Durante 166 días, Aisha sobrevivió a un asesinato. La madrugada del 2 de febrero, dos hombres irrumpieron en su vivienda de Sevilla la Nueva (Madrid), la golpearon, la rociaron con un líquido inflamable y le prendieron fuego. Su bebé, de apenas seis meses, estaba con ella en la casa. A duras penas, consiguió pedir ayuda.
Este sábado, 166 días después del ataque, Aisha murió en el Hospital La Paz como consecuencia de las graves lesiones sufridas aquella madrugada. Tenía 30 años y tres hijos.
Los investigadores creen que los dos autores materiales actuaron por encargo del exmarido de Aisha, que permanece en prisión provisional junto a ellos. La causa continúa instruyéndose mientras la justicia trata de determinar las responsabilidades penales de un crimen que, por su planificación y extrema violencia, ha conmocionado incluso a los investigadores.
Cinco meses entre la vida y la muerte
Después del ataque llegaron las ambulancias, la UCI y las primeras intervenciones quirúrgicas. Aisha permaneció ingresada en la Unidad de Grandes Quemados del Hospital La Paz. Fue sometida a numerosas operaciones, injertos y tratamientos para intentar salvar su vida. Sin embargo, las infecciones y las complicaciones derivadas de las quemaduras acabaron provocando su muerte.
Su caso rompe también con la imagen más habitual de los asesinatos machistas, que suelen consumarse en el mismo momento de la agresión. En el suyo, la violencia siguió dejando sus consecuencias durante meses. Ese tiempo estuvo marcado por la incertidumbre de su familia y por la esperanza de que pudiera recuperarse.
Mientras tanto, la investigación avanzaba. La Guardia Civil identificó y detuvo a los dos hombres que presuntamente ejecutaron el ataque y, posteriormente, al exmarido de la víctima, considerado el inductor del crimen. Los tres permanecen en prisión provisional.

Quién era Aisha
Más allá del sumario judicial, Aisha era una mujer de 30 años y madre de tres hijos. El pequeño, de apenas tenía seis meses cuando se produjo el ataque. Según ha contado su familia, llevaba tiempo queriendo separarse de su marido y esperaba la llegada de sus padres desde Marruecos para comunicar esa decisión con su apoyo.
Uno de sus hermanos ha explicado públicamente que Aisha descubrió una infidelidad años antes y que aquella relación estaba rota. También sostiene que sufría un fuerte control dentro del entorno familiar de su marido y que había intentado abandonar la relación en varias ocasiones, según explicó la familia de la fallecida,
La investigación sí sostiene que existen indicios para considerar que el exmarido habría planificado el ataque y contratado a los dos presuntos autores materiales. Será la instrucción y, posteriormente, el juicio, quienes determinen las responsabilidades penales.
Sin denuncias previas
Aisha nunca había denunciado a su expareja y, por tanto, nunca estuvo en el Sistema VioGén. No existía ninguna valoración policial del riesgo ni medidas de protección cuando se produjo el ataque.

Su asesinato vuelve a recordar una realidad que se repite año tras año: la mayoría de las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas no estaban protegidas por VioGén porque nunca habían llegado a denunciar. La ausencia de denuncia no significa que no existiera violencia. En muchos casos refleja el miedo, el aislamiento, la dependencia económica o la dificultad para romper una relación marcada por el control.
Durante más de cinco meses, Aisha dejó de ser únicamente la víctima de un brutal ataque. Se convirtió en una paciente que luchaba por sobrevivir y en una madre cuya familia esperaba poder volver a llevar a casa. No pudo hacerlo.
Su muerte ha cerrado esa espera, pero ha abierto otra: la judicial. Será un tribunal quien determine quién planificó y ejecutó el crimen y con qué responsabilidad participó cada uno de los acusados. Mientras tanto, el nombre de Aisha se suma al de las mujeres asesinadas por violencia machista en España. Es la número 29 en lo que va de año y la 1.370 desde que hay registros.
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