Lo que hace apenas unas semanas era una celebración histórica se ha transformado en una carrera contrarreloj. El Lobas Global Atac Oviedo, que logró sobre la pista el ansiado ascenso a la máxima categoría del balonmano femenino nacional, se encuentra ahora ante un desafío muy diferente: garantizar la viabilidad económica del proyecto para poder competir entre los mejores equipos del país.
El club necesita cerrar en los próximos días una importante cantidad de financiación para completar el presupuesto de la próxima temporada. Aunque las administraciones han mostrado su respaldo, la continuidad del sueño pasa ahora por la incorporación de nuevos patrocinadores y apoyos privados. Mientras se acerca la fecha límite, la incertidumbre se ha instalado en una plantilla que todavía intenta asimilar cómo un éxito deportivo de semejante magnitud puede quedar condicionado por factores ajenos a la competición.
En una entrevista concedida a Artículo 14, la capitana del equipo, Celia Rojo, reconoce que el momento es especialmente duro para el grupo. Después de firmar una de las mayores gestas de la historia reciente de la entidad, las jugadoras aguardan pendientes de una resolución que determinará si el ascenso conquistado con esfuerzo podrá hacerse realidad. “Consigues todos los objetivos en el campo, pero por desgracia no cuentas con el apoyo necesario para cumplir un sueño“, lamenta la jugadora.
La cara amarga del ascenso
La alegría que acompañó al ascenso ha dado paso a la preocupación. Después de completar una temporada histórica y asegurarse el billete hacia la élite del balonmano español, las jugadoras del Lobas Oviedo viven ahora pendientes de una situación que escapa completamente a su control.
Celia Rojo admite que el momento está siendo especialmente complicado para la plantilla. La capitana explica que el equipo afronta con inquietud los días decisivos que determinarán el futuro del proyecto y confiesa que todas esperan recibir una noticia que permita mantener vivo el sueño por el que han luchado durante toda la temporada.
La incertidumbre resulta aún más difícil de gestionar por lo que representa la Liga Guerreras Iberdrola para cualquier jugadora. Alcanzar la máxima categoría era el objetivo que muchas perseguían desde niñas y, tras conseguirlo sobre la pista, asumir que podría no hacerse realidad por motivos económicos supone un golpe difícil de encajar. “Cuando lo consigues por tus propios méritos y no se puede cumplir por algo que no depende de nosotras, duele muchísimo“, reconoce Rojo.

Una temporada de resistencia
El éxito deportivo del Lobas adquiere una dimensión aún mayor al analizar todo lo que el equipo ha tenido que afrontar durante los últimos meses. La plantilla convivió con situaciones especialmente duras que pusieron a prueba la fortaleza del grupo tanto dentro como fuera de la pista.
Celia Rojo no duda en definir la campaña como una de las más complicadas de su trayectoria deportiva. La capitana recuerda que el club tuvo que afrontar el fallecimiento de su presidente justo antes del inicio de la temporada y, meses después, el infarto sufrido por el entrenador en plena competición.
Sin embargo, lejos de dejarse vencer por las circunstancias, el vestuario encontró en esas dificultades una razón extra para seguir adelante. “El equipo reaccionó como lo que es: un equipo. Unimos fuerzas, dejamos atrás todo lo ocurrido y peleamos por el objetivo también por ellos y por sus familias“, explica.
Por ese motivo, la posibilidad de competir en la máxima categoría trasciende el simple logro deportivo. Para las jugadoras supondría poner el broche a un año lleno de obstáculos, sacrificios y momentos difíciles. “Sería el premio a una temporada que ha sido una auténtica locura“, señala Rojo, convencida de que alcanzar la élite sería la mejor recompensa al esfuerzo realizado por toda la familia del Lobas.
Una espera llena de incertidumbre
Entre todas las emociones que han acompañado al equipo durante las últimas semanas, hay una que sobresale por encima del resto. Celia Rojo la menciona una y otra vez cuando intenta describir cómo está viviendo la plantilla este momento: impotencia.
Las jugadoras observan cómo el futuro del proyecto depende ahora de factores que escapan completamente a su control. Después de haber cumplido con creces sobre la pista, sienten que poco más pueden hacer para ayudar a garantizar la presencia del equipo en la máxima categoría. “Creo que es la palabra correcta. Impotencia por no poder ayudar a conseguirlo“, reconoce la capitana. “Estamos esperando que la empresa privada dé un paso adelante y, mientras tanto, solo nos queda esperar“.
Para Rojo, la situación que atraviesa el Lobas no es un caso aislado, sino el reflejo de una problemática que afecta a numerosos equipos femeninos. La capitana considera que los éxitos deportivos no siempre encuentran el respaldo necesario fuera de la competición y lamenta que muchos proyectos sigan teniendo dificultades para atraer los recursos que necesitan para crecer.
“Es un claro ejemplo de a lo que nos enfrentamos los clubes femeninos“, afirma. “Es verdad que el deporte masculino atrae a más gente, pero ¿por qué no ayudar al femenino a conseguir la misma visibilidad?“. Una reflexión que, a su juicio, pone de manifiesto que el desarrollo del deporte femenino continúa dependiendo en gran medida de la inversión económica y del compromiso de quienes deciden apostar por estos proyectos.
El apoyo que sigue faltando
En plena cuenta atrás para asegurar su presencia en la élite, Celia Rojo lanza un mensaje directo al tejido empresarial asturiano. La capitana reconoce que una de las mayores sorpresas de esta situación ha sido la falta de apoyos privados para un proyecto que considera consolidado, cercano y con un importante impacto social en la ciudad.
La jugadora recuerda que el Lobas no solo representa a un equipo que acaba de lograr un ascenso histórico, sino también a una estructura deportiva que trabaja cada día con cientos de jóvenes deportistas. “Somos un club familiar de Oviedo, con 200 niñas en la base, y nos cuesta creer que nadie quiera sumarse a un proyecto tan bonito“, afirma.
Rojo insiste en que el valor del club va mucho más allá de los resultados deportivos. A su juicio, el Lobas se ha convertido en un referente para muchas niñas y en un escaparate para el deporte femenino asturiano. Por ello, lamenta que todavía no haya aparecido el respaldo empresarial necesario para garantizar la continuidad del proyecto en la máxima categoría.
La capitana también advierte de las consecuencias que tendría una eventual renuncia al ascenso. Después de una temporada sobresaliente y de conquistar una plaza muy difícil de alcanzar, Asturias podría quedarse sin representación en la élite del balonmano femenino nacional. “Conseguir una plaza así cuesta muchísimo y muchos clubes querrían ocuparla“, señala. “Creo que la ciudad no se da cuenta de la importancia que tiene“.
Un mensaje preocupante para la base
La incertidumbre que rodea al futuro del Lobas preocupa especialmente por el efecto que puede generar en las jugadoras más jóvenes del club. La entidad cuenta con una amplia cantera y muchas niñas siguen cada fin de semana los pasos del equipo con la ilusión de algún día vestir la misma camiseta.
Celia Rojo reconoce que esa es una de las cuestiones que más le inquietan. La capitana lamenta que las futuras generaciones puedan encontrarse con el mensaje de que el éxito deportivo no siempre garantiza una recompensa acorde al esfuerzo realizado. “Es una pena que las niñas que vienen detrás tengan que ver esto”, explica. “Vienen todos los sábados a animarnos, ven todo el trabajo que hay detrás de cada victoria y, al final, no entienden cómo algo que se consigue en la pista puede perderse fuera de ella“.
Para la jugadora, la situación trasciende el presente del equipo y afecta también a quienes sueñan con seguir sus pasos en el futuro. Rojo considera fundamental que las jóvenes deportistas perciban que la dedicación, el compromiso y el trabajo diario tienen un reconocimiento. “Genera desmotivación en la base“, advierte. “Ellas serán quienes ocupen nuestros lugares dentro de unos años y necesitan creer que el esfuerzo tiene recompensa“.

A la espera del milagro
Aunque la situación es crítica y el tiempo juega en contra del club, en el vestuario todavía hay espacio para la esperanza. Celia Rojo reconoce que la incertidumbre es inevitable, pero asegura que se niega a renunciar a la posibilidad de ver al Lobas compitiendo en la máxima categoría la próxima temporada.
La capitana mantiene la confianza en que durante los próximos días pueda aparecer la ayuda necesaria para completar el presupuesto y hacer realidad un ascenso que el equipo se ganó sobre la pista. “No voy a perder la esperanza hasta el último minuto“, afirma. “Sé que ni el Ayuntamiento ni el Principado nos van a dejar caer. Solo espero que aparezca un milagro en estos últimos días”.
Más allá de la urgencia económica, Rojo insiste en que lo que está en juego supera con creces los intereses de la plantilla. La jugadora recuerda que detrás del primer equipo hay una estructura deportiva, una afición y cientos de personas que han acompañado al club durante años y que también sueñan con ver al Lobas en la élite.
“El sueño no es solo de 14 jugadoras“, subraya. “Está en juego la ilusión de todo un club que quiere consolidarse entre los grandes del balonmano español“. Con ese mensaje, la capitana vuelve a apelar al apoyo de la sociedad asturiana y de quienes todavía pueden contribuir a impulsar el proyecto. “Tenemos a mucha gente detrás que nos ve vivirlo y sufrirlo. Nosotras confiamos a muerte en este proyecto. Solo necesitamos que ellos también confíen“.

