Esther Alonso lleva más de 20 años acudiendo, cada sábado, a la prisión de Brians 1 con una guitarra. Lo hace para acompañar a Jesús Roy, el mercedario responsable de la pastoral penitenciaria, durante la misa en el módulo de mujeres. Pero su labor, explica, va mucho más allá de cantar en una celebración religiosa. “Básicamente es ir allí, hablar con ellas, que te cuenten, escucharlas”, resume.
Ahora, esa realidad que ella conoce desde hace dos décadas ha quedado situada en el centro de la visita de León XIV a España. Y es que el Papa ha querido entrar en Brians 1, encontrarse con internas y voluntarios, y acercarse a una realidad que normalmente está olvidada bajo el peso de los prejuicios. “Ha tenido una visión impresionante hacia esta parte de la sociedad que casi todo el mundo prefiere no mirar y no conocer”, afirma.

“Cuando nos dijeron que vendría el Papa no nos lo podíamos creer, ni los voluntarios ni las propias internas”, recuerda Alonso. “Ellas están alucinando, muy sorprendidas, pero, sobre todo, muy agradecidas y muy felices de que el Papa las vaya a visitar”, asegura. Y es que a estas mujeres no las visita cualquiera. De hecho, no las visita casi nadie. “Es un reconocimiento de que son personas que valen en esta vida y que cuentan para la sociedad. Para ellas es muy importante”.
Incluso Esther llegó a Brians 1 casi por casualidad. Siempre había hecho voluntariado, en la parroquia, en comedores sociales o en proyectos del Raval, pero nunca se había planteado entrar en una prisión. Sin embargo, un día, un amigo les contó que un jesuita buscaba guitarras para acompañar las eucaristías en la cárcel. “Una amiga y yo dijimos: ‘Ah, pues vamos a probar’. Y cuando fuimos allí, ya nos quedamos”.
“Todos llegamos a realidades así con prejuicios”, admite. “Pensamos: si están aquí será por algo. Y no hay que santificarlas ni victimizarlas, por supuesto. No hay que perder de vista que las personas cometemos errores y si alguien está allí es porque ha cometido un error”. Pero, a partir de ahí, una cosa es asumir las consecuencias y otra descubrir lo que significa vivir privado de libertad. “Me llamaron muchísimo la atención las condiciones en las que viven. Me colapsaron”, reconoce. “Todos podemos cometer errores, todos tenemos el riesgo de cometerlos. Pero pagarlo con una pérdida de libertad tan brutal es muy duro”, explica.
Habla de una forma de desorientación que no siempre se percibe desde fuera. “Es casi una alienación”, señala, porque “dejas de tener habilidades sociales y hábitos relacionales. Es difícil relacionarte con la gente allí dentro, porque estás viviendo con personas que no has elegido, en un ambiente tensionado constantemente y en una situación que quizá no es la mejor para ti anímicamente”. Por eso, considera las internas necesitan algo más que normas, horarios y rutinas. “Todo el mundo necesita un apoyo, alguien que le dé un halo de esperanza y de alegría, alguien que le recuerde que hay más cosas en la vida que lo que está viviendo”. “Todo el mundo tiene derecho a una segunda, una tercera, una cuarta oportunidad”, afirma.
Además, estas dos décadas junto a las internas de Brians 1 le ha hecho ver las cosas de forma diferente. “En todos los voluntariados tú piensas que vas a dar. Y sí, das. Pero recibes muchísimo”, asegura. Y es que en la prisión ha conocido historias de mujeres que han tenido vidas durísimas y que, aun así, han encontrado la forma de levantarse. “Hay gente que viene de otros países, que está aquí sola, que no tiene a nadie, que no conoce a nadie, que no tiene ningún recurso. Y salen. Salen bien. Mantienen ganas de vivir y alegría”, cuenta. “Entonces piensas: ¿y me quejo yo?”.
“Me gustaría agradecerle enormemente al Papa que haya venido a verlas, que les haya dado un lugar en un viaje en el que ha debido conocer a tantísima gente y tantas realidades. Y, sin embargo, se ha acordado de ellas”. De hecho, esta visita de León XIV le ha permitido descubrir mejor al Papa. “No lo conocía demasiado”, reconoce. “Pero estoy viendo que es una persona calmada, que busca llegar a todo el mundo, piense como piense, que le gusta dialogar y buscar consensos”, explica.

