La lupa de la Directora

Contactos entre PNV y Junts para una moción instrumental

Emisarios de ambos partidos han mantenido reuniones para sondear la posibilidad de que los catalanes presten sus diputados al PP. El “lobby” catalán eleva la presión sobre Nogueras para echar a Sánchez

La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero como presunto líder de una trama de corrupción, en la que se le acusa de tráfico de influencias y organización criminal, ha elevado al máximo la presión sobre la continuidad de Pedro Sánchez en el Gobierno.

El presidente ha dejado claro en público y en privado su intención de mantenerse en el cargo e incluso de volver a ser candidato en las elecciones del próximo año. En el PSOE el ambiente es de devastación entre los afines y de resignación entre los críticos.

Los últimos asumen que sólo hay dos opciones para desalojar a Sánchez de La Moncloa: que el presidente dé un paso al lado si el caso de Zapatero escala tras levantarse el secreto de sumario y compromete de forma directa a ministros de su gobierno o mediante una moción de censura.

Alberto Núñez Feijóo se ha mostrado cauteloso ante esta opción pese a la presión de Vox. El líder del PP no la descarta pero sabe que hay que dejar tiempo para que los números cuadren.

En público los socios han ido virando. Han pasado de “poner la mano en el fuego” por Zapatero a estar “jodidos” como Gabriel Rufián. Fuera de las cámaras empieza a haber movimientos. Emisarios del PNV y Junts se han reunido estos días, según ha podido saber Artículo14, para explorar una moción de censura instrumental. Oficialmente no se reconoce esta cita.

Pedro Sánchez (i), junto a José Luis Rodríguez Zapatero, durante un mitin del cierre de campaña de la elecciones al parlamento de Castilla y León. EFE

Los encuentros se han producido en Aragón, tierra neutral, y las conversaciones giran en torno a la posibilidad de que sea Junts quien facilite a Feijóo con sus siete diputados una investidura que derivaría en una convocatoria de elecciones.

El plan pasaría por preservar a los nacionalistas vascos dada su dependencia del PSOE en el gobierno autonómico y en ayuntamientos clave. El PNV da por rotas sus relaciones con Sánchez, pero necesita mantener las apariencias. Por eso toda la presión se pondrá sobre Junts.

Puigdemont y su partido pasan por un mal momento. El liderazgo del prófugo está fuertemente cuestionado internamente y cada vez tiene menos capacidad de decisión.

La última batalla perdida ha sido la retirada de su candidato a la alcaldía de Barcelona y portavoz de la formación, Josep Rius, que ha renunciado para no enfrentarse a Jordi Martí Galbis, discípulo de Xavier Trias.

La elegida para pilotar el futuro de la formación es la portavoz en el Congreso, Míriam Nogueras. A ella le susurran los empresarios para que deje caer a Sánchez. El lobby catalán se ha puesto en marcha para engrasar la relación entre Junts y el PP. Nogueras es la nueva Marta Pascal, antigua líder del PdeCAT, que entregó sus votos al PSOE para derrocar a Mariano Rajoy. En aquel caso, como ahora, también Junts y PNV estuvieron sincronizados.

Mientras, Puigdemont se siente “abatido”. Un reducido grupo de empresarios catalanes afines a la causa le visitó el mes pasado en Waterloo. Según los asistentes a esta reunión informal se siente engañado. La ansiada vuelta a España que le prometió José Luis Rodríguez Zapatero nunca llega a materializarse.

El presidente de JxCat, Carles Puigdemont
EFE/David Borrat

Ahora su interlocutor preferente puede acabar en prisión tras declarar ante el juez el día 2 de junio. La Fiscalía no moverá ficha hasta escuchar al ex presidente del Gobierno, pero los indicios son cada vez más sólidos tras conocerse ayer el informe de la UDEF que les coloca junto a sus hijas como principal beneficiario de la trama.

Puigdemont asume que cada vez es más difícil que Sánchez pueda darle garantías de que estará “pronto” en casa. El Tribunal Constitucional no tiene en su agenda inmediata el recurso de amparo del prófugo. Espera desde hace meses una resolución del Tribunal de Justicia Europeo que no acaba de llegar.

Primero desde Moncloa se le garantizó que estaría en Barcelona para las navidades, luego en primavera y ahora no hay fecha para el advenimiento de Puigdemont. Ni siquiera se ha notificado al tribunal de garantías español que el TJUE vaya a abordar el próximo mes el tema.

El catalán desespera y, según cuentan a Artículo14 sus visitadores, ha caído en depresión. Si antes era imprevisible hoy lo es más. La palabra de Sánchez cada vez tiene menos valor.

Puigdemont está dispuesto a escuchar lo que Feijóo pueda ofrecerle. El PP ya ha dejado claro que no cruzará “líneas rojas” para conseguir los ansiados 176 votos para echar a Sánchez, pero si es el Constitucional quien acaba validando la amnistía del líder de Junts, el PP tendrá una coartada. No recurrir la decisión sería suficiente para que el prófugo diera el visto bueno.

El 1 de junio de 2018 se cumplen ocho años de la moción de censura que llevó a Sánchez a Moncloa. La efeméride coincide con los movimientos para registrar otra moción que le desaloje si finalmente PNV y Junts encuentran el camino.

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