Rafa Mir será juzgado este jueves por agresión sexual: las claves del caso

La Fiscalía pide diez años y medio de prisión para Rafa Mir por un delito de agresión sexual agravada con acceso carnal y otro delito de lesiones

El futbolista Rafa Mir llega escoltado por la Guardia Civil al juzgado n. 8 de Llíria (Valencia)
El futbolista Rafa Mir llega escoltado por la Guardia Civil al juzgado n. 8 de Llíria (Valencia)
EFE

El juicio contra Rafa Mir arranca este jueves en la Audiencia Provincial de Valencia con una petición de pena demoledora: la Fiscalía solicita diez años y medio de prisión por un delito de agresión sexual agravada con acceso carnal y otro delito de lesiones. El Ministerio Público sostiene que el futbolista agredió sexualmente a una joven de 21 años en su vivienda de Torre en Conill, en Bétera, durante la madrugada del 1 de septiembre de 2024.

La clave del caso ya no está en discutir si hubo contacto sexual. Eso el propio Rafa Mir lo ha reconocido. El futbolista admitió durante la instrucción que introdujo los dedos a la víctima tanto en la piscina como posteriormente en el baño de la vivienda. La gran cuestión que deberá resolver el tribunal es si existió consentimiento o si, como sostiene el escrito de acusación, la joven fue forzada y agredida sexualmente.

El relato de la Fiscalía es muy duro

Según la acusación, todo comenzó después de que Mir mantuviera relaciones sexuales consentidas con la amiga de la denunciante en otra estancia de la casa. La joven se molestó por la situación y se apartó junto a la piscina. El propio futbolista reconoció que la vio “enfadada”. A partir de ahí, según la denunciante, él la lanzó vestida al agua y comenzó a realizarle tocamientos sin consentimiento.

Rafa Mir
Rafa Mir
Europa Press

El episodio más grave llega después. La Fiscalía sostiene que Mir la agarró del brazo y la llevó al baño por la fuerza. Allí, según la versión de la joven, volvió a introducirle los dedos mientras ella lloraba y le pedía que parara. Las lesiones en el brazo y el estado de ansiedad posterior son dos de los elementos en los que se apoya la acusación para sostener que no hubo consentimiento alguno.

La defensa mantiene exactamente lo contrario. El futbolista asegura que todo fue consentido y describe lo ocurrido como una situación que “fue fluyendo”. Su abogado ha tratado de sostener que la denuncia nace realmente de una escena de celos entre las dos amigas después de que el jugador mantuviera relaciones con una y tonteara con la otra.

 Las jóvenes abandonaron la vivienda semidesnudas y en estado de ansiedad

Sin embargo, la estrategia defensiva tiene un problema evidente: explicar cómo una joven que, según el propio acusado, estaba enfadada, apartada y molesta, pasa de repente a consentir unas prácticas sexuales que posteriormente denunció de manera inmediata.

Además, la gran baza de la defensa, unos vídeos grabados aquella madrugada y aportados al procedimiento, no parece resolver la cuestión central. Las imágenes muestran bromas y actitud aparentemente distendida, pero no desmontan la acusación de agresión sexual ni aclaran lo ocurrido dentro del baño, que es precisamente el núcleo del procedimiento, según explica el diario Las Provincias.

Al futbolista Pablo Jara le piden tres años de prisión

Pero Rafa Mir no se sentará solo en el banquillo. Junto a él será juzgado el también futbolista Pablo Jara, amigo de Mir, para quien la Fiscalía pide tres años de prisión por otra presunta agresión sexual a la segunda joven que acudió aquella noche a la vivienda. Según el escrito de acusación, Jara realizó tocamientos en los pechos y por encima de la ropa interior de la joven hasta en tres ocasiones dentro de la piscina pese a la negativa expresa de ella.

La Fiscalía también le acusa de un delito leve de lesiones por el puñetazo que habría propinado a la chica cuando ambas abandonaban la vivienda semidesnudas. Según la acusación, mientras las echaban de la casa les gritaban “niñatas” y les lanzaban la ropa por encima de la valla.

El Ministerio Público considera además especialmente relevante el comportamiento posterior de las jóvenes, que abandonaron la urbanización llorando, nerviosas y en estado de ansiedad, según varios testigos recogidos en la causa. La víctima de Rafa Mir sostiene desde el primer momento la misma versión: que lloró, pidió parar y que el futbolista continuó.

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