Este jueves, 100 mujeres de entre 20 y 26 años se presentaron en el Centro de Entrenamiento de Guerra Material de la ciudad de Lamia, en Grecia central, para iniciar un año de servicio militar voluntario. Es la primera vez en la historia del país que las mujeres pueden alistarse como soldadas en unidades regulares en igualdad de condiciones con los hombres.
Hasta ahora, su presencia en las Fuerzas Armadas griegas estaba limitada a la oficialidad o a puestos técnicos mediante vías específicas. La apertura responde a una reforma introducida en 2025 por el Ministerio de Defensa griego, que fijó en 100 las plazas disponibles para esta primera convocatoria, con la intención de ampliarlas paulatinamente. Durante los meses previos se presentaron cientos de solicitudes, de las que solo 170 cumplían los requisitos.
Por qué ahora
La decisión griega no es casual. El país afronta una combinación de factores que hacen necesario ampliar su base de personal militar: la presión demográfica, las históricas tensiones con Turquía en el Mediterráneo Oriental y la voluntad de alinear sus Fuerzas Armadas con los estándares europeos, donde la participación femenina en unidades operativas es cada vez más habitual.
Las mujeres seleccionadas realizarán el mismo programa de formación que los soldados masculinos, podrán optar posteriormente a convertirse en oficiales de reserva y su período de servicio será reconocido como experiencia profesional.
España, referencia de igualdad militar
Mientras Grecia da su primer paso, España lleva décadas incporrando mujeres en sus filas. Las Fuerzas Armadas españolas abrieron sus puertas a las mujeres en 1988 y desde 2001, con la profesionalización completa del ejército y la suspensión del servicio militar obligatorio, el modelo es plenamente voluntario e igualitario para ambos géneros, sin distinción de roles ni especialidades. Cualquier mujer puede acceder a todos los cuerpos, escalas y especialidades, incluidas las de combate.

El sistema de reservistas voluntarias es otro indicador del avance español. Según datos del Ministerio de Defensa, en 2024 había 589 mujeres reservistas en España, 319 de ellas activas, en un modelo que lleva funcionando desde 2011 y que no distingue por género en ninguna de sus convocatorias.
El mapa europeo
Grecia no es un caso aislado dentro de la Alianza Atlántica. Noruega fue el primer país europeo en introducir el servicio militar obligatorio sin distinción de género, en 2015, seguido por Suecia en 2017. Dinamarca se sumó a este grupo en 2026 con un sistema de lotería que incluye a todas las mujeres que cumplan 18 años en igualdad de condiciones con los hombres, con un servicio de 11 meses.

En el extremo opuesto, países como Austria, Chipre, Estonia, Finlandia, Letonia y Lituania mantienen el servicio obligatorio exclusivamente para hombres, aunque en todos ellos las mujeres pueden alistarse de forma voluntaria para distintas funciones según el país. Estonia, además, estudia extender la obligatoriedad a las mujeres ante la caída demográfica, que amenaza con dejar al país sin suficientes reclutas masculinos para 2040.
Una tendencia impulsada por dos motores
Detrás de todos estos movimientos hay dos fuerzas que se retroalimentan: la amenaza geopolítica derivada de la guerra en Ucrania y el descenso demográfico que reduce el número de jóvenes disponibles para el servicio. La incorporación de la mujer a los ejércitos europeos ya no es solo una cuestión de igualdad, sino también una necesidad estratégica. Grecia lo ha entendido así, siguiendo un camino que España trazó hace casi cuatro décadas.

