Dos mujeres jóvenes, ataviadas con camisetas naranjas en los que se lee, en letras blancas, ‘Sindicato de Inquilinos e Inquilinas de Madrid’, se han puesto al frente de la lucha por el derecho a la vivienda y de la convocatoria de la huelga general del próximo 11 de noviembre.
Alicia del Río y Valeria Racu se han convertido en los rostros visibles de una organización que ha conseguido situar la crisis habitacional en el centro de la movilización social. Una lucha que lleva años y a la que también han terminado sumándose los sindicatos mayoritarios, como CCOO y UGT, lideradas por dos hombres: Unai Sordo y Pepe Álvarez.

Menor protagonismo de los históricos
Aunque CCOO y UGT ya habían respaldado movilizaciones por el derecho a la vivienda, como las convocadas en abril de 2025, el protagonismo de las últimas protestas ha recaído en el Sindicato de Inquilinas. El contraste resulta llamativo si se atiende al tamaño de las organizaciones.
Según la memoria económica de CCOO, un total de 1.088.772 personas estuvieron afiliadas durante 2024. Frente a esta estructura, el Sindicato de Inquilinas reúne a cerca de 4.000 afiliados, apenas el 0,37% de aquella cifra. Una diferencia considerable que no ha impedido situarse en primera línea de la convocatoria de huelga general del próximo 11 de noviembre.

Del Río, portavoz de la Confederación de Sindicatos de Inquilinas, y Racu, portavoz del sindicato han encabezado una protesta en la que las grandes estructuras sindicales tradicionales, encabezadas por hombres, han quedado en un segundo plano.
Las mujeres lideran (por fin) el sindicato
En este sentido, el liderazgo de dos mujeres en una lucha sindical de tal calibre también ha sido un logro en sí mismo. Las cúpulas sindicales son ampliamente masculinas y la hemeroteca muestra que no hay intención de dar cabida a que las mujeres alcancen la secretaría general. Y es que, aunque las mujeres ocupan aproximadamente la mitad de los 45 puestos de los máximos órganos de dirección de CCOO, UGT, USO y CGT, ninguna ha alcanzado el máximo puesto en las organizaciones estatales o territoriales.
La excepción ha sido LAB, que en 2008 eligió a Ainhoa Etxaide como secretaria general y que posteriormente adoptó un modelo de dirección compartida entre un hombre y una mujer.
Ellas promovieron la huelga general
Aunque CCOO y UGT ya habían expresado su preocupación por la crisis habitacional y respaldado anteriores manifestaciones, el impulso de la convocatoria del 11 de noviembre partió del movimiento del Sindicato de Inquilinas. Fueron las organizaciones de inquilinas las que promovieron el llamamiento al paro y propusieron la fecha.
El 2 de octubre, CCOO y UGT expresaron su respaldo a las movilizaciones tras el rechazo parlamentario de los decretos de vivienda. Tres días después, anunciaron su acuerdo para convocar una huelga general de 24 horas, recogiendo la iniciativa impulsada desde el Sindicato de Inquilinas.

El Sindicato de Inquilinas compareció junto a CGT, Solidaridad Obrera y CO.BAS para confirmar la huelga del 11 de noviembre. Mientras tanto, CCOO y UGT, cuyos dirigentes tienen una gran presencia en el debate público, optaron por comunicar su respaldo mediante un escrito publicado poco antes de la rueda de prensa, en la que no participaron.
Preocupación reflejada en las encuestas
Además, el alcance de la preocupación social por la vivienda no solo se ha visto en las calles, también se refleja en los datos demoscópico. El último barómetro del CIS, publicado el 8 de octubre, mostró que el 76,3% de los españoles considera que el Estado debe intervenir en el mercado “tanto como sea necesario” para garantizar el acceso a una vivienda, mientras que el 41,6% asegura que la crisis habitacional le está perjudicando. Además, el 86,9% se declara muy o bastante preocupado por la situación.
Esta preocupación reflejada en el CIS no es reciente y, aunque el desahucio de Maricarmen del pasado 23 de septiembre fuese un punto de inflexión, el Sindicato de Inquilinas llevan años impulsando esta reivindicación. Sin embargo, ha sido en las últimas semanas cuando Del Río y Racu han conseguido canalizar parte de ese descontento y trasladar sus reivindicaciones de las asambleas y las calles a las tertulias y los platós de televisión. La acampada de la Puerta del Sol se ha convertido en uno de los principales focos de su protesta.

Frente a décadas de trayectoria de los grandes sindicatos, una organización mucho más pequeña ha conseguido adquirir una importante presencia pública por la crisis de la vivienda. Y al frente de esa movilización aparecen dos mujeres jóvenes que han dado rostro a una reivindicación que trasciende generaciones.

