La política griega se ha visto sacudida por una conversación que, supuestamente, tuvo lugar durante una cena privada en Atenas. Según una información de The Wall Street Journal, Kimberly Guilfoyle -embajadora de Estados Unidos en Grecia y expareja de Donald Trump Jr– habría insinuado ante el ministro griego de Energía, Stavros Papastavrou, que Washington tenía capacidad para provocar en Grecia una crisis política similar a la que posteriormente derribó al Gobierno rumano de Ilie Bolojan.
“Podemos hacerle eso a cualquier país que queramos. Podemos hacerlo aquí”, habría afirmado Guilfoyle durante el encuentro de marzo, cuando la conversación giró hacia la situación de Rumanía. Papastavrou habría replicado que Estados Unidos no podía sustituir al Ejecutivo griego porque había sido elegido democráticamente.
Las revelaciones han abierto ahora un frente para el Gobierno del primer ministro Kyriakos Mitsotakis. Partidos de distinto signo ideológico reclaman explicaciones sobre lo ocurrido y, especialmente, sobre si uno de sus ministros recibió algún tipo de advertencia de la representante de Washington.
El portavoz gubernamental Pavlos Marinakis ha asegurado que “nunca ha habido ningún asunto de amenaza contra el Gobierno griego” y ha sostenido que una situación semejante no sería tolerada. Sin embargo, las palabras no han servido para cerrar la polémica. PASOK ha reivindicado la condición de Grecia como democracia independiente y soberana, mientras Syriza ha pedido al Ejecutivo y al propio Mitsotakis que desmientan de forma inmediata que Papastavrou fuera amenazado.

La sombra de Rumanía
La referencia a Rumanía resulta especialmente sensible porque el Gobierno de Bolojan acabó cayendo apenas unas semanas después de aquella conversación. Los socialdemócratas abandonaron la coalición y sumaron sus votos a los de la oposición para sacar adelante una moción de censura en mayo. Desde entonces, Bucarest atraviesa una prolongada etapa de inestabilidad política.
No existe, sin embargo, evidencia pública que permita concluir que Estados Unidos provocó la caída del Ejecutivo rumano. El Partido Socialdemócrata ha reconocido contactos con Guilfoyle, pero sostiene que estuvieron relacionados con cuestiones energéticas y rechaza que Washington influyera en su decisión de romper con Bolojan.
Su líder, Sorin Grindeanu, ha respondido a las sospechas: “Ilie Bolojan no fue derrocado por los estadounidenses, ni por el monstruo del lago Ness, ni por Bigfoot”. Según su versión, el desgaste interno del primer ministro y el rechazo de los ciudadanos a su gestión explican la ruptura política.

El gas, en el centro de la relación
Detrás de la controversia aparece además la cuestión de la energía. Guilfoyle ha hecho del llamado Corredor Vertical de Gas una de las prioridades de su etapa diplomática. La infraestructura pretende transportar gas natural licuado que llega a Grecia hacia Bulgaria, Rumanía y otros países del este europeo, reduciendo la dependencia regional de los hidrocarburos rusos.
Guilfoyle ha defendido públicamente la expansión de la energía estadounidense en Europa como una cuestión de seguridad. Grecia participa en rutas que permiten transportar LNG estadounidense hacia el norte a través de las redes de varios países.
La trayectoria de la embajadora también explica la atención que despierta el caso. Exfiscal y antigua presentadora de Fox News, Guilfoyle mantuvo durante años una relación con Donald Trump Jr. y se convirtió en una destacada defensora del movimiento MAGA antes de dar el salto a la diplomacia. Trump anunció su elección para la embajada griega después de las elecciones de 2024 y el Senado confirmó posteriormente su nombramiento.

