Arte

No faltaban mujeres en los museos: faltaba contar qué hacían allí

Más allá de incorporar más obras de artistas mujeres, el Prado y el Rijksmuseum unen fuerzas para revisar cómo se ha contado la historia del arte europeo y recuperar el papel de quienes gobernaron, coleccionaron, encargaron y financiaron la cultura

No faltaban mujeres en los museos: faltaba contar qué hacían allí.
No faltaban mujeres en los museos: faltaba contar qué hacían allí.
Montaje: kiloycuarto

Durante décadas, una de las respuestas más habituales al desequilibrio de género en los grandes museos consistió en recuperar a una artista olvidada, incorporar su obra a las salas o dedicarle una exposición. Un trabajo necesario, pero que no siempre alteraba la estructura del relato histórico en el que esas creadoras volvían a aparecer.

Ahora, dos de las instituciones culturales más importantes de Europa —el Museo Nacional del Prado, en Madrid, y el Rijksmuseum, en Ámsterdam— quieren ir un paso más allá. Ambos museos han establecido una colaboración internacional de investigación destinada a revisar de manera permanente la presencia de las mujeres en sus colecciones y, con ella, algunos de los relatos tradicionales sobre la historia compartida de España y los Países Bajos.

La propuesta amplía deliberadamente el foco más allá de la autoría. No se trata únicamente de preguntarse qué mujeres pintaron, esculpieron o diseñaron, sino también quién encargó las obras, quién reunió las colecciones, quién financió a los artistas, quién gobernó y quién utilizó el arte como instrumento de representación y poder.

La premisa puede parecer sencilla, pero tiene importantes consecuencias: las mujeres no estuvieron ausentes de la historia del arte. Lo que a menudo faltó fue investigar y explicar adecuadamente el papel que desempeñaron dentro de ella.

La nueva alianza reúne dos proyectos que llevan años avanzando precisamente en esa dirección.

En Ámsterdam, Women of the Rijksmuseum funciona desde 2021 con un equipo interdisciplinar dedicado a incrementar de forma estructural la visibilidad de las mujeres en la colección y en el propio relato del museo. Desde entonces se han investigado más de 450 objetos, adquirido obras de artistas como Gesina ter Borch, Maria van Oosterwijck o Marlow Moss y revisado numerosos textos de sala desde una perspectiva que incorpora las historias de las mujeres.

El proyecto comenzó con gestos de gran carga simbólica, como la incorporación de obras de mujeres a la Galería de Honor, pero pronto amplió el campo de investigación hacia coleccionistas, mecenas, donantes y personajes históricos cuya presencia en el museo había quedado relegada o insuficientemente explicada.

En Madrid, El Prado en femenino siguió una evolución parecida. Nacido inicialmente como proyecto de investigación, se ha convertido en una iniciativa permanente y transversal del museo con nueve áreas de actuación, entre ellas investigación, documentación, exposiciones, publicaciones, educación, desarrollo digital, comunicación y colaboración internacional.

MADRID, 01/10/2026.- Fachada del Museo del Prado en Madrid. El Rijksmuseum de Ámsterdam y el Museo Nacional del Prado de Madrid unen fuerzas para investigar el papel de las mujeres en el arte y la historia compartida de España y Países Bajos, una colaboración que culminará en 2029 con una exposición sobre tres mujeres que gobernaron Países Bajos durante buena parte del siglo XVI. EFE/Museo Nacional Del Prado SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)
Fachada del Museo del Prado en Madrid.
EFE/Museo Nacional Del Prado

Sus distintos itinerarios, exposiciones y publicaciones han recuperado historias muy diferentes: desde las artistas Clara Peeters y Sofonisba Anguissola hasta figuras como Isabel Clara Eugenia, Cristina de Suecia o Isabel de Farnesio, fundamentales como promotoras, coleccionistas o agentes políticas y culturales.

La diferencia no es menor. Una historia del arte que se limita a identificar autores deja fuera buena parte de la infraestructura que permitió que esas obras existieran: redes cortesanas, encargos, herencias, diplomacia, colecciones y estrategias de representación.

Un ejemplo especialmente claro es el de Cristina de Suecia.

La reina, que abdicó en 1654 y posteriormente se instaló en Roma, fue una de las grandes coleccionistas de la Edad Moderna. Allí reunió en el palacio Riario un importante conjunto de esculturas antiguas, además de desarrollar una intensa actividad cultural e intelectual. Buena parte de aquellas esculturas acabaría siendo adquirida en 1724 por Felipe V e Isabel de Farnesio y constituye hoy uno de los núcleos más importantes de la colección clásica del Prado.

Su influencia sobre las colecciones españolas fue, además, mucho más amplia. Las célebres tablas de Adán y Eva de Alberto Durero llegaron a manos de Felipe IV como regalo de la propia Cristina en 1654, después de haber pasado a la colección sueca tras el saqueo de Praga.

Mirar a Cristina únicamente como la reina que renunció al trono significa, por tanto, perder otra historia: la de una mujer capaz de movilizar obras, artistas, contactos diplomáticos y colecciones a través de las cortes europeas.

Ese tipo de preguntas está también en el centro de la nueva colaboración entre Madrid y Ámsterdam.

El acuerdo contempla encuentros entre especialistas, un programa internacional de becas posdoctorales y una exposición en el Rijksmuseum. La primera beca comenzará en septiembre de 2027 —con el proceso de selección abierto desde octubre de 2026— y permitirá investigar tanto en las colecciones del Prado como en las del museo neerlandés.

La investigación pondrá el foco en el papel, el gobierno y la representación de las mujeres dentro del Imperio de los Habsburgo, prestando especial atención a las conexiones entre los contextos español y neerlandés.

Bartolomé González, ‘La reina Margarita de Austria’ (1609).
Museo Nacional del Prado

Ese trabajo desembocará en 2029 en una gran exposición del Rijksmuseum dedicada al liderazgo femenino en los Países Bajos de los Habsburgo durante el siglo XVI.

Sus protagonistas serán Margarita de Austria, María de Hungría y Margarita de Parma, cuyas etapas de gobierno sumaron en conjunto cerca de sesenta años. La muestra estudiará no solo su autoridad política, sino también su imagen pública y el papel que desempeñó el arte durante sus regencias.

El matiz histórico importa. No gobernaron unas «Provincias Unidas» plenamente constituidas, sino los Países Bajos integrados entonces en la estructura política de los Habsburgo. Precisamente ahí radica parte del interés de la exposición, que analiza cómo tres mujeres ejercieron poder político y utilizaron la cultura visual dentro de uno de los sistemas cortesanos más complejos de la Europa moderna.

La colaboración entre el Prado y el Rijksmuseum demuestra así que revisar el canon no consiste únicamente en encontrar nombres que faltaban. Implica también modificar las preguntas que se hacen a obras que llevan décadas —o siglos— expuestas.

¿Quién compró ese cuadro? ¿Quién encargó ese retrato? ¿Quién decidió cómo debía representarse una reina? ¿Quién heredó una colección? ¿Qué mujer convirtió el arte en instrumento diplomático, familiar o político?

Cuando esas preguntas cambian, cambia también la historia que cuenta el museo.

Ese es probablemente el paso más ambicioso de proyectos como El Prado en femenino y Women of the Rijksmuseum. No crear una historia paralela de «mujeres en el arte», sino integrar sus acciones en el relato general al que siempre pertenecieron.

Porque reescribir la historia del arte no significa alterar el pasado. Significa reconocer que, durante demasiado tiempo, lo estuvimos mirando de manera incompleta.

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