Cuando Paula eligió sus destinos Erasmus, Budapest estaba lejos de ser una prioridad. De hecho, reconoce que la capital húngara era prácticamente su última opción. “La verdad que era mi última opción, no tenía nada de expectativas de Budapest, lo puse un poco por poner”, explica la joven española a Artículo14. Sin embargo, apenas unos meses después de llegar, su opinión cambió por completo.
La estudiante vive en Budapest desde febrero y asegura que la experiencia le ha servido para desmontar muchos de los prejuicios que tenía sobre Hungría y Europa del Este. Antes de viajar, imaginaba un país marcado por su pasado soviético, con ciudades envejecidas y poca actividad. “Lo veía como un país muy pobre, que todo iba a estar a lo mejor muy viejo, con poca vida y tal”, recuerda.
La realidad fue muy distinta. Ahora describe Budapest como “una ciudad súper viva, súper cosmopolita” y llena de posibilidades. Además, destaca que conserva parte de su historia sin que eso suponga una imagen de decadencia. “También se nota que fue soviética en su momento, pero está bastante nueva relativamente”, señala.
Por eso, incluso anima a otros estudiantes a salir de las rutas Erasmus más habituales. Según cuenta, muchos jóvenes optan por países como Italia o Francia por ser más parecidos a España, pero ella considera que la experiencia es más enriquecedora cuando existe una diferencia cultural mayor. “Yo recomendaría a la gente irse de Erasmus a un sitio por esta zona, no irse a lo típico”.

“Las clases son muchísimo más fáciles”
A pesar de encontrarse en un país completamente desconocido para ella, la adaptación fue sencilla. Paula cree que el propio contexto Erasmus facilita mucho las cosas, especialmente porque la mayoría de estudiantes internacionales terminan relacionándose con personas de su mismo país.
“Yo me junto mayoritariamente con gente de España”, explica. Además, muchos de sus amigos ya estaban en Budapest durante el primer cuatrimestre, por lo que encontró una red social creada desde el primer momento. “Ha ido como mucho más fácil todo”.
La vivienda tampoco supuso un problema. Encontró piso a través de un grupo de WhatsApp para estudiantes Erasmus. Una chica publicó que buscaban una compañera para compartir piso durante el segundo semestre y decidió escribirle. Actualmente vive con otras tres españolas.
Uno de los aspectos que más le ha llamado la atención es el sistema universitario. El modelo está mucho más orientado a los trabajos prácticos que a los exámenes. “Nunca he visto a nadie tomar apuntes en la uni”, afirma. Mientras que en España está acostumbrada a múltiples trabajos, exposiciones y pruebas escritas, en Budapest gran parte de la evaluación se basa en proyectos.
“Es como muchísimo más fácil y más centrado en trabajos que en exámenes”, resume.

“Esperaba que fuera muchísimo más barato”
Aunque el húngaro es una lengua muy diferente al español, Paula asegura que no ha tenido demasiados problemas para desenvolverse en su día a día. Reconoce que apenas ha aprendido algunas palabras básicas, pero destaca que el inglés está bastante extendido entre la población joven.
“La mayoría de gente lo habla, sobre todo gente joven”, comenta. Los mayores, en cambio, suelen tener más dificultades con el idioma. Aun así, considera que moverse por Budapest resulta sencillo para cualquier estudiante internacional.
Otro de los tópicos que desmontó al llegar fue el del bajo coste de vida. Antes de viajar esperaba encontrar precios muy inferiores a los españoles, pero la diferencia no ha sido tan grande como imaginaba.
“Yo me esperaba que fuera muchísimo más barato y nada”, explica. Según cuenta, la compra semanal le cuesta prácticamente lo mismo que en España. La principal diferencia está en el precio de la vivienda, que sí resulta algo más económico.
“Son un poco cerrados”
En cuanto a las relaciones sociales, Paula reconoce que le ha resultado más fácil conectar con otros estudiantes internacionales que con personas locales. “Los húngaros son un poco cerrados”, afirma.
La mayoría de sus amistades proceden de otros países europeos y asegura que tampoco conoce muchos casos de estudiantes Erasmus que hayan creado vínculos estrechos con jóvenes húngaros. “Son bastante cerrados y más suyos, no son muy de abrirse”, resume.
Sin embargo, cuando comenta que es española, la reacción suele ser positiva. “Suelen decir: ‘España, qué bonito’”, cuenta entre risas.
Las diferencias culturales más visibles tienen que ver con los horarios y las costumbres cotidianas. Durante los primeros meses le sorprendió especialmente que anocheciera muy pronto y que la vida social comenzara antes que en España.
“Cuando yo vine anochecía a las cuatro de la tarde”, recuerda. También le llamó la atención que la gente salga antes de fiesta. “Salimos a las nueve”, explica.
Además, percibe una menor presencia de personas en las calles. Mientras que en España está acostumbrada a plazas llenas, terrazas ocupadas y paseos constantes, en Hungría observa una vida más doméstica. “Aquí como que la gente se queda en casa”.
“No les gustaba nada Orbán”
Como mujer, Paula asegura sentirse segura en Budapest. Reconoce que hay algunos elementos que pueden generar cierta inquietud, como la presencia de personas sin hogar o personas bajo los efectos de drogas en algunas zonas de la ciudad. “Sí que hay bastantes sin techo, muchísimos, y mucha gente drogada por la calle”, explica.
Sin embargo, insiste en que no suele sentir miedo cuando camina sola. “Voy segura por la calle”, afirma.
Respecto a la política, también encontró una realidad diferente a la que esperaba. Desde fuera, Hungría suele asociarse al gobierno conservador de Viktor Orbán, pero Paula asegura que muchas de las personas con las que ha hablado son críticas con él. “No les gustaba nada Orbán”, comenta sobre profesores y estudiantes húngaros.
Según su experiencia, especialmente entre los jóvenes predominan posturas más abiertas. “No los considero conservadores a los húngaros, los considero más liberales”.
“Un sitio para vivir temporalmente”
Aunque su experiencia está siendo muy positiva y reconoce que Budapest le ha sorprendido para bien, no se plantea establecerse allí de forma permanente.
“A mí me gusta mucho Budapest, pero veo un sitio para vivir temporalmente”, explica. La principal razón es la diferencia en calidad de vida que percibe respecto a España, especialmente en aspectos relacionados con la alimentación. Critica la escasa variedad de productos y la calidad de algunos alimentos.
Por eso, aunque se marchará con un recuerdo muy positivo de su Erasmus, cree que su futuro sigue estando más cerca de España.
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