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‘Se tiene que morir mucha gente’: herencias, mujeres furiosas y el placer de arruinar la familia perfecta

La nueva adaptación televisiva de la novela de Victoria Martín mezcla sátira social, duelo, dinero y vínculos rotos en una ficción donde las mujeres ya no quieren sostener el decorado familiar

Unos días después, el 21, Movistar Plus+ estrena la comedia Se tiene que morir mucha gente con Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr
Unos días después, el 21, Movistar Plus+ estrena la comedia Se tiene que morir mucha gente con Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr

Las familias felices llevan años dejando de interesar a la ficción. O, al menos, ya no interesan tanto como las familias que se descomponen lentamente alrededor de una mesa, un funeral o una herencia. Ahí es exactamente donde se instala Se tiene que morir mucha gente, la nueva serie basada en la novela homónima de Victoria Martín, una de las voces más afiladas de la nueva narrativa española contemporánea.

La adaptación, uno de los proyectos televisivos más comentados del panorama audiovisual español, traslada a la pantalla una historia donde el humor negro convive con la rabia generacional, el cansancio emocional y la demolición sistemática de esa idea tradicional de familia que tantas mujeres han sostenido durante décadas.

Publicada originalmente como una novela ferozmente irónica sobre vínculos familiares, privilegio y frustración, Se tiene que morir mucha gente se convirtió rápidamente en un fenómeno entre lectoras jóvenes por su manera de hablar de resentimiento, precariedad emocional y agotamiento femenino sin necesidad de buscar personajes ejemplares o moralmente impecables. La protagonista no quiere ser “la buena hija”, ni “la mujer madura”, ni la adulta funcional que sostiene el equilibrio emocional de todos los demás. Y precisamente ahí reside gran parte de la potencia del relato.

Cartel oficial de la película 'Se tiene que morir mucha gente'
Cartel oficial de la película ‘Se tiene que morir mucha gente’

La serie, compuesta por seis episodios de media hora, está creada, escrita y parcialmente dirigida por la propia Victoria Martín junto a Sandra Romero y Nacho Pardo. El reparto reúne a algunas de las intérpretes más interesantes de su generación: Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr encarnan a Bárbara, Maca y Elena, tres amigas atravesadas por el fracaso sentimental, el cansancio emocional y una adultez que nunca llegó a parecerse a lo prometido. También participa Sofía Otero, ganadora del Oso de Plata en Berlín por 20.000 especies de abejas, como la versión adolescente de la protagonista. Completan el elenco Alba Galocha, Óscar de la Fuente, Ramón Rados y Yunez Chaib.

La premisa es tan incómoda como reconocible. Bárbara vive frustrada, atrapada en un trabajo que detesta y enganchada a las benzodiacepinas; Maca intenta sobrevivir como actriz mientras trabaja de camarera; Elena está embarazada tras casarse con un empresario hotelero de 60 años. Las tres fueron juntas al colegio y, veinte años después, siguen siendo amigas “más o menos”, según resume la propia serie. La crisis personal de Bárbara terminará haciendo estallar un equilibrio que llevaba demasiado tiempo sostenido artificialmente.

La adaptación conserva el tono ácido, incómodo y profundamente generacional de la novela original, convertida desde su publicación en un pequeño fenómeno entre lectoras jóvenes por su capacidad para hablar del agotamiento femenino sin disfrazarlo de superación personal. Aquí no hay mujeres aspiracionales ni personajes diseñados para caer bien. Hay rabia, precariedad emocional, ansiedad y humor negro. Mucho humor negro.

Precisamente ahí reside una de las claves de la serie: en permitir que sus protagonistas sean desagradables, contradictorias, egoístas o crueles sin que la ficción las castigue constantemente por ello. En los últimos años, las series escritas desde voces femeninas han empezado a ocupar territorios que antes parecían reservados a personajes masculinos: el resentimiento, la furia, la mediocridad, la ambición o el deseo de dinamitarlo todo. Se tiene que morir mucha gente entra de lleno en esa tradición reciente que conecta con títulos como Fleabag, Girls o Big Little Lies, aunque aterrizada en una España reconocible donde las crisis económicas, el precio de la vivienda y la precariedad vital atraviesan cada conversación.

También hay una mirada muy concreta sobre la amistad femenina. No idealizada, no necesariamente sorora todo el tiempo, pero sí profundamente íntima. Mujeres que se hieren, se decepcionan y se juzgan, aunque siguen acompañándose porque comparten algo parecido a una supervivencia generacional.

El título funciona además como una broma brutal sobre el bloqueo económico y emocional de toda una generación. La herencia aparece como fantasía colectiva, como salida imposible y como comentario social sobre una precariedad cronificada donde emanciparse, comprar una casa o construir una vida estable parece depender siempre de algo externo, accidental o heredado.

Movistar Plus+ ha situado la serie como una de sus grandes apuestas originales del año y la ficción ya ha pasado por festivales como Canneseries antes de su estreno comercial. Lo que propone no es exactamente una comedia ni exactamente un drama. Es algo más reconocible y quizá más incómodo: la sensación de que muchas mujeres han aprendido a sobrevivir riéndose mientras todo alrededor amenaza con desmoronarse.

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