveira, un adolescente de 15 años que se autodenominó profeta y prometía curar enfermedades a través de la oración. Tras recibir amenazas y denuncias, las autoridades brasileñas suspendieron temporalmente sus redes sociales y le prohibieron viajar para predicar.
Una historia familiar
Los padres de Ester Souza explicaron al medio estadounidense que comenzaron a grabarla desde los tres años, inicialmente con la idea de que se dedicara al canto religioso. Su vocación por la predicación surgió en 2019, durante una reunión familiar. Poco después enfermó gravemente y, tras el trasplante de riñón, empezó a hablar en público con regularidad.
Su padre, Lucas Souza, también pastor, asegura que nunca ha querido convertirla en un fenómeno viral. “Si quisiera usar prácticas de sanación o de expulsión de demonios para conseguir millones de seguidores, podría hacerlo, pero no sería de una manera positiva”, declaró al diario.
La familia reconoce que, tras el aumento de su popularidad, también llegaron las críticas, en especial por el uso de maquillaje o por la exposición de una menor en redes. Aun así, Ester continúa participando en servicios religiosos locales y ha comenzado a recibir invitaciones de otras ciudades.
Fuera del púlpito, la niña mantiene una vida cotidiana similar a la de cualquier menor. Según The Washington Post, le gusta jugar al fútbol, dibujar y pasar tiempo al aire libre. Su padre suele recordarle que actualice sus redes sociales, aunque ella a veces prefiere seguir jugando.
En Brasil, la consolidación de un movimiento evangélico que utiliza los recursos digitales para expandirse y que encuentra en la participación infantil una nueva forma de conexión con las audiencias, está siendo un camino muy efectivo para la renovación religiosa.


