Yo trabajaba en la radio cuando salió la famosa foto de las hijas de Zapatero con la familia Obama. Le dedicamos infinitos chascarrillos al tema. En mi cabeza fueron semanas, pero tal vez fuera menos tiempo. Resultó que la parejita era habitual de la escena gótica madrileña, y se las podía reconocer junto a leyendas de la onda oscura. Imaginar que Alba y Laura se han movido con Luisito Putirecords, Voltereto, Juana la Loca u otras viejas glorias es algo que me llena de alegría. No es raro que los hijos de las clases altas bajen a las cabañas para conocer la pintoresca vida del pueblo, se admiren en contemplar el día a día del panadero o del herrero, y luego regresen a los castillos a contar, ya en su madurez, cómo fueron aquellas locuras de juventud. Sin embargo, las hijas de Zapatero no parecían de esa condición. Obviamente abandonaron el underground –cosa que extraña a nadie que haya visto su errática evolución estética – pero no parecen pertenecer del todo a esa clase alta en la que Felipe González tan impecáblemente se integró. Siempre fueron intrusas. Las redes de Whathefav demuestran, por si solas, el calibre de la chapuza. Comparando con otras empresas de dudosa finalidad – y no daré nombres – me llama la atención que no se hayan molestado ni en llamar a algún profesional del diseño para darle un remozado.

Hace falta otra guerra mundial para que a la gente se le olvide la foto de las hijas de Zapatero con Obama. Créanme que era incómodo estar jornadas y jornadas en una oficina escuchando chistes sobre el tema. Ellas eran menores, y su pecado era ser gruesas y no saber posar. De haber sido vistosas y haberse erguido en la foto, no hubiera pasado gran cosa. En otras palabras: el pitorreo fue por salir feas, no por góticas. Un diletante hijo de su misma clase (clase social) ha comentado en su columna que el problema es que Zapatero no supo ponerlas en vereda y decirles cómo había que vestir y comportarse.

Como el juntaletras en cuestión y las hijas de Zapatero tienen méritos laborales e intelectuales parejos, algo sabe este fulano sobre cómo ha de comportarse el hijo de un sátrapa. Y sí, las hijas de Zapatero han errado. No en montar una empresa que factura de aquella manera, no. Han errado en no saber disimular. En no saber vestir como viste un heredero. En no disimular. En no contratar a profesionales que disimulasen el montajito. Han errado en no juntarse con la chusma adecuada, la del Starlight y la del Burning Man. Han errado en no ponerse a dieta y no vestir beige. Esas chicas no han sabido estar, y si bien en las altas esferas no se valoran ni el interior ni el ser, son las formas (los modales) los que deciden de qué lado cae cada uno. No serán las hijas de Zapatero ni las primeras ni las últimas zangolotinas en montar un negocio para presuntamente reorientar los negocios de papá, pero quizás sean las primeras que caigan por pura dejadez. Miren a los hijos de Aznar, miren y aprendan. No todo el mundo sabe hacer nepotismo.

