Pocas declaraciones han provocado tanto revuelo en el deporte femenino este año como las de Sophie Cunningham. La estadounidense acapara la atención del mundo del deporte después de defender públicamente su postura sobre la participación de atletas trans en categorías femeninas. Un debate que ha dividido opiniones, ha llegado a la política y que coincide con el auge de la popularidad de la jugadora y el éxito de sus zapatillas.
Una figura al alza en la WNBA
Sophie Cunningham no era una desconocida antes de convertirse en el centro de la actualidad deportiva. La escolta estadounidense, actualmente en las Indiana Fever, llegó a la WNBA en 2019 tras ser elegida en la decimotercera posición del draft por las Phoenix Mercury, franquicia en la que militó durante seis temporadas antes de incorporarse este año al equipo de Indianápolis.

Su notoriedad ha crecido especialmente por los episodios vividos junto a Caitlin Clark, considerada la gran referencia del baloncesto femenino en Estados Unidos. Cunningham fue protagonista de varias acciones en las que intervino para frenar la dureza de algunas rivales sobre su compañera, unas imágenes que tuvieron una enorme difusión en redes sociales y la convirtieron en una figura muy reconocible para buena parte de la afición. Desde entonces, cada una de sus intervenciones ha ido adquiriendo una repercusión mayor, especialmente tras sus últimas declaraciones.
Las declaraciones que desatan el debate
El punto de inflexión llegó durante una entrevista concedida a ESPN, en la que Sophie Cunningham fue preguntada por el debate sobre la participación de atletas trans en el deporte femenino. Lejos de esquivar la cuestión, la estadounidense dejó clara su postura y aseguró que “las niñas no deberían tener que competir contra hombres biológicos”, una afirmación que rápidamente se viralizó y abrió un intenso debate dentro y fuera del deporte.
La jugadora insistió en que sus palabras no nacían del rechazo hacia las personas trans, sino de su visión sobre la protección del deporte femenino. “Recibí muchos comentarios diciendo que odio a las personas trans, y nunca dije eso”, explicó, antes de añadir: “Estoy aquí para dar amor, pero también creo que el amor implica decir la verdad y ser honestos. Quiero proteger a las niñas en los vestuarios y a las jóvenes deportistas que no deberían tener que competir contra hombres biológicos”.
El debate terminó dando el salto a la política estadounidense. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, respaldó públicamente a la baloncestista y afirmó que el presidente Donald Trump compartía su postura sobre la participación de hombres biológicos en el deporte femenino. Ese apoyo institucional multiplicó todavía más la repercusión de unas declaraciones que, en cuestión de días, dejaron de ser un asunto exclusivo de la WNBA para convertirse en uno de los grandes debates deportivos y sociales del momento en Estados Unidos.

Un debate que viene de lejos
La polémica generada por las declaraciones de Sophie Cunningham no supone un caso aislado. La participación en el deporte femenino de deportistas que no cumplen los criterios de elegibilidad establecidos por las distintas federaciones lleva años siendo uno de los asuntos más delicados del panorama deportivo. En ese tiempo, organismos internacionales han modificado reglamentos en varias ocasiones, mientras atletas, dirigentes y expertos mantienen posturas enfrentadas sobre cómo garantizar la igualdad competitiva sin dejar de lado la inclusión.
Ese debate ha estado marcado por nombres propios. La atleta sudafricana Caster Semenya protagonizó un largo litigio por las normas sobre los niveles naturales de testosterona; la halterófila neozelandesa Laurel Hubbard fue la primera mujer trans en competir en unos Juegos Olímpicos; la nadadora estadounidense Lia Thomas impulsó cambios en la normativa tras conquistar un título universitario; y, más recientemente, la boxeadora argelina Imane Khelif, que no es una deportista trans, volvió a situar el foco en los criterios de elegibilidad durante los Juegos de París 2024.
Cada uno de estos casos ha tenido un contexto distinto y ha estado sujeto a normativas diferentes, pero todos han contribuido a mantener vivo un debate que reaparece una y otra vez en el deporte de élite.

De la polémica al éxito comercial
Las consecuencias de las declaraciones de Sophie también se dejaron notar fuera de las pistas. Días después de que estallara la polémica, las zapatillas que la estadounidense lanzó junto a Adidas experimentaron un notable aumento de la demanda hasta agotarlas en cuestión de horas. El éxito del modelo coincidió con el momento de mayor exposición mediática de la jugadora, cuyo nombre pasó a ocupar titulares dentro y fuera del ámbito deportivo.
Más allá del impacto comercial, el caso de Cunningham vuelve a reflejar la dimensión que ha adquirido el debate sobre la participación en el deporte femenino de deportistas que no cumplen los criterios de elegibilidad establecidos por las distintas federaciones. Una discusión que trasciende las pistas, divide opiniones en la sociedad y que, cada vez que surge un nuevo caso de gran repercusión, vuelve a situarse en el centro de la conversación.

