Tribuna

Gibraltar: cae la verja, no el conflicto

Los gobiernos británico y español han corrido un tupido velo sobre las reclamaciones territoriales existentes; han resuelto cuestiones prácticas, pero el mar de fondo permanece inalterado

LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (CÁDIZ), 15/07/2026.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (2i) y el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo (d), durante el acto de demolición de la verja de la Línea de la Concepción (Cádiz), el día en el que entra en vigor el Tratado entre la UE y Reino Unido sobre el encaje de Gibraltar tras el Brexit, que supone el derribo de este paso fronterizo. EFE/Roman Ríos
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, durante el acto de demolición de la verja de la Línea de la Concepción (Cádiz)
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Para comprender los avances recientemente acaecidos en torno a la histórica disputa que han mantenido el Reino Unido y España sobre Gibraltar, es preciso dar un salto temporal considerable. Así pues, hay que remontarse a los albores del siglo XVIII. Concretamente, al 1 de noviembre de 1700, fecha en la que falleció Carlos II. El rey conocido como el Hechizado no proporcionó un sucesor directo; no obstante, en su testamento dispuso que su heredero sería Felipe de Anjou, nieto del poderoso Luis XIV de Francia. 16 días después de su fallecimiento, fue aceptada su última voluntad. No obstante, la llegada del primer Borbón al trono español fue algo turbulenta. El emperador austriaco defendió, en concreto, que la Corona le correspondía a su segundo hijo, el archiduque Carlos de Austria.

La hostilidad mostrada hacia la entronización de Felipe V aumentó especialmente cuando se supo que conservaría los derechos sucesorios al trono de Francia. Las potencias europeas, profundamente alarmadas, comenzaron a tejer alianzas para evitar una unión de facto a ambos lados de los Pirineos que pudiera alterar el siempre delicado equilibrio de poder europeo. Finalmente, la contienda armada estalló en 1702.

11/09/67.- Una larga cola de electores aguarda su turno para poder votar en el referendum celebrado ayer en Gibraltar. Los gibraltareños han votado masivamente eguir siendo británicos y contra la reclamación española de soberanía sobre Gibraltar. En el Peñón se espera que España rompa relaciones diplomáticas con Gibraltar.- UNITED PRESS INTERNATIONAL/jgb
Una larga cola de electores aguarda su turno para poder votar en el referéndum celebrado en Gibraltar en 1967
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Diez años después, Francia estaba exhausta. Ello le llevó a promover conversaciones de paz con Inglaterra. Los ingleses acabaron aceptando a Felipe V como rey, pero en contraprestación conservarían –entre otros territorios– Gibraltar. La ciudad, por cierto, había sido tomada el 4 de agosto de 1704 por tropas inglesas y holandeses. Sin embargo, fue el dominio británico el que acabó consolidándose. Londres comprendió, desde el principio, el valor estratégico del enclave. Así pues, cuando comenzaron las negociaciones con París, las líneas rojas también lo estaban: no se desprendería de tan valiosa y reciente adquisición. Esa posición quedó plasmada en el Tratado de Paz y Amistad que España y Gran Bretaña suscribieron el 13 de julio de 1713, uno de los acuerdos que integran la denominada Paz de Utrecht. España, como puede verse, actuó como moneda de cambio para hacer posible la reconciliación que Francia anhelaba.

Artículo X del Tratado de Utrecht

Entre las consecuencias de aquellos acuerdos destacó, naturalmente, la pérdida de Gibraltar. En efecto, el artículo X del Tratado de Utrecht dispuso que España entregaba la “plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas”. La transferencia de soberanía sobre dichos bienes quedó claramente definida. No obstante, la interpretación de este precepto dio pie a diversas controversias, especialmente en relación con las aguas adyacentes y –posteriormente– con el espacio aéreo.

Cientos de personas hacen cola delante de la verja del puesto fronterizo de Gibraltar-La Línea, que se abrirá para los peatones a las cero horas
Cientos de personas hacían cola delante de la verja del puesto fronterizo de Gibraltar-La Línea
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Existe, además, otra laguna nada desdeñable. En este sentido, conviene recordar que el tratado de 1713 se refirió exclusivamente al Peñón. Nada se estipuló sobre el istmo, la franja de tierra que conecta Gibraltar con España. En consecuencia, Felipe V ordenó construir fortificaciones para contener la expansión británica. Ello dio lugar a la Línea de Contravalación, cuyo entorno acabaría dando origen a su vez a la actual ciudad de La Línea de la Concepción. Lo relevante es que entre ambas líneas defensivas quedó perfilado un terreno que pasó a ser neutral. No obstante, en 1815, tras una epidemia de fiebre amarilla, las autoridades británicas solicitaron autorización para instalar barracones de cuarentena en el istmo. España accedió por razones humanitarias. Sin embargo, pasada la emergencia, las instalaciones no desaparecieron. La situación se repitió en 1854. Esta vez, el Reino Unido encontró la ocasión para levantar una verja e iniciar una ocupación efectiva sobre un territorio cuya soberanía España no ha dejado de reclamar. Los excesos no terminaron ahí. En 1908, la verja fue sustituida por otra que –como si el desplazamiento anterior hubiera sabido a poco– se levantó aún más lejos del Peñón.

Reino Unido, entretanto, prosiguió con su política de hechos consumados y, aprovechando el caos de la Guerra Civil española, inició en 1938 la construcción de un aeropuerto. La pista de aterrizaje sería ampliada más tarde mediante suelo ganado al mar. Los británicos parecieron sustituir la máxima de “pelillos a la mar” por la de “cemento al agua”. A esas alturas, el tratado de Utrecht era contemplado con total ligereza por su parte. Con el tiempo, la situación lejos de apaciguarse se volvió aún más tensa, especialmente cuando en 1967 Londres convocó un referéndum. El dictador Francisco Franco lo consideró una provocación y, poco después, decretó el cierre total de la verja. La llegada de la democracia ya sí propició una reapertura parcial y progresiva del paso fronterizo.

Imágenes del aeropuerto de Gibraltar donde prestará servicio la Guardia Civil tras la firma del Tratado.
Imágenes del aeropuerto de Gibraltar donde prestará servicio la Guardia Civil tras la firma del Tratado.
AUGC.

Este es, sin duda, un conflicto de largo recorrido, cuyos últimos episodios se han escrito prácticamente en tiempo real. Precisamente este 15 de julio se ha producido un acontecimiento de enorme trascendencia: el derribo de la verja. Este hito coincide con la firma –en Bruselas– de un acuerdo largamente negociado entre el Reino Unido y la Unión Europea. Así, 118 años después de su instalación, desaparece el último muro fronterizo continental de Europa. Con su eliminación y el pacto adoptado se facilita la libre circulación de personas: los controles de pasaportes dejarán de tener lugar en la verja y pasarán a realizarse en el aeropuerto. El acuerdo prevé, además, la adaptación del régimen fiscal y comercial de Gibraltar a las exigencias de la Unión Europea.

Hay, sin embargo, una cuestión principal que ha quedado al margen: la soberanía de Gibraltar. No es un asunto menor, puesto que la Organización de las Naciones Unidas sigue considerando el enclave un territorio no autónomo pendiente de descolonización. En consecuencia, apuesta por una solución negociada entre España y Reino Unido conforme al principio de integridad territorial y no al de libre determinación de los pueblos al entender que la población del Peñón es consecuencia del proceso colonizador británico.

Una mujer pasea en Gibraltar
Una mujer pasea en Gibraltar
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A la luz de lo explicado, es evidente que los gobiernos británico y español han corrido un tupido velo sobre las reclamaciones territoriales existentes. Han resuelto cuestiones prácticas, pero el mar de fondo permanece inalterado: Gibraltar sigue siendo un enclave británico sobre el que Londres conserva las máximas competencias en materia de defensa y relaciones exteriores. No se trata de un borrón y cuenta nueva, sino de dejar en suspenso el tema más peliagudo de todos. Puede decirse que el Reino Unido no ha cambiado su posición desde –¡se dice pronto!– el siglo XVIII. Para dicho país, Gibraltar sigue siendo un enclave codiciado. España, una vez más, ha aceptado posponer el debate sobre la soberanía. Vuelve, en definitiva, a desempeñar el papel de pieza sacrificada frente a otros intereses superiores. Se ha perdido otra valiosa oportunidad. Como ya advirtió, en 1909, Manuel Allendesalazar, entonces ministro de Estado, la verja alteró el statu quo. Más de un siglo después, la barrera ha desaparecido. Sin embargo, la controversia que aquélla contribuyó a consolidar sigue intacta. Así pues, colorín, colorado…este cuento aún no ha terminado.

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