Opinión

La Confianza

José Luis Rodríguez Zapatero, llega este miércoles a la Audiencia Nacional.
José Luis Rodríguez Zapatero, llega a la Audiencia Nacional.
EFE/ J.J.Guillen
María Dabán
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Con la paciencia pasa como con la confianza, que muchas veces se acaba. La primera, además, suele perderse de forma gradual; pero, para perder la confianza, a veces solo hace falta un momento. Eso es lo que les ha ocurrido en los últimos tiempos a todos aquellos que creían a pies juntillas en su gurú de la izquierda, en José Luis Rodríguez Zapatero, (ese líder que hace unos años decía en un mitin que, “ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho”), y que hace unas semanas se dieron de bruces con el auto de un juez de la Audiencia Nacional que lo situaba en el vértice de una organización criminal.

Ayer Zapatero declaró en la Audiencia Nacional y, poco después, publicó un comunicado en el que proclamaba su inocencia, su decencia y su honradez. El expresidente pedía a los españoles que vuelvan a confiar en él porque la verdad, decía, “se abrirá paso”. Habrá gente que lo haga, claro, que seguirá su consejo, porque siempre hay personas dispuestas a creerse lo que quieren creer, pero lo cierto es que el exjefe del Ejecutivo salió como entró, acusado de los mismos delitos que le atribuía el juez antes de escucharle, porque, quien no le creyó fue el magistrado.

Lo de confiad en mí está muy bien como acto de fe, pero choca con una realidad que tiene aspectos inexplicables. ¿Tenemos que creer que Zapatero cobró medio millón de euros por informes genéricos entregados por escrito, y por otros orales, así, si más? Tan caros les salían a sus clientes sus buenos consejos.

¿Tenemos que creer que, casualmente, el ex presidente comió con el presidente de Plus Ultra y con su amigo Julio Martínez después de que la aerolínea recibiera el rescate, pero sin que él hubiera intervenido para nada en esa gestión? ¿tenemos que creer que desayunó con el entonces ministro José Luis Escrivá, no para hablar de la presunta deuda que Plus Ultra tenía con la Seguridad Social, sino porque quería conocerlo sin más?

Y, sobre todo, ¿tenemos que creer que unas joyas, que, inicialmente, según la versión del portavoz de Zapatero, Luis Arroyo, (que ha jugado un papelón en todo esto) provenían de una herencia y valían un máximo de 50.000 euros, están valoradas, en realidad en 1,3 millones y son regalos de su época de presidente? ¿el mismo presidente que aprobó un código ético en el año 2005 que prohibía a los altos cargos quedarse con regalos que superaran los usos habituales de cortesía fue capaz de quedarse todo eso?

A los líderes les cuesta mucho aceptar que han perdido la confianza de su pueblo, que serán pocos ya los que les aclamen cuando les vean, pero, a partir de ahora, Zapatero sólo recibirá, probablemente, la callada por respuesta, un silencio que pesará más en su ánimo que cualquier elogio que recibiera en el pasado. Y quizá algunos sigan confiando en él, pero cada vez lo serán menos porque, al final, como decía Baltasar Gracián, “la confianza es madre del descuido”.

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