En la carrera de Arene Altonaga caben dos épocas del fútbol femenino. Una en la que jugar en Primera no bastaba para vivir del deporte y otra en la que una futbolista podía convertirlo en su profesión. Ella pasó de una a otra sin cambiar de pasión: siguió jugando mientras estudiaba, trabajaba, ascendía a Primera y se convertía en capitana del Eibar.
Del Athletic a una doble vida
Altonaga nació en Leioa en 1993 y empezó a jugar al fútbol siendo muy pequeña. Su progresión fue rápida y con solo 15 años entró en el Athletic Club, donde debutaría con el primer equipo poco después. También tuvo una trayectoria destacada con las categorías inferiores de la selección española. En 2010 se proclamó campeona de Europa Sub-17 y ese mismo año consiguió el bronce en el Mundial de la categoría.
Sin embargo, aquel comienzo prometedor no significaba que el fútbol pudiera ocupar todo su tiempo. Como muchas jugadoras de su generación, tuvo que pensar también en qué haría fuera del terreno de juego. Estudió Educación Infantil y Primaria, con especialización en Educación Física, y terminó trabajando como profesora mientras continuaba compitiendo.
Durante esos años, preparar un partido no era simplemente acudir al entrenamiento. Había que encajar los horarios con el trabajo y los estudios, desplazarse y llegar a las sesiones después de una jornada completa. La propia Altonaga ha explicado que nunca pensó que llegaría a poder dedicarse únicamente al fútbol.
La profesionalización fue cambiando esa realidad y ella también pudo dar ese paso. En un momento de su carrera decidió dejar su trabajo y centrarse exclusivamente en el fútbol. Por primera vez, aquello que había empezado como una afición durante su infancia podía convertirse en su única profesión.
Ocho temporadas en Eibar
En 2018, con 25 años, Altonaga llegó al Eibar después de haber pasado por el Athletic, Oiartzun y Zaragoza. El club armero todavía estaba construyendo su proyecto femenino y las diferencias con el Eibar que dejaría ocho años después eran evidentes.
Altonaga formó parte de ese proceso desde el principio. En sus primeros años, el equipo ni siquiera entrenaba en Eibar y los recursos eran mucho más modestos. Con el paso del tiempo fueron llegando mejores instalaciones, más medios y una estructura cada vez más profesional.

El primer gran premio llegó en 2020, con el ascenso a Primera. La celebración, sin embargo, quedó marcada por la pandemia. Las restricciones hicieron imposible disfrutar del momento como estaba previsto y las jugadoras tuvieron que compartir buena parte de la alegría desde sus casas.
El paso por la élite terminó con un descenso, pero Altonaga continuó en el Eibar. En 2023 volvió a celebrar un ascenso, esta vez con un equipo que había aprendido de la experiencia anterior. Para entonces, ella ya era una de las futbolistas con más recorrido dentro del vestuario y una pieza importante en la identidad del conjunto armero.
La veterana que terminó siendo capitana
Su importancia fue creciendo con los años hasta formar parte del grupo de capitanas. Compartió esa responsabilidad con otras futbolistas veteranas como Laura Camino y Ane Etxezarreta, mientras se convertía en uno de los rostros más reconocibles del Eibar femenino.
Los números dejan una fotografía de su recorrido: 171 partidos y ocho goles en la máxima categoría. En su última temporada disputó 27 encuentros de Liga F Moeve y uno de Copa de la Reina. Son cifras importantes, aunque probablemente no sean las que mejor explican lo que significó su paso por el club.
Hay otro dato mucho más representativo: ocho temporadas en el Eibar. Llegó cuando el proyecto todavía estaba creciendo y se marchó después de haber vivido dos ascensos y de haber acompañado al equipo durante una transformación profunda.
Una despedida en Ipurua
El 31 de mayo de 2026, Altonaga disputó sus últimos minutos como futbolista en Ipurua. El Eibar se enfrentó al DUX Logroño y cerró la temporada con una victoria. Después del encuentro llegó el homenaje de la afición, que despidió a una jugadora que había pasado casi una década vinculada al club.

Su retirada puso punto final a una carrera que permite entender cómo ha cambiado el fútbol femenino en España sin necesidad de recurrir únicamente a grandes cifras. Altonaga pertenece a una generación que tuvo que buscarse la vida fuera del campo mientras competía al máximo nivel y que, con el paso de los años, vio cómo ese mismo deporte empezaba a ofrecer otras posibilidades.
Ella comenzó compaginando el fútbol con los estudios y el trabajo y terminó pudiendo elegir el balón como profesión. Entre esos dos momentos transcurrieron 17 años de carrera y una transformación que Arene Altonaga vivió desde dentro.

