La Unión Europea podría estar a punto de estrenar una categoría que hasta ahora no existía. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha propuesto que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la UE, una fórmula todavía por definir que permitiría estrechar considerablemente los vínculos entre Bruselas y Ottawa sin que el país norteamericano pasara a formar parte formalmente del bloque.
El anuncio llegó este miércoles durante el discurso sobre el Estado de la Unión de Von der Leyen ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo, al que asistió como invitado el primer ministro canadiense, Mark Carney. Los eurodiputados recibieron la propuesta con una ovación, tras la cual la presidenta de la Comisión se acercó a saludar al dirigente canadiense.
“Queremos llevar la relación con Canadá al nivel más alto posible”, afirmó Von der Leyen, que defendió la necesidad de “abrir la puerta” para que Canadá sea el primer miembro asociado de la UE. La presidenta comunitaria presentó la iniciativa como parte de una revisión más amplia de las alianzas europeas en un escenario internacional cada vez más inestable.

¿Qué significaría ser “miembro asociado”?
Por ahora, esa es precisamente la gran incógnita. La figura del “miembro asociado” no existe actualmente dentro de la arquitectura institucional de la Unión Europea, por lo que Bruselas tendría que determinar qué derechos, obligaciones y acceso a las estructuras comunitarias implicaría.
Canadá tampoco podría recorrer el procedimiento convencional para convertirse en Estado miembro. El artículo 49 del Tratado de la Unión Europea establece que cualquier “Estado europeo” que respete los valores comunitarios puede solicitar su ingreso. La propuesta de Von der Leyen apunta, por tanto, a construir una relación diferente y diseñada específicamente para una cooperación mucho más profunda.
Existen precedentes de países que, sin pertenecer a la UE, mantienen distintos grados de integración. Noruega participa en el mercado único, mientras Suiza articula buena parte de su relación con Bruselas mediante acuerdos bilaterales. Reino Unido, después del Brexit, mantiene un amplio acuerdo comercial y participa en programas europeos como Horizonte Europa. Ninguno, sin embargo, posee el título de “miembro asociado”.
Entre las cuestiones pendientes está determinar si Canadá podría participar de alguna forma en las instituciones europeas, hasta dónde tendría acceso al mercado único o qué legislación comunitaria tendría que asumir.

“No es una asociación contra nadie”
La propuesta llega en un momento de especial acercamiento entre Ottawa y Bruselas. Carney ya había avanzado su intención de construir una “alianza única” con la UE, mientras Canadá intenta diversificar sus relaciones económicas y reducir su dependencia de Estados Unidos. Aproximadamente el 70% de sus exportaciones tienen actualmente como destino el mercado estadounidense.
Las relaciones entre Washington y Ottawa se han deteriorado en medio de las disputas comerciales y arancelarias con la Administración de Donald Trump, además de las reiteradas declaraciones del presidente estadounidense sobre convertir Canadá en el “estado número 51”. Las negociaciones comerciales entre ambos países se rompieron el mes pasado y Ottawa respondió posteriormente con nuevas medidas arancelarias.
Von der Leyen evitó presentar el acercamiento como una alianza contra Washington. La iniciativa, defendió, “no es una asociación contra nadie”, sino una forma de reforzar intereses compartidos en un orden internacional cada vez más fragmentado.
La cooperación podría abarcar ámbitos que van mucho más allá del comercio. Defensa, energía, minerales críticos, inteligencia artificial, tecnología, fabricación, cadenas de suministro y seguridad económica aparecen entre las áreas prioritarias. El Ártico, además, podría convertirse en uno de los grandes proyectos conjuntos.

Canadá y Europa buscan reducir dependencias
Bruselas quiere transformar el actual marco comercial en una relación estratégica más amplia. La UE y Canadá cuentan desde 2016 con el CETA, aunque una década después todavía hay Estados miembros que no han completado su ratificación nacional.
La idea del “miembro asociado” tampoco nació exclusivamente pensando en Canadá. El canciller alemán, Friedrich Merz, había planteado anteriormente explorar una fórmula similar para Ucrania, en plena negociación sobre el futuro de la ampliación europea.
La propuesta canadiense abre ahora un debate diferente: hasta dónde puede llegar la integración con un país que comparte buena parte de los intereses estratégicos europeos, pero que geográficamente no puede aspirar a una adhesión convencional.
Los detalles tendrán que negociarse y el proceso podría prolongarse durante años. El siguiente paso llegará en la cumbre entre Canadá y la Unión Europea prevista para octubre, donde ambas partes esperan concretar su futura relación. Carney, mientras tanto, intervendrá este jueves ante el Parlamento Europeo, después de que su presencia acompañara uno de los anuncios más novedosos del discurso anual de Von der Leyen.

