Asturias recibe cada verano a miles de viajeros que repiten casi siempre el mismo recorrido. Los Lagos de Covadonga, Cangas de Onís, Llanes, Ribadesella o algunos de los pueblos más conocidos de los Picos de Europa concentran buena parte de las fotografías, las reservas y, en las semanas de mayor afluencia, también las colas. Sin embargo, lejos de ese circuito existe un territorio que conserva otra forma de descubrir el Principado: un paisaje de bosques, desfiladeros y pequeñas aldeas donde todavía es posible caminar sin avanzar rodeado de visitantes.
Ese lugar es el valle de Teverga, situado en el interior de Asturias y protegido en buena parte por el Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa, reconocido además como Reserva de la Biosfera. Aquí conviven algunas de las imágenes más poderosas de la montaña cantábrica: osos pardos, hayedos maduros, cuevas de kilómetros de longitud y una cascada que se precipita entre la vegetación después de un recorrido accesible para casi cualquier senderista.
El valle de Teverga no está completamente vacío ni permanece ajeno al turismo. La conocida Senda del Oso atrae a caminantes y ciclistas, especialmente durante los fines de semana y los meses estivales. Pero su presión turística sigue lejos de la que soportan otros enclaves asturianos. No hay que solicitar un turno para contemplar el paisaje ni esperar una larga fila para hacerse una fotografía. En muchos de sus caminos, el único sonido constante es el del agua atravesando el bosque.
Una cascada escondida al final del hayedo
Uno de los grandes tesoros del valle de Teverga aparece al final de la ruta que atraviesa el hayedo de Montegrande. El camino comienza junto a la carretera AS-228, en las inmediaciones de la Braña La Puerca, y penetra poco a poco en uno de los bosques mejor conservados de Asturias.
La primera parte discurre por una pista amplia y relativamente cómoda, rodeada de hayas, arroyos y una vegetación que mantiene el ambiente fresco incluso durante el verano. Un pequeño tramo inicial cuenta con una pasarela adaptada, aunque el recorrido completo hasta la cascada exige caminar por terreno natural y superar un sector final más estrecho, húmedo y accidentado.
Al fondo aparece la cascada del Xiblu. Habitualmente se presenta como un salto de más de 70 metros, aunque el conjunto de sus caídas escalonadas salva aproximadamente un centenar de metros. El agua desciende por la pared de roca en varios niveles antes de desaparecer bajo las copas de los árboles, creando una de las imágenes más espectaculares del interior asturiano.
La ruta completa ronda los ocho kilómetros entre ida y vuelta y está considerada de dificultad baja, aunque conviene llevar calzado adecuado. Después de varios días de lluvia, las piedras y las raíces del tramo final pueden resultar resbaladizas. Durante los meses más secos, además, el caudal de la cascada puede disminuir, por lo que su imagen depende en buena medida de las precipitaciones recientes.
Un territorio donde todavía viven osos pardos

El nombre de la comarca no es una estrategia publicitaria. El valle de Teverga forma parte de uno de los territorios históricos del oso pardo cantábrico, una especie protegida que encuentra refugio en los bosques y montañas del Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa.
Eso no significa que los animales aparezcan junto a los caminos ni que su observación esté garantizada. Los osos salvajes evitan normalmente la presencia de personas y se desplazan por áreas extensas. Las salidas para intentar localizarlos deben realizarse a distancia, preferiblemente con especialistas y sin abandonar los puntos autorizados. La verdadera singularidad consiste en saber que el bosque sigue siendo lo bastante salvaje como para albergar una de las especies más emblemáticas de la cordillera Cantábrica.
También conviene distinguir estos ejemplares del cercado osero situado en Proaza, fuera del concejo de Teverga. Aquel recinto forma parte del recorrido más conocido de la Senda del Oso y permite observar a una osa que no puede vivir en libertad, pero no representa un avistamiento de fauna salvaje.
El tren minero que se convirtió en una senda familiar
La otra gran puerta de entrada al valle de Teverga es la Senda del Oso. Su trazado aprovecha la plataforma de un antiguo ferrocarril que transportaba mineral desde las explotaciones de Teverga y Quirós hasta Trubia. Donde antes circulaban vagones cargados de carbón, hoy avanzan bicicletas, familias y caminantes.
El itinerario atraviesa puentes, túneles excavados en la roca y estrechos desfiladeros junto al río. Su perfil generalmente suave permite recorrerlo sin una preparación física especial, aunque la distancia total varía según el ramal elegido. Desde Caranga, la ruta se divide hacia Quirós y hacia Teverga, donde puede continuar hasta Entrago y Cueva Huerta.
Esta última es otra de las sorpresas del concejo. Declarada Monumento Natural, cuenta con unos 14,5 kilómetros de galerías cartografiadas y está considerada una de las mayores cavidades kársticas de Asturias. Una parte puede conocerse mediante visitas guiadas, convirtiendo el interior de la montaña en el complemento perfecto para una jornada de senderismo.
La Asturias que todavía permite detenerse

El valle de Teverga reúne también el Parque de la Prehistoria, dedicado al arte paleolítico europeo, y la Colegiata de San Pedro, uno de los principales conjuntos históricos del concejo. Pero su mayor atractivo no depende de un único monumento. Está en la sensación de haber encontrado un lugar que todavía permite improvisar.
En Teverga se puede pedalear por una antigua vía minera, caminar bajo hayas centenarias, adentrarse en una cueva y recorrer un territorio habitado por osos pardos sin abandonar el mismo valle. No es un secreto absoluto ni un paraje vacío, pero continúa al margen de las grandes aglomeraciones que condicionan otros destinos asturianos.
Mientras la mayoría de los viajeros sigue buscando aparcamiento cerca de los paisajes más famosos, el interior de Asturias conserva una alternativa silenciosa. Una cascada entre árboles, un ferrocarril desaparecido y montañas donde el oso todavía encuentra refugio. Todo está en el valle de Teverga, aunque muchos turistas aún pasen de largo sin llegar a descubrirlo.

