Por primera vez a esta escala y de manera tan visible, la República Islámica de Irán está entrenando públicamente a mujeres para manejar armas de fuego y prepararse para una posible guerra terrestre. La movilización, que tiene lugar en centros de entrenamiento militar instalados en el centro de Teherán, forma parte de una campaña más amplia para preparar a la población civil ante un posible enfrentamiento con Estados Unidos e Israel. Sin embargo, la participación de las mujeres en las estructuras militares y de seguridad de Irán, aunque siempre ha sido minoritaria, no es algo nuevo.
Las mujeres iraníes han participado en diversas formas de movilización en tiempos de guerra desde la Revolución Islámica de 1979 y la guerra entre Irán e Irak de la década de 1980. Según Abdollah Abdi, periodista independiente y analista político especializado en Irán y Oriente Medio, las mujeres del sur de Irán contribuyeron al esfuerzo bélico, principalmente a través de la logística, el abastecimiento de alimentos y actividades de apoyo, mientras que algunas también participaron en los combates y en la autodefensa local contra las fuerzas iraquíes. Durante el período revolucionario, las mujeres también se opusieron al régimen del Sha, aunque su participación no siempre se destacó públicamente.
Posteriormente, la República Islámica incorporó a las mujeres a su amplia red de organizaciones vinculadas al Estado. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) ha contratado a mujeres para desempeñar funciones administrativas y relacionadas con el cumplimiento de la ley, mientras que el Basij, la organización paramilitar subordinada al IRGC, creó una rama específica para mujeres.

El Basij fue creado por el ayatolá Ruhollah Jomeini tras la revolución como una fuerza de movilización voluntaria. Era una manera de luchar contra los enemigos del islam. A lo largo de las décadas, su presencia se extendió a mezquitas, colegios y universidades, así como a diferentes grupos sociales. Entre sus miembros se han contado profesores, estudiantes, profesionales, deportistas y figuras culturales como actores o cantantes. Sus actividades han abarcado desde la educación ideológica y los programas sociales hasta el entrenamiento militar.
Según explica Abdi a Artículo14, la rama femenina evolucionó desde lo que se conocía como el “Basij de las Hermanas” hasta convertirse en la “Organización Basij de Mujeres”, destinada a abarcar una gama más amplia de actividades. De acuerdo con el periodista iraní, es una de las 22 ramas del Basij. Su labor se ha centrado en gran medida en promover la ideología de la República Islámica, fomentar el cumplimiento de las normas obligatorias sobre el hiyab, organizar seminarios y producir libros y material digital sobre precisamente el rol de las mujeres en la revolución.

La organización también ha mantenido una dimensión militar. No todas las miembros reciben entrenamiento en el manejo de armas, y el nivel de entrenamiento varía. Abdi estima que hay alrededor de 12.000 bases de resistencia del Basij destinadas a mujeres, según datos históricos de la propia estructura. También existen 2.500 batallones Ashura y Al-Zahra.
Las imágenes difundidas con mujeres portando AK-47 o lanzándose por una tirolina con chador van más allá. “La iniciativa actual supone una escalada significativa en la proyección pública del papel de la mujer en la defensa de la República Islámica. Es muy propagandística“.

Según la campaña de movilización promovida por la República Islámica, conocida como Janfada -que significa, a grandes rasgos, “sacrificio por Irán”-, más de 500.000 voluntarios se han inscrito en 1.000 batallones de “resistencia nacional”, según han informado las autoridades iraníes. El entrenamiento lo imparten diferentes ramas de las Fuerzas Armadas iraníes y la Guardia Revolucionaria.
En Teherán, dos importantes plazas públicas, Hafte Tir e Imam Hussein, se han convertido en centros de entrenamiento militar para civiles. Los participantes practican la guerra urbana, manejan armas y aprenden a manejar drones. El entrenamiento también incluye operaciones antiaéreas simuladas, carreras de obstáculos, descenso en rappel y otros ejercicios diseñados para reproducir las condiciones del campo de batalla.

Entre estos voluntarios hay mujeres. Reuters informó de que a las participantes se les enseñó a manejar y disparar armas, incluidas pistolas, en el centro de la plaza del Imán Husein. Una de las participantes, Raheleh Ghadiri, de 45 años, afirmó que el entrenamiento tenía como objetivo ayudarla a defender a su familia y a su barrio, así como a reducir sus temores ante la guerra.
EFE también entrevistó a una mujer de 37 años, Farzaneh, quien afirmó que se había alistado para aprender a utilizar armas y ayudar a defender Irán en caso de una invasión terrestre estadounidense. El experto iraní sostiene que la iniciativa actual difiere de las formas anteriores de participación femenina, no necesariamente porque de repente se esté introduciendo a las mujeres en actividades militares, sino “por su carácter público y propagandístico sin precedentes”.

Abdi añade que Janfada no debe entenderse como un proyecto temporal de movilización ante la guerra. Tras el 28-F, cuando se descabezó a los ayatolás, “la República Islámica está atravesando una reconfiguración de su aparato político, militar y de seguridad, y parece estar intentando construir una nueva capa de movilización popular alrededor del Basij que pueda permanecer activa incluso más allá del conflicto actual”.
El experto ahonda en que es especialmente importante el nombramiento de Hossein Taeb como jefe de la Organización Basij en agosto de 2026. “Taeb fue durante 13 años jefe de la Organización de Inteligencia de la Guardia Revolucionaria y anteriormente ya había dirigido el Basij. Es uno de los veteranos más influyentes del aparato de seguridad iraní y ha estado vinculado durante décadas a algunas de las áreas más sensibles de seguridad interna y control político”, indica Abdi. El experto recuerda que cuando el nuevo líder supremo Mojtaba Jamenei nombró a Taeb jefe del Basij se le encargó ampliar la cultura del Basij y de la resistencia bajo el lema ‘cada iraní, un basiji'”. También se le pidió que reforzara la red de inteligencia popular y ampliar la formación y las capacidades tecnológicas del Basij.

Por eso, insiste Abdi, “Janfada debe observarse como algo más que una campaña propagandística o un programa de entrenamiento para una posible invasión terrestre”. Es más, Taeb es considerado “uno de los aliados más cercanos y antiguos de Mojtaba Jamenei, por lo que su regreso a la dirección del Basij, ya bajo el liderazgo del nuevo líder supremo, es “políticamente significativo”.
“Esto también cambia la lectura de la participación de las mujeres. La cuestión ya no es solamente que las iraníes estén aprendiendo públicamente a utilizar armas. La pregunta más importante es qué papel tendrán las mujeres dentro de esta nueva estructura de movilización que el Estado está intentando construir y mantener a largo plazo“, concluye Abdi.





















