Opinión

¿Final de viaje?

El expresidente del Gobierno Felipe González.
El expresidente del Gobierno Felipe González.
EFE
María Dabán
Actualizado: h

Este fin de semana un hombre de un pueblo cercano al mío me recordaba una frase que decía su abuelo: “Carretera mala no lleva a buen pueblo”, me decía, y, sin quererlo, porque nuestra conversación no giraba sobre eso, me vino a la cabeza la situación política actual. El camino que pretende transitar Pedro Sánchez de aquí hasta que acabe la legislatura no puede tener más baches y por eso será difícil que llegue a su destino indemne: su antigua mano derecha en el Gobierno, José Luis Ábalos, está pendiente de una sentencia que no pinta bien para él; su otro secretario de Organización, Santos Cerdán, está siendo investigado; todavía no se sabe cuál será el horizonte penal de su mujer, Begoña Gómez; su hermano se sienta esta semana en el banquillo; y, la UDEF ha dejado a los pies de los caballos al hasta ahora referente moral de la izquierda, José Luis Rodríguez Zapatero, un expresidente que se embolsaba supuestamente millones de euros mientras decía en los mítines con toda su cara que los socialistas son esos que tienen muy poco y están dispuestos a dar mucho.

Las revelaciones de este último caso, además, no han hecho más que empezar, y salpican de lleno al Gobierno de Sánchez, porque fue su Ejecutivo (cuando gobernaba con Podemos), el que concedió el rescate por valor de 53 millones de euros a Plus Ultra, rescate que se hizo efectivo a través de la SEPI, un organismo público que ha obstaculizado, según la policía, la investigación judicial, enviando carpetas vacías y archivos que no se podían abrir, o no aclarando, por ejemplo, si la aerolínea tenía alguna deuda con la Seguridad Social (lo que le hubiera impedido que recibiera el rescate)

Pedro Sánchez se ha limitado a decir que apoya al presidente Zapatero. Los socialistas contendrán la respiración ante lo que pueda declarar la próxima semana. Entre otras cosas está en juego la posible imputación de sus hijas, y eso son palabras mayores.

Para papelón estos días también el de los socios del Gobierno. Aitor Esteban decía este fin de semana que le parecería una irresponsabilidad que la legislatura se alargara, pero eso no implica, según matizaron los peneuvistas, que vayan a apoyar a Feijóo. De momento, pues, los nacionalistas vascos se mantienen en lo de amagar y no dar.

Pilar Gómez desvelaba en este periódico que ha habido contactos discretos entre el PNV y Junts para sopesar la opción de una moción de censura instrumental, pero, a la espera de que deshojen la margarita, el PP intentará este miércoles que los dos partidos se mojen instándoles a que apoyen en el Senado la reprobación del Gobierno en pleno, una iniciativa más simbólica que otra cosa, pero que demostrará hasta qué punto estas formaciones están preocupadas realmente por la corrupción.

De momento, Feijóo no tiene prisa por presentar una moción de censura. Prefiere esperar a ver pasar el cadáver de su enemigo, una decisión que apoya también Felipe González porque, a su juicio, dejaríamos de hablar de Zapatero para hablar de la moción…

El expresidente se ha sumado a las voces que reclaman un adelanto electoral, pero a buen seguro que Sánchez seguirá haciendo oídos sordos a todas las peticiones en este sentido. De hecho, desde el pasado miércoles, el presidente solo ha tenido tiempo para recomendarnos la novela Victorian Psycho, de Virginia Feito, una novela que mezcla, según la reseña del libro, “el humor negro, el gusto por lo absurdo y una pizca de crueldad que resulta muy divertida”. ¿De verdad no había otra, presidente?