En Granada ya no basta con esperar a que deje de moverse el suelo. El problema comienza después. Cuando vuelve el silencio, cuando toca decidir si regresar a casa, utilizar el ascensor, dormir en la misma habitación o dejar preparados el móvil y las llaves por si hay que salir otra vez. Los terremotos en Granada han instalado durante los últimos días una sensación de incertidumbre difícil de apagar incluso cuando no se registra ningún movimiento.
La mañana de este martes 18 de agosto ha devuelto de golpe el miedo que había comenzado a remitir después del terremoto del sábado. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) ha registrado un nuevo seísmo de magnitud momento 4,8 en el entorno de Gójar y Alhendín, prácticamente idéntico en magnitud al ocurrido durante la madrugada del 15 de agosto. Después han llegado movimientos de 3,9, 4,2 y 4,0. A las 12:30 UTC, el organismo contabilizaba ya 432 terremotos dentro de esta serie sísmica desde el 14 de agosto.
Las cifras permiten medir la actividad de la tierra. Los testimonios, sin embargo, explican otra cosa: cómo se vive cuando una casa que siempre ha parecido inmóvil empieza a comportarse como si dejara de ser un lugar seguro.
“No sé si quedarme, salir, qué hacer”
Esther Sanz había regresado a Granada desde Valencia apenas un día antes. Según relató a EL PAÍS, al entrar en casa ya había encontrado desperfectos provocados por el terremoto del fin de semana, entre ellos el termo roto y descolgado. Este martes volvió a escuchar un fuerte ruido y comenzaron a caer macetas, cuadros y pequeñas figuras. Su gata Kelpie buscó refugio debajo de la cama.
La incertidumbre de Esther resume buena parte del estado de ánimo provocado por los últimos terremotos en Granada. “No sé si quedarme, salir, qué hacer”, reconoció al periódico. Después de las nuevas sacudidas llegó a plantearse regresar a Valencia. Su conclusión fue todavía más sencilla: “Esto es una tortura”.
Alfonso Malpica describió al mismo medio cómo se movió su vivienda mientras las estanterías temblaban y las copas chocaban entre sí. Está acostumbrado a pequeños seísmos, relativamente frecuentes en la provincia, pero percibió inmediatamente que aquello era diferente. Esta vez el movimiento era lo suficientemente intenso como para alterar por completo la normalidad de una mañana cualquiera.
Las escenas se repitieron en diferentes municipios del área metropolitana. Radio Granada, de la Cadena SER, recogió el relato de un vecino de Ogíjares que aseguró que había temblado todo el edificio. Al salir encontró gente llorando y corriendo mientras se escuchaban sirenas. Una trabajadora de una frutería explicó al mismo medio que el establecimiento se había movido “como un flan”.
En el barrio granadino de Fígares, una vecina que vive en un sexto piso resumió ante Informativos Telecinco la violencia de la experiencia con la frase que probablemente mejor refleja el miedo de estas jornadas: “Casi se nos cae la casa encima”.
Salir de casa aunque no haya ningún lugar al que ir

El miedo a los terremotos en Granada no terminó cuando cesaron las sacudidas más intensas. En parques, descampados y calles comenzaron a aparecer vecinos que preferían permanecer durante unas horas lejos de sus edificios. Otros tomaron directamente el coche y abandonaron la capital en dirección a la Costa Tropical o a provincias cercanas.
Granada Hoy describió tráfico intenso en algunas de las principales salidas de la ciudad y habló con María Ruiz, una vecina que explicó una consecuencia menos visible de varios días de movimientos: ha llegado un momento en el que no sabe con seguridad si está sintiendo otro terremoto o si simplemente cree sentirlo.
“La sensación es angustiosa”, explicó al diario granadino. En ocasiones percibe que la vivienda vuelve a moverse, consulta las aplicaciones sísmicas y descubre que no se ha producido ningún nuevo temblor. María no tiene una segunda residencia a la que marcharse. Parte de su familia vive en el Zaidín y mantiene el teléfono cerca para saber cómo se encuentran.
También hay quienes sí han decidido marcharse. Carmen y Pedro habían llegado desde Motril acompañados de su amiga Máfer, procedente de Madrid, para pasar el día haciendo turismo por Granada. Los terremotos los sorprendieron mientras desayunaban en la zona de Mesones. Su respuesta fue inmediata: dejarían la visita para otra ocasión.
En Armilla, las imágenes mostraban otra cara de la incertidumbre. Coches convertidos provisionalmente en refugios, mantas extendidas para protegerse del sol, mascotas junto a los maleteros abiertos y familias esperando al aire libre. No hacía falta que estuviera temblando en ese momento. Bastaba con pensar que podía volver a hacerlo.
“He salido con las piernas temblando”
Paco se encontraba en el Leroy Merlin del Centro Comercial Nevada cuando comenzaron los nuevos terremotos en Granada. Contó su experiencia directamente en La Mañana del Verano, de Canal Sur Radio. Cuando los productos empezaron a caer de las estanterías sintió pánico. Ya había vivido la secuencia sísmica de 2021 y reconoció que aquel recuerdo permanecía intacto. Salió del establecimiento “con las piernas temblando”.
En otra parte de la ciudad, Marián estaba trabajando en una inmobiliaria. El movimiento hizo caer una parte del techo. Durante unos instantes, ella y sus compañeros permanecieron paralizados y en silencio hasta que decidieron abandonar el local. Una vez en la calle sintieron otra sacudida. Los pocos segundos del terremoto, explicó a Canal Sur Radio, “se han hecho eternos”.
También Pepi e Iván describieron ese desconcierto en Espejo Público, de Antena 3. Pepi reconoció que, pese a todas las recomendaciones que pueden conocerse de antemano, cuando comienza a moverse el edificio resulta difícil decidir qué hacer. Temía acercarse a una pared y que se desprendiera una cornisa.
Iván estaba durmiendo en su vivienda de La Chana. Un estruendo lo despertó y reaccionó colocándose bajo el marco de una puerta. Después salió acompañado de su perra. Terminó en un parque que normalmente habría estado casi vacío y que aquella mañana estaba ocupado por numerosos vecinos que compartían exactamente la misma preocupación: que el siguiente movimiento estuviera todavía por llegar.
Un miedo que comenzó durante la madrugada

La inquietud de este martes tiene un antecedente inmediato. Durante la madrugada del sábado, otro terremoto de magnitud 4,8 había despertado a miles de personas. Gemma Esteban, vecina de Ogíjares, explicó entonces a Granada Hoy que había sentido el terremoto “como una explosión”. El ruido la despertó y su familia se levantó precipitadamente para salir de la vivienda.
María del Pino vio primero cómo comenzaba a moverse la lámpara de su dormitorio. Cuando comprendió lo que estaba ocurriendo, intentó alcanzar la mesa del salón para protegerse debajo, aunque el seísmo terminó antes de que pudiera llegar. Hugo Ramírez caminaba por Camino de Ronda cuando la sacudida estuvo cerca de tirarlo al suelo. El susto fue suficiente para hacerle cambiar de planes y evitar una estación subterránea del Metro.
Son historias diferentes unidas por una misma sensación. Los terremotos en Granada no han provocado hasta ahora una catástrofe estructural de grandes dimensiones, pero han transformado temporalmente la relación de muchos vecinos con sus propias casas. El IGN confirma que los dos principales terremotos han alcanzado una intensidad máxima observada de V-VI y que se han producido daños no estructurales y caídas de objetos en la zona epicentral.
La tierra terminará por recuperar la calma. Lo que resulta imposible saber es exactamente cuándo. Mientras los técnicos analizan una serie sísmica que continúa evolucionando, en Granada queda una población pendiente del siguiente ruido, de una lámpara que oscila o de unas copas que vuelven a chocar dentro de un armario. Después de varios días de terremotos, el miedo ya no empieza cuando tiembla el suelo. Empieza cuando alguien se pregunta si volverá a hacerlo.

