Apenas unas horas después de ser volver a ser inculpada por el tribunal de París por malversación de fondos europeos, Marine Le Pen anunció este martes su candidatura a las elecciones presidenciales de Francia previstas para 2027. Tras considerarse “inocente” pese al veredicto judicial, que la ha declarado culpable, la candidata de la extrema derecha francesa consideró que “esta acusación está basada en que nuestros asistentes se involucraron en política nacional cuando deberían haber estado trabajando en política europea. El tribunal reiteró que no hubo beneficio económico en este asunto”.
Toda la atención ante las próximas elecciones, donde la Agrupación Nacional de Le Pen apunta como favorita, estaba centrada en la incógnita de si la líder del partido sería capaz de presentarse como candidata a presidir Francia. Tras la apertura del caso judicial, fue inhabilitada para ejercer la política durante cinco años -desde marzo de 2025-, pero ahora la justicia francesa ha reducido su condena a 15 meses de inhabilitación para ejercer cualquier cargo público si no hay reincidencia.

El futuro del delfín de Le Pen
Otra de las incógnitas se centraba sobre el futuro del delfín Jordan Bardella, joven estrella emergente de Agrupación Nacional, cuyo nombre sonaba como sustituto natural de Le Pen en caso de que fuera definitivamente vetada. Al ser preguntada sobre el futuro papel Bardella, la líder ultra afirmó que ambos representan “un dúo fiable de primer ministro y presidente. Tenemos soluciones, y este dúo es ganador”, insistió, especificando que él sería su primer ministro si ella ganara.
“Nos complementamos”, insistió asegurando que las ambiciones políticas de ambos “no entran en juego”. “Luchamos por Francia. Creo que esta alianza política que formamos puede realmente cambiar las cosas”, prosiguió tras prometer que la campaña presidencial en conjunto con Jordan Bardella comenzaría “muy pronto”. Y agregó: “Esta noche me declaro candidata, y buscaré todas las vías legales para defender mi inocencia en este caso”.

Al final, campaña con brazalete
Si bien inicialmente insinuó aceptar la condición de llevar un brazalete electrónico durante un año de arresto domiciliario, durante una entrevista al canal TF1 Le Pen avanzó que no haría campaña con el brazalete puesto. “Pero como tengo la opción de apelar ante el tribunal y la apelación suspende los efectos de la sentencia, haré campaña sin seguimiento”, declaró.
Para la líder ultra, llevar una pulsera de seguimiento no le permitiría ser “totalmente libre” para manejar la campaña electoral. A diez meses de la celebración de los comicios, Le Pen aspira a conquistar el Palacio del Eliseo tras su tercer intento de gobernar Francia. En el segundo intento, perdió contra Emmanuel Macron tras acumular un 41% de los votos en la segunda vuelta.
Pese a la luz verde para volver a la primera línea política, Marine Le Pen sigue siendo culpable de malversación de fondos destinados a miembros del Parlamento Europeo entre 2004 y 2016, ya que uso dicho dinero para pagar a personal del partido. Si bien el plan de creación de empleos ficticios fue impulsado por su padre, el líder del Frente Nacional Jean-Marie Le Pen, el tribunal dejó claro que ella continuó con esta práctica con la ayuda de compañeros de partido, incluyendo a un miembro del Parlamento Europeo. La condena de tres años de prisión a la que se enfrenta ahora Le Pen incluye dos años de suspensión de la pena y un año llevando el brazalete electrónico. Su condena original contemplaba dos años con un brazalete en el tobillo.
Las reacciones en la política francesa
Los opositores políticos no tardaron en condenar a Le Pen. Olivier Faure, del Partido Socialista, opinó que no debería presentarse, ya que un candidato al cargo más alto de Francia debía dar ejemplo. La líder de los Verdes, Marine Tondelier, afirmó que, contrariamente a las reiteradas acusaciones de la Agrupación Nacional, no había habido “ninguna conspiración judicial contra Le Pen” e incluso podría decirse que se benefició de una “considerable indulgencia”.
En 2011, Le Pen asumió la dirección de la Agrupación Nacional, heredando el liderazgo de su padre, quien la fundó en 1972 como el Frente Nacional, con una marcada ideología racista y antisemita. Marine Le Pen logró alejar al partido de sus raíces más radicales, expulsando a su padre y cambiándole el nombre. Se define a sí misma como populista “ni de izquierda ni de derecha”, defensora del nacionalismo económico y del Estado de bienestar francés. Las banderas principales de su formación siguen siendo el rechazo a la inmigración y el mensaje profundamente hostil a la Unión Europea.

