Cuando Gema Vacas (Badajoz, 1985) acabó la carrera de Medicina no se planteó la rama deportiva porque en aquellos años “las mujeres no teníamos mucho sitio en ese mundo“. Eligió la medicina de urgencias a la que se sigue dedicando en el Hospital Universitario de Badajoz, pero cuando a los años descubrió esa rama comenzó una andadura de la mano de la RFEF. Desde Belfast, en la concentración de la Selección Sub17 charla con Artículo14.
Gema, tú fuiste gimnasta y viviste momentos únicos como deportista de alto rendimiento. ¿Cómo recuerdas esos años? ¿Qué te enseñaron?
Recuerdo con nostalgia aquellos años porque en ese camino he conocido a gente maravillosa. He pasado por varios clubes y varias ciudades buscando mi sitio en ese mundo tan difícil, pero gracias a todo ello hoy soy como soy.
La gimnasia me ha enseñado a resistir, perseverar, caer y levantarme. Me ha dado una capacidad de control y de sacar todo adelante que es difícil de explicar. Muchas veces me han dicho eso de: “Yo no sé cómo eres capaz de hacer tantas cosas a la vez…”, y mi respuesta es esta: me impregné desde muy pequeña de los valores de ese deporte, los que me han llevado hasta hoy.
Aún sigo vinculada a ella como médica del club Gymarex, en Badajoz, donde también tengo a mis hijas como gimnastas. La sigo viviendo desde otra perspectiva, pero también me enseña mucho.
¿Cómo llegó la oportunidad de estar dentro del staff de la Selección española?
Pues mira, no te lo vas a creer, pero estaba en una situación personal complicada: me acababa de partir un tobillo, estaba de baja y me sentía inútil en casa. Todo se me vino un poco encima. A ver cómo sientas tú a una persona tan inquieta como yo.
En toda esa vorágine decidí presentar mi candidatura a la Federación pensando que esto nunca llegaría. Además, me presenté porque un año antes también hice un máster en entrenamiento y nutrición deportiva y estuve en el mundo del fútbol durante ese tiempo. Pensé en ello y me dije: “Hazlo, no pierdes nada”.
Y esa entrevista llegó una semana más tarde. Unos días después llegó ese: “Estás dentro”. En ese momento, mi tobillo y mi derrumbe pasaron a un segundo plano. Lo que en principio sería una lesión de meses la convertí en tres semanas para poder llegar ilesa a la primera concentración, y así fue.
Trabajar para esta federación, con este equipo y representando a tu país es algo de lo que me siento tremendamente afortunada, y soy consciente de la oportunidad que me han brindado. Por ello voy con todas las herramientas que tengo para devolverles la confianza que han puesto en mí. ¡Soy feliz trabajando aquí, a veces tanto que hasta me da miedo!.
Ahora estás en Belfast, con una gran ilusión por el Europeo. ¿Qué se respira dentro de la delegación española?
Se respira muchísima ilusión y muchísima ambición por llegar al final de este camino. Hay un ambiente muy profesional, pero también muy humano. Cuando convives tantos días juntos, se crea una energía muy especial dentro del grupo. Las jugadoras y el staff se convierten en familia.
Y luego están las pequeñas cosas del día a día: las bromas internas, las canciones en el autobús, las risas porque sí, el sentirme acompañada cuando la “morriña” aparece… esas cosas que al final hacen equipo y ayudan también a liberar tensión en competiciones tan importantes.
La RFEF pone todos los medios logísticos y humanos para que todo salga lo mejor posible.
¿Cómo es el día a día en una concentración?
Es mucho más intenso de lo que la gente imagina. Todo está muy organizado y muy medido: entrenamientos, recuperación, descanso, alimentación, reuniones médicas, análisis de cargas…
Nuestro trabajo como equipo médico es muy continuo, porque buscamos no solo tratar lesiones, sino adelantarnos a ellas.
Muchas veces la prevención empieza en pequeños detalles: cómo duerme una jugadora, cómo recupera, cómo tolera la carga física o incluso cómo está emocionalmente.
También hay momentos para cuidarse una misma y para estar algo más distendidos y, de esa forma, hacer aún más piña.
¿Y fuera de ella?
Fuera de ella yo sigo trabajando como médica de urgencias en el Hospital Universitario de Badajoz, un trabajo que me ha dado la capacidad de trabajar bajo presión, de tomar decisiones en el menor tiempo posible, de hacer equipo cuando las cosas van mal y donde veo también la parte fea de la vida. Eso es lo que me ha hecho querer aspirar siempre a más y no conformarme. Tengo muy claro eso de que vida solo tenemos una y no sabemos cuándo se nos va a acabar.
En el fútbol femenino hemos asistido a una temporada durísima en cuanto a las lesiones. Desde el punto de vista médico ¿Cuáles son las principales medidas para prevenir lesiones?
Hay que controlar cargas, individualizar muchísimo, trabajar la fuerza, el descanso, la nutrición y la recuperación.
También es muy importante escuchar más el cuerpo de la jugadora y seguir investigando específicamente en mujer deportista, porque durante muchos años gran parte de la evidencia científica estaba basada en hombres. Estamos avanzando mucho, pero todavía queda camino por recorrer.
Además de todo eso, tienes un libro publicado. ¿Cómo fue ese proceso de creación? ¿Y cómo te da tiempo a todo siendo también mamá?
El libro nació en un momento muy concreto de mi vida, durante la pandemia. En urgencias vivimos situaciones muy duras, muy intensas emocionalmente, y creo que todo aquello nos cambió de alguna manera. A mí, personalmente, me hizo replantearme muchas cosas y mi cabeza dio un giro importante.
Desde muy pequeña siempre había escrito; era una forma de ordenar lo que sentía. Y en aquel momento, escribir se convirtió casi en una necesidad. Necesitaba vaciarme un poco, sacar todo lo vivido y encontrar también una manera de volver a empezar emocionalmente. Así nació el libro: de algo muy íntimo y muy real.
Y respecto a cómo da tiempo a todo… sinceramente, sola sería imposible. Para poder estar donde estoy hace falta también tener un gran equipo en casa. Mi marido, Marcos, es un apoyo constante y una pieza fundamental en todo lo que hago; muchas veces es él quien me impulsa a cumplir sueños incluso cuando yo dudo.
Mis hijos también me lo ponen fácil, porque, a pesar de que me ausento, entienden que mamá se va, pero luego vuelve para estar con ellos. Les he enseñado que nada, ni siquiera ser madre, puede apartarnos de aquello que queremos. Abandonarse es abandonarlos también a ellos a nivel educacional, bajo mi punto de vista.
Aun así, muchas veces sigo escuchando eso de: “¿Y si te vas, qué haces con los niños? ¿No te da pena?”. Y a ello siempre respondo: tienen un padre igual de competente que yo, con el mismo amor para dar en mi ausencia. Y pena no puede darme algo que hago también por ellos, aunque cueste entenderlo. Una cosa es pena y otra es echar de menos, pero ¿cuántas veces en nuestro día a día nos ausentamos aun estando presentes?
Y después de ellos están mis padres, mis hermanos, mis cuñados, mis suegros, los amigos… toda esa red que nos ayuda en el día a día y que hace posible conciliar. Creo que muchas veces, detrás de cualquier mujer que llega lejos, hay también un entorno que sostiene muchísimo.
¿Qué sueños profesionales le quedan a Gema Vacas por cumplir?
Pues la verdad es que soy bastante inquieta y me ilusionan mucho los proyectos nuevos. Me he dicho varias veces que iba a parar, pero nunca lo hago.
De momento, me gustaría seguir creciendo dentro del deporte, continuar ayudando al desarrollo del fútbol femenino y también seguir disfrutando de las urgencias y la gimnasia hasta que el cuerpo aguante.
Y, sobre todo, me gustaría seguir disfrutando del camino. A veces estamos tan centrados en el siguiente objetivo que olvidamos valorar todo lo que ya estamos viviendo. Y yo, después de mucho sacrificio, estoy donde quiero estar, viviendo el día a día con la máxima ilusión. De nuevo, recalcar mi agradecimiento a la RFEF.
