Polémica en el Tour de Francia femenino por los sujetadores de las ciclistas

La UCI refuerza los controles tras las sospechas sobre rellenos capaces de reducir la resistencia al aire y ahorrar segundos en contrarreloj

Tour de Francia femenino 2026 - Deportes
Lorena Wiebes celebra la victoria.
EFE

La búsqueda de cualquier ventaja aerodinámica ha abierto una controversia inesperada en el Tour de Francia femenino. Varios equipos han expresado sus sospechas sobre el posible uso de sujetadores deportivos modificados con rellenos destinados a alterar la silueta de las corredoras durante las contrarrelojes.

La práctica, conocida como chest fairing o carenado de pecho, consiste en introducir un elemento bajo la ropa para modificar el recorrido del aire alrededor del torso. El objetivo no es proteger a la deportista ni mejorar su comodidad, sino reducir la resistencia aerodinámica y obtener unos segundos de ventaja.

La polémica estalló antes de la contrarreloj de 21 kilómetros disputada el martes entre Gevrey-Chambertin y Dijon. La Unión Ciclista Internacional comunicó que prestaría una atención especial a la ropa de las participantes para detectar posibles incumplimientos de su reglamento.

Por ahora no se ha señalado públicamente a ninguna ciclista ni se ha anunciado una sanción relacionada con estos sujetadores. El debate se mantiene en el terreno de las sospechas, los estudios aerodinámicos y la dificultad para establecer controles que respeten la intimidad de las corredoras.

Cómo puede un sujetador hacer más rápida a una ciclista

En una contrarreloj, la resistencia del aire representa uno de los mayores obstáculos para avanzar. A velocidades elevadas, una pequeña modificación en la postura, el casco, el tejido del mono o la forma del cuerpo puede traducirse en una diferencia decisiva.

El profesor Bert Blocken, especialista en aerodinámica de las universidades Heriot-Watt y LUT, estudió diferentes carenados colocados entre el pecho y el maillot. Sus simulaciones concluyeron que determinadas formas pueden guiar mejor el flujo de aire y reducir la presión que alcanza el abdomen, la pelvis y la parte superior de las piernas.

El modelo más eficaz consiguió una reducción del 3,6% en la resistencia y un ahorro mínimo estimado de 0,78 segundos por kilómetro. En una etapa de 21 kilómetros como la disputada en el Tour de Francia femenino, la ganancia teórica podría superar los 16 segundos.

No todos los rellenos producen una mejora. Algunos diseños pueden incluso aumentar la resistencia, por lo que los equipos necesitarían realizar pruebas individualizadas en túneles de viento o mediante simulaciones informáticas.

La UCI prohíbe alterar artificialmente la silueta

La normativa ciclista impide añadir a la ropa elementos no esenciales destinados a mejorar el rendimiento. También prohíbe utilizar prendas o accesorios concebidos para modificar artificialmente la morfología del corredor.

Las reglas afectan tanto a hombres como a mujeres. En temporadas anteriores ya había surgido la polémica por ciclistas que colocaban bidones u otros objetos bajo el maillot para redirigir el aire durante una contrarreloj.

Un relleno deportivo convencional no sería necesariamente ilegal. La infracción aparecería cuando se incorporase deliberadamente un volumen adicional con una función aerodinámica y sin una finalidad relacionada con la sujeción, la protección o la comodidad.

El incumplimiento puede provocar la expulsión de la carrera y multas de entre 200 y 1.000 francos suizos. El gran problema consiste en demostrar la intención y distinguir una prenda legítima de un dispositivo construido para obtener rendimiento.

Los equipos reconocen que la ventaja existe

Koen de Kort, responsable de innovación y técnica del Lidl-Trek, reconoció que su equipo había comparado diferentes tipos de sujetadores y detectado variaciones aerodinámicas. “Hemos probado con un sujetador deportivo comparado con un push-up, y hemos visto diferencias”, explicó.

El responsable aseguró que su formación no había utilizado esa solución en competición porque considera que contradice el espíritu del deporte. También admitió que otros equipos pueden haber alcanzado resultados similares en sus propios estudios.

La declaración demuestra hasta qué punto la innovación tecnológica ha entrado en todos los ámbitos del ciclismo. Los equipos analizan ya las costuras, las arrugas, la textura de los tejidos y cada parte del cuerpo expuesta al viento.

La controversia no nace de que una ciclista utilice sujetador, sino de la posibilidad de convertirlo en una pieza aerodinámica oculta. Esa diferencia resulta fundamental para evitar que el debate termine fiscalizando los cuerpos de las corredoras.

Cómo revisar la ropa sin invadir la intimidad

Los controles plantean una dificultad especialmente sensible en el Tour de Francia femenino. Comprobar el interior de un sujetador exige procedimientos mucho más cuidadosos que revisar una bicicleta, un casco o un mono de competición.

Algunos equipos solicitaron inspecciones en espacios privados, realizadas por personal femenino y bajo protocolos estrictos. Aun así, cualquier examen físico debe respetar la dignidad, la privacidad y el consentimiento de las deportistas.

La UCI podría avanzar hacia controles técnicos menos invasivos, como escáneres, análisis de las prendas antes de que sean utilizadas o sistemas de homologación para los equipamientos de contrarreloj.

También sería necesario definir mejor qué volumen se considera natural o funcional. Los cuerpos no presentan una forma uniforme y una normativa mal diseñada podría someter injustamente a sospecha a ciclistas por su propia anatomía.

Una contrarreloj decidida por segundos

La polémica rodeó una etapa en la que Marlen Reusser confirmó su condición de especialista. La suiza ganó la contrarreloj y consiguió el maillot amarillo, superando por cuatro segundos a Lieke Nooijen y aventajando también a Demi Vollering.

No existe ningún indicio público que vincule esos resultados con una infracción en la ropa. La controversia se centró en los controles preventivos y en las acusaciones genéricas planteadas antes de la salida.

Precisamente, las diferencias reducidas muestran por qué los equipos exploran cualquier mejora. Un ahorro cercano a un segundo por kilómetro podría modificar la clasificación de una etapa y, en determinadas circunstancias, decidir el resultado final del Tour de Francia femenino.

El desafío para la UCI será cerrar esa posible brecha tecnológica sin convertir el cuerpo de las corredoras en objeto de escrutinio. La aerodinámica puede decidir una carrera, pero los controles deberán demostrar que la igualdad deportiva también puede protegerse sin sacrificar la intimidad.

TAGS DE ESTA NOTICIA