Era una noticia esperada, pero no por ello menos controvertida al sur de Tarifa. El anuncio de la visita de los reyes a Ceuta y Melilla los próximos 13 y 14 de octubre no tendrá reacción oficial de un gobierno en funciones -este martes Palacio Real hizo público el nombramiento de Fatima el Mansouri como nueva jefa del gabinete- ni del que la secretaria general del Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM) presidirá en los próximos días. En realidad ningún gobierno marroquí se refiere en sus comunicaciones oficiales a Ceuta y Melilla.
No fue excepción, en ese sentido, el comunicado emitido por el Ministerio de Exteriores el pasado 10 de septiembre en el que se hablaba de “los sucesos de julio”. La posición oficial es clara: para Marruecos, en una opinión que comparte monarquía, medios, partidos y sociedad civil, considera que las dos ciudades autónomas son, en realidad, marroquíes -a menudo descritas como “presidios ocupados”- y en el momento más adecuado la cuestión de la soberanía se planteará formalmente a España, aunque admiten que ese momento no ha llegado.
Aunque a esta hora la noticia de la visita real apenas ocupa lugares secundarios en los principales medios de comunicación de Rabat -copados por el proceso de consultas entre el PAM y resto de partidos con vistas a la formación de gobierno-, la posición marroquí sobre la soberanía ha sido manifestada una y otra vez por dirigentes políticos, intelectuales y periodistas destacados.

Baste recordar al más célebre de los escritores marroquíes vivos, Tahar Ben Jelloun, quien ha dejado claro en las últimas semanas en distintas tribunas periodísticas su posición favorable a la anexión marroquí de las ciudades de Ceuta y Melilla. Mucho más hiperventiladas fueron las manifestaciones públicas, hace apenas diez días, del ex senador marroquí y activista -natural de Melilla- Yahya Yahya, quien, junto al Consulado de España en Nador, se dirigió “directamente” a don Felipe para asegurarle que, de producirse la visita real a las dos ciudades españolas en el norte de África estaría dispuesto a “derramar hasta la última gota de sangre” por defender la integridad territorial de su país.
Los conocedores de las relaciones entre los dos países en Marruecos coinciden de manera unánime en que la visita del rey don Felipe y la reina doña Letizia, la primera a las ciudades autónomas desde de su reinado, no gustará en Palacio ni en el círculo de poder real, como tampoco en la clase política de Marruecos. “Desde la independencia de Marruecos cualquier acción española para confirmar su soberanía molesta a Marruecos porque rompe un statu quo que Rabat quiere que España respete, y que lo haga por activa y por pasiva”, recuerda desde la capital magrebí a Artículo14 el escritor y doctor especialista en relaciones hispano-marroquíes Nabil Driouch.
El autor del ensayo La vecindad cautelosa recuerda la crisis bilateral provocada por la visita del anterior jefe del Estado, el rey don Juan Carlos, a Ceuta y Melilla los días 5 y 6 de noviembre de 2007. “Aquello fue el origen de una crisis bilateral cuando hasta entonces las relaciones entre los dos países atravesaban un momento de serenidad”, recuerda Driouch, pero la que se producirá este mes “llega en una crisis ya instalada que los dos países intentan zanjar y como reacción a la misma fruto de la presión desde España”, advierte.

Por su parte, el analista político y consejero diplomático Samir Bennis avisa desde Rabat de que la visita de los reyes a Ceuta sería “una gran imprudencia”. “Me consta que es inoportuna e intempestiva y que, en lugar de apaciguar los ánimos y rebajar la tensión latente, la presencia del rey en Ceuta y Melilla provocará una reacción firme y una verdadera crisis diplomática”. “La presencia de los reyes será un mensaje de hostilidad y dejará secuelas duraderas en las relaciones entre Marruecos y España”, abunda el escritor a Artículo14. Sobre el rey, Bennis cree que don Felipe pretende “sacar tajada” de la visita teniendo en cuenta “la cada vez mayor impopularidad de la monarquía en la sociedad española”.
El analista político marroquí se dirige también al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien hasta ahora gozaba de una profunda simpatía en el Marruecos oficial por haber sido el presidente del apoyo a la soberanía marroquí sobre el antiguo Sáhara Español. La gran pregunta en este punto es cuál puede ser la reacción a un acto percibido como hostil desde Rabat.
“El Gobierno cometería un grave error y una enorme imprudencia que, con toda probabilidad, provocará una reacción de Marruecos. El presidente y su entorno están bien situados para conocer la diferencia que existe, desde la perspectiva de Marruecos, entre una visita del presidente del Gobierno y una visita del jefe del Estado. Desde la perspectiva marroquí, una visita del rey de España a Ceuta y Melilla tiene una carga simbólica, política y diplomática distinta a la de un presidente del Gobierno. No es lo mismo que visite ambas ciudades el jefe del Ejecutivo que lo haga quien encarna la jefatura del Estado y representa, por tanto, la continuidad y la soberanía del Estado español”, abunda Bennis.
El autor del ensayo El gran malentendido: historia de una relación tumultuosa recuerda cómo el entendimiento entre los dos países “se quebró en noviembre de 2007, cuando los Reyes visitaron Ceuta y Melilla, lo que desencadenó una importante crisis diplomática. El rey Mohamed VI llamó a consultas a su embajador en Madrid y Marruecos reaccionó con especial firmeza ante una visita que consideró una provocación”, evoca a Artículo14.

