La perdurabilidad del Gobierno de Sánchez hasta las elecciones generales de 2027 se fía a un juego de cartas tras la imputación del ex presidente Zapatero en el que cada naipe no puede ser desdeñado.
Dentro de la baraja, la carta de los socios no está del todo asegurada. Las declaraciones del presidente del PNV, Aitor Esteban, este domingo, así lo hacen ver: “Es irresponsable que Sánchez siga más allá del 2026 con la agenda judicializada”, afirmó. Además, este medio ha podido saber que emisarios del PNV y Junts se han reunido estos días en Aragón para estudiar escenarios. Con un VOX que apremia al PP para plantear una moción de censura, las negociaciones podrían tener lugar para que cuadraran las cuentas y sacar al PSOE del Gobierno.
La carta del miedo
Tampoco está asegurada la carta del miedo a la entrada de los de Abascal en los gobiernos autonómicos tras los últimos comicios regionales. Una voz que Sánchez eleva ante su electorado para ganar votos, pero que la imputación del ex presidente socialista acalla cada vez más. José Luis Ábalos, Santos Cerdán, Begoña Gómez, y ahora José Luis Rodríguez Zapatero, están dejando de ser “casos aislados” incluso para el votante más fiel que prefiere perder en ese terreno a cambio de que el país no pierda el argumentario ideológico de su partido.
Y una de las patas de ese argumentario es la inmigración. La cuestión innegociable para Vox en cualquiera de las plazas que ha entrado a gobernar o pactar -Extremadura, Castilla y León, Aragón y ahora pendiente, Andalucía- ha sido la prioridad nacional, una iniciativa política que buscar priorizar el arraigo en cuanto a las ayudas públicas, viviendas, y demás servicios. El Gobierno de Sánchez, inmerso en la polémica política por el acelerón en cuanto a la regularización masiva de inmigrantes, ha sacado toda la artillería para tildar la pinza PP-Vox de racista y xenófoba. Una estrategia que, hasta los más críticos del PSOE veían fiable, hasta el punto de considerar que el relato beneficiaría al partido en las elecciones generales.

La inminente comparecencia de Zapatero el próximo 2 de junio, por supuestos delitos de tráfico de influencias y liderazgo de una red criminal, resta al Ejecutivo autoridad moral frente al relato. Una autoridad que Sánchez quiere rescatar con la visita del Pontífice a España. Datos del CIS de 2025 arrojan que la población que se declara católica en España – practicante o no– ha caído de manera considerable en los últimos años, pasando de un 88,8% en 1985 a un 52,4% este 2025. Pero ese porcentaje sigue siendo considerable. Pese a que en una escala del 1 al 10, donde el 1 representa la extrema izquierda y el 10 la extrema derecha, los católicos practicantes se sitúan en el 6,09 respecto al 4,74 de la media de los entrevistados por el organismo público entre 2019 y 2025, el Ejecutivo no desdeña que gran parte de su electorado es creyente y se siente identificado con el mensaje del Papa.
La agenda clarifica el interés de Sánchez: Si el Papa aterrizará en nuestro país el próximo 6 de junio, el presidente se adelantará y se desplazará hasta el Vaticano el miércoles de la siguiente semana, día 27 de mayo. Apenas seis días antes de la cita del ex presidente en los tribunales, Sánchez se hará una foto con el Pontífice, durante la audiencia que mantendrán. En nuestro país, el Papa pronunciará un histórico discurso en la Cámara Baja el día 8, y dos días después, en Barcelona, Sánchez asistirá por primera vez una misa de manera oficial en ocho años de Gobierno. El presidente asistirá a la inauguración de la Torre de Jesucristo en la Sagrada Familia. Cabe recordar que Sánchez no fue ni al funeral del Papa Francisco, ni la misa del Pontificado de León XIV.

Sánchez se acomoda en su acción exterior de Gobierno
No sólo es la inmigración en lo que Sánchez se apoyará para validar su discurso. Los casos que cercan a su entorno -la condena al fiscal General del Estado, el procesamiento de su mujer y los sucesivos- y la necesidad de lavar la cara frente a sus socios ha impulsado una acción exterior del Ejecutivo marcadamente frontal contra la administración Trump, el conflicto en Gaza o la actual guerra en Irán. Una intervención contra la que el Papa se ha manifestado abiertamente. El Papa condenó la guerra y critica a quienes invocan el nombre de Dios “para justificar decisiones y acciones que causan la muerte”. Asimismo, atribuyó el conflicto a una “ilusión de omnipotencia” y calificó como “verdaderamente inaceptable” la amenaza de Trump de aniquilar la civilización iraní.

