Cada diez días, un niño o una niña pierde a su madre por la violencia de género en España

Desde 2013, 532 niños y niñas han quedado huérfanos por violencia machista. El comité de crisis pide no archivar de inmediato los casos cuando el agresor se suicida para facilitar ayudas y recursos

Cada diez días, un niño o una niña pierde a su madre por la violencia de género en España
Cada diez días, un niño o una niña pierde a su madre por la violencia de género en España
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Cada diez días, un niño o una niña pierde a su madre por la violencia de género en España. Mientras el asesinato llega a algunos titulares, quienes pierden a su madre, apenas obtienen foco mediático. Sin embargo, para ellos la historia no termina cuando acaba la investigación judicial. Es entonces cuando comienza una nueva vida marcada por el duelo, el cambio de hogar, la ausencia de su madre y, en muchos casos, también de su padre.

Desde que comenzaron los registros oficiales en 2013, 532 personas han quedado huérfanas antes de cumplir los 18 años como consecuencia de la violencia de género. Es una cifra que solo refleja una parte de la realidad, ya que las estadísticas oficiales no contabilizan a los hijos e hijas que ya habían alcanzado la mayoría de edad cuando su madre fue asesinada.

Una infancia que cambia para siempre

¿Qué ocurre cuando un niño o una niña pierde a su madre en un asesinato machista? ¿Quién decide dónde vivirá a partir de ese momento? En apenas unas horas comienza un proceso que transforma por completo su vida.

Cada diez días, un niño o niña quedan huérfanos por la violencia de machista
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En muchos casos, también se queda sin padre, detenido por el crimen o fallecido tras suicidarse. Otros tienen que abandonar su casa, cambiar de colegio o adaptarse a una nueva familia mientras las personas de su entorno intentan reorganizar una realidad que ha quedado rota de un día para otro.

A menudo son los abuelos, las abuelas, los tíos u otros familiares quienes asumen el cuidado. Personas que no solo están atravesando el duelo por la pérdida de una hija o una hermana, sino que de repente deben convertirse en responsables de una nueva unidad familiar, con nuevas necesidades económicas y emocionales.

Las heridas que no terminan con el asesinato

Quienes pierden a su madre por un asesinato machista también son víctimas directas de la violencia de género. Muchos han crecido en un entorno marcado por el miedo, el control y la violencia antes de que se produzca el asesinato.

Algunos presencian el crimen. Otros descubren después que la violencia formaba parte de su vida cotidiana. Los especialistas advierten de que las consecuencias pueden aparecer en distintos momentos de su desarrollo: problemas de sueño, ansiedad, dificultades escolares, sentimientos de culpa o problemas para construir relaciones afectivas.

Por eso las asociaciones y los expertos insisten en que la atención psicológica no puede limitarse a las primeras semanas tras el asesinato. El trauma puede reaparecer años después, durante la adolescencia o incluso en la edad adulta, y requiere un acompañamiento continuado.

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Crecer con el asesino como padre

El asesinato de la madre abre también un complejo recorrido judicial. Cuando el agresor es el padre, la pérdida se mezcla con decisiones sobre la patria potestad, la tutela, la relación con la familia paterna o la gestión de cuestiones económicas y legales.

A las consecuencias emocionales se suman las dificultades económicas y administrativas. Después del asesinato llegan trámites, solicitudes de ayudas, cambios de domicilio, gestiones relacionadas con la tutela y procesos que muchas familias afrontan mientras todavía están intentando asumir la pérdida.

No archivar la causa en caso de suicidio

Precisamente sobre la respuesta posterior al asesinato se pronunció el último comité de crisis, celebrado el pasado martes. Entre sus conclusiones, planteó no archivar de manera inmediata los casos en los que el agresor se suicida para facilitar la tramitación de ayudas y recursos.

Además, el comité propuso estudiar un acompañamiento específico para los huérfanos de la violencia machista con el objetivo de evitar la reproducción de perfiles de agresor o víctima.

Las asociaciones reclaman una respuesta más homogénea y un acompañamiento que no dependa del lugar donde vivan. También piden una mayor coordinación entre servicios sociales, justicia, educación y sanidad para evitar que estas familias tengan que recorrer solas un camino lleno de obstáculos.

Porque la violencia de género no termina con el asesinato. Ese día empieza para quienes quedan atrás una historia distinta: la de crecer sin su madre y aprender a reconstruir una vida marcada por la ausencia.

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.