BALONCESTO

El bronce que devuelve a España al podio mundial: “No tenemos techo”

La selección española vuelve a colgarse una medalla mundial ocho años después, con una generación que invita a mirar al futuro con ilusión

España vuelve a estar entre las mejores del mundo. Ocho años después de su último metal mundial, la selección se colgó en Berlín un bronce que va mucho más allá de una medalla.

Recibidas en el aeropuerto por cientos de personas, su logro mundialista sumado a la plata en el Eurobasket evidencia una generación que brilla con lu propia.


El equipo de Miguel Méndez demostró carácter para levantarse tras quedarse a las puertas de la final y confirmó, con una mezcla de veteranía y juventud, que el baloncesto femenino español vuelve a mirar al futuro con ambición. El podio deja nombres propios, historias y muchas razones para pensar que esto no ha hecho más que empezar.

Una medalla con muchas lecturas

España no llegó al partido por el bronce para cerrar un Mundial, sino para demostrar que el golpe de la semifinal no había cambiado nada. Estados Unidos había frenado el sueño de la final, pero también había dejado una certeza: la selección podía competir contra el gran dominador del baloncesto mundial. “Han sentido el miedo de jugar contra España”, dijo Iyana Martín después de aquella derrota. Al día siguiente, el equipo respondió con un 81-58 ante Alemania y convirtió esa sensación en una medalla.

El resultado coloca a España en el podio mundial por cuarta vez: bronce en 2010, plata en 2014, bronce en 2018 y ahora otro bronce en Berlín. Es, además, el quinto país con más medallas en la historia de los Mundiales. Pero los números cuentan solo una parte de la historia. El torneo también ha dejado la imagen de un equipo capaz de combinar la experiencia de Alba Torrens, María Conde o Maite Cazorla con el desparpajo de Iyana, Awa Fam, Elena Buenavida y Alicia Flórez. Una mezcla que ya había llevado a España a ser subcampeona de Europa y que en Berlín ha dado un paso más.

“En mi equipo nadie piensa en perder. No importa el rival”, había avisado Miguel Méndez antes de jugarse el bronce. Y esa mentalidad terminó definiendo a una selección que, más allá del resultado, ha vuelto a hacerse reconocible: defensa, juego colectivo y talento joven sin renunciar a las jugadoras que llevan años sosteniendo al equipo. El propio seleccionador resumió después el valor de todo lo vivido con una frase mucho más amplia que cualquier estadística: “Me quedo con el camino”. Berlín deja una medalla, pero también la sensación de que España ha encontrado una nueva forma de competir sin perder la identidad.

De Alba a Iyana: el relevo ya está aquí

Si Berlín necesitaba una protagonista española para recordar este Mundial, Iyana Martín se encargó de ponerle nombre. La asturiana cerró el torneo con 17,5 puntos y 19,2 de valoración por partido, entró en el mejor quinteto y fue elegida mejor joven del campeonato. Y quiso despedirse a lo grande: 22 puntos y nueve asistencias en el partido por el bronce, una actuación que le valió además ser la jugadora más valorada del encuentro. Con 20 años, ya no es una promesa que espera su momento. Es una de las caras de una selección que acaba de subir al podio.

Pero lo bonito de esta España es que Iyana no juega sola. Awa Fam, también con 20 años, ha compartido con ella buena parte de los focos y ha terminado el campeonato dejando claro por qué fue elegida tercera en el último draft de la WNBA. “Como equipo somos más”, decía la pívot antes del partido por el bronce. 

Y en medio de ese relevo, Alba Torrens ha puesto el punto final a otro capítulo de su historia con la selección. A sus 37 años, la capitana ha subido por cuarta vez al podio mundial, un récord para cualquier jugadora española, y tras el triunfo quiso poner el foco en la satisfacción colectiva de un equipo que ha compartido el éxito.

Final entre España y Alemania de Baloncesto

El baloncesto femenino gana público

El Mundial de Berlín también deja una cifra que va mucho más allá de las canastas. Durante los diez días de competición, 236.015 espectadores pasaron por las gradas para seguir el torneo, una muestra del crecimiento que está experimentando el baloncesto femenino a nivel internacional. Alemania, como anfitriona, llenó de ambiente el campeonato, pero España también consiguió hacerse notar lejos de la pista: más de 545.000 personas siguieron por televisión la semifinal ante Estados Unidos, una audiencia que refleja el interés que despierta esta selección cuando llega a las grandes citas.

La respuesta tampoco se quedó frente al televisor. Las redes sociales acompañaron el crecimiento del equipo durante todo el campeonato, con Iyana Martín como uno de los grandes focos de atención. La propia base reconocía antes de la semifinal que estaba recibiendo mensajes de todo tipo: “Me escriben niños y niñas, adultos, personas mayores… ¡Es increíble!”. No hablaba únicamente de ella, sino de lo que estaba generando una selección capaz de volver a conectar con el público y despertar ilusión alrededor de sus nuevas caras