Los siete de Cornell

La machosfera intenta poner cara a Jane Doe: el acoso contra la denunciante del caso Cornell

Usuarios de redes sociales tratan de revelar la identidad de la joven que denunció una violación grupal en Cornell, mientras cientos de mujeres responden con la campaña #IamJaneDoe para proteger su anonimato

 Jane Doe, la joven que denunció haber sido drogada y agredida sexualmente por siete miembros de la fraternidad Chi Phi en octubre de 2024, afronta ahora una campaña en internet para averiguar quién es y difundir públicamente su nombre.

Su abogado, Thomas Giuffra, asegura que la presión está afectando gravemente a su clienta. “Ella no está bien. Está siendo acosada en las redes sociales, donde la gente intenta identificarla”, explicó a CNN. Según el letrado, algunas mujeres incluso han sido señaladas erróneamente como la denunciante.

Jane Doe presentó en septiembre una demanda civil contra Cornell y siete antiguos estudiantes por una presunta agresión ocurrida durante la madrugada del 19 de octubre de 2024. Los hombres han negado haber cometido irregularidades, mientras la investigación penal, que inicialmente terminó sin cargos, ha sido reabierta. La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, nombró además a la fiscal general estatal, Letitia James, fiscal especial del caso.

Pero, mientras las autoridades vuelven a examinar lo ocurrido aquella noche, una parte de los usuarios de redes sociales han dejado de centrarse en la actuación de Cornell o en las acusaciones para dirigirse contra la mujer que denunció los hechos.

Doxxing

Uno de los episodios que más indignación ha generado fue protagonizado por el periodista y comentarista Michael Tracey, que pidió públicamente información para identificar a Jane Doe. Tracey defendió que conocer su nombre permitiría examinar su credibilidad y aseguró que publicar sus datos estaría protegido por la Primera Enmienda. Posteriormente llegó a publicar el nombre de una mujer que consideraba que podía ser la denunciante, aunque eliminó el mensaje poco después. No se ha podido comprobar que la identidad difundida fuera correcta.

Esto encaja en una práctica conocida como doxxing: la difusión sin consentimiento de información personal que permite identificar o localizar a alguien. En los casos de violencia sexual, sacar a una denunciante del anonimato puede además trasladar el escrutinio desde los hechos denunciados hasta la propia mujer.

No es un fenómeno exclusivo de Estados Unidos. España ya ha visto dinámicas similares en casos de enorme exposición pública. La víctima de La Manada sufrió la difusión de datos, fotografías e información sobre su vida privada después de denunciar la violación de los Sanfermines de 2016. También en torno al caso de Dani Alves circularon contenidos dirigidos a identificar y examinar a la denunciante.

“Yo soy Jane Doe”

Una vez roto el anonimato aparece con frecuencia otra discusión: cómo se comportó la mujer antes y después de la presunta agresión, qué publicó, dónde salió o si su reacción coincide con la imagen social de una “víctima perfecta”. El foco puede terminar desplazándose así desde la investigación hacia un juicio público sobre quien denuncia.

En Cornell, sin embargo, el intento de identificar a Jane Doe ha provocado una reacción inesperada. Cientos de mujeres han comenzado a inundar TikTok, X, Threads y otras plataformas con una misma frase: “Yo soy Jane Doe”.

El movimiento #IamJaneDoe busca dificultar los intentos de descubrir quién está detrás del pseudónimo y, al mismo tiempo, mostrar apoyo a la estudiante. Algunas participantes utilizan sus propios nombres; otras han compartido identidades falsas o referencias ficticias para contaminar las búsquedas en internet. Varias supervivientes de violencia sexual han aprovechado además la campaña para contar sus propias experiencias.

 

La movilización llega mientras el caso vuelve a estar bajo escrutinio institucional. Cornell sostiene que abrió una investigación interna, sancionó a estudiantes y cerró Chi Phi en el campus. La universidad también ha respaldado la nueva investigación y anunciado una revisión externa de su actuación.

Dos años después de la presunta agresión, Jane Doe no solo lucha para que las instituciones esclarezcan qué ocurrió aquella madrugada, sino también contra quienes intentan arrebatarle en internet algo que la ley de Nueva York le permite preservar: su anonimato.

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.