Seis años han pasado desde que el Real Madrid dio el paso definitivo hacia el fútbol femenino. En ese tiempo, el conjunto blanco ha dejado de ser un recién llegado para consolidarse como uno de los equipos habituales en la parte alta de la Liga F y en la Liga de Campeones. Sin embargo, esa evolución no ha ido acompañada de títulos ni ha bastado para cuestionar el dominio del Barcelona. Con el final de la temporada 2025-26, el club ha aprovechado el mercado de verano para renovar parte de la plantilla y dar un nuevo impulso a un proyecto que busca dar el salto definitivo hacia la pelea por los títulos.
Del reto de existir al reto de ganar
Cuando el Real Madrid dio el paso definitivo al absorber al CD Tacón en 2020, el debate giraba casi exclusivamente en torno a su tardía llegada al fútbol femenino. Durante meses, la comparación con clubes como el Barcelona, el Olympique de Lyon o el Wolfsburgo fue constante y el proyecto blanco parecía condenado a vivir bajo la etiqueta de “llega tarde”. Seis temporadas después, esa conversación prácticamente ha desaparecido.
El crecimiento no ha sido inmediato ni lineal. El club ha ido moldeando la plantilla año tras año, cambiando entrenadores, incorporando talento internacional y profesionalizando una estructura que nació con la necesidad de acortar, en muy poco tiempo, una desventaja acumulada durante décadas. En ese camino han llegado noches que han reforzado la confianza del proyecto, como las primeras clasificaciones para la Liga de Campeones, las eliminatorias europeas disputadas en Valdebebas o el primer triunfo oficial ante el FC Barcelona, un resultado que rompió una barrera más mental que estadística.
Sin embargo, la evolución del Real Madrid también deja una lectura menos evidente. En apenas seis años, el listón ha cambiado por completo. Lo que en 2020 habría sido considerado un éxito —asegurar la presencia en Europa o asentarse entre los mejores equipos de la Liga F— hoy empieza a saber a poco. Esa es, probablemente, la mayor prueba del crecimiento del proyecto: ya no se le mide por lo lejos que estaba, sino por lo cerca que puede llegar a estar de ganar

Cambiar para seguir creciendo
Hay despedidas que trascienden el mercado de fichajes. Este verano, el Real Madrid ha dicho adiós a varias futbolistas que ayudaron a levantar los cimientos del proyecto cuando apenas daba sus primeros pasos. Algunas, como Misa Rodríguez, Rocío Gálvez o Teresa Abelleira, aterrizaron en Valdebebas en el verano de 2020, el primero de la historia del club, y se convirtieron en referentes de un equipo que fue creciendo temporada tras temporada. A ellas se suman nombres como Caroline Weir, Yasmim, Naomie Feller o recientemente la salida de Alba Redondo, protagonistas de distintas etapas de un proyecto que nunca dejó de evolucionar.

Sin embargo, estas salidas no responden a una reconstrucción total. El bloque mantiene futbolistas llamadas a liderar esta nueva etapa, como Linda Caicedo, Athenea del Castillo, Filippa Angeldahl o Sandie Toletti, prueba de que el objetivo no es empezar de cero, sino elevar el nivel competitivo sin renunciar a la identidad construida durante estos seis años.
Porque el fútbol también entiende de ciclos. Y, sin romper con la base que ha sostenido el crecimiento del equipo desde 2020, el conjunto blanco ha asumido que seguir avanzando pasa por renovar parte del camino recorrido.
Las piezas de la nueva ambición
Las decisiones tomadas durante este verano permiten intuir cual sera la hoja de ruta del club madrileño en esta nueva etapa. Las llegadas de Elisa Senß, Andreia Jacinto, Lineth Beerensteyn, Janou Levels y Felicia Schröder, dibujan un mercado mucho más pensado que vistoso, en el que cada incorporación responde a una necesidad concreta detectada durante las últimas temporadas.
Cada fichaje cubre una necesidad concreta. Senß llega para reforzar una medular que perdió el liderazgo de Teresa Abelleira y Caroline Weir, aportando equilibrio, despliegue físico y capacidad para sostener al equipo en ambas áreas. Andreia Jacinto ofrece control de balón y criterio en la salida desde el centro del campo, mientras que Beerensteyn aterriza en la capital tras consolidarse como una de las delanteras más desequilibrantes de Europa. En defensa, Janou Levels amplía las alternativas en la zaga, y la joven Felicia Schröder representa una apuesta de futuro llamada a convertirse en la joya del proyecto.

Más allá de los nombres, el mercado deja un mensaje claro. Durante las primeras temporadas, el Real Madrid buscó futbolistas que ayudaran a construir una identidad competitiva. Ahora, la sensación es distinta: cada incorporación parece pensada para acercar al equipo a ese escalón que todavía le separa de levantar su primer gran título. Porque si las pioneras dieron forma al proyecto, a este nuevo grupo le corresponderá demostrar hasta dónde puede llegar.
Del papel al césped
Tras un verano de mucho movimiento en los despachos, llega el momento de que el balón empiece a dar respuestas. El Real Madrid ya ha confirmado sus primeros compromisos de pretemporada, con un amistoso frente al Madrid CFF el 1 de agosto y otro ante el Deportivo Abanca el 16 de agosto en Ciudad Real. Dos citas que servirán para empezar a ensamblar las nuevas piezas antes de afrontar el primer gran examen del curso, cuando las jugadoras del conjunto blanco visiten al Atlético de Madrid en un derbi que marcara el inicio liguero.
El calendario no entiende de proyectos ni de mercados. A partir de ahora, cada decisión tomada durante el verano empezará a someterse al juicio del césped. Porque, más allá de los nombres propios o de las expectativas, el verdadero reto del Real Madrid femenino será demostrar que todo lo construido hasta ahora está preparado para traducirse, por fin, en un título. Solo entonces este verano dejará de ser una promesa para convertirse en un punto de inflexión.

