La presentadora Sarah Khalifa, de 39 años y conocida por haber conducido el programa Misión Imposible, ha sido condenada a muerte junto a otras once personas por su participación en una organización dedicada, según la acusación, a fabricar y distribuir drogas sintéticas.
El tribunal de El Cairo consideró probado que los miembros del grupo adquirían en el extranjero materias primas destinadas a la elaboración de estupefacientes y posteriormente las introducían en Egipto. La investigación atribuye a la organización una estructura en la que sus integrantes desempeñaban distintas funciones, desde conseguir los productos necesarios hasta fabricar las sustancias, almacenarlas y preparar su distribución.
Khalifa ha rechazado desde el comienzo cualquier relación con la red. Durante el proceso sostuvo que era inocente y llegó a asegurar ante el tribunal que nunca había consumido drogas. Según medios egipcios, afirmó además que la primera vez que vio los estupefacientes incautados fue después de su arresto, cuando se encontraba ya en dependencias de las autoridades antidroga.
Más de 750 kilos incautados
El procedimiento se remonta a abril de 2025, cuando las autoridades comenzaron a investigar una supuesta red dedicada a producir sustancias sintéticas. Los primeros registros realizados en apartamentos de El Cairo permitieron localizar drogas, materias primas y material empleado para su elaboración. Con el avance de las pesquisas, la cantidad total intervenida superó los 750 kilos.
La Fiscalía sostuvo que parte de los componentes utilizados para fabricar las sustancias llegaban desde otros países y que algunos eran introducidos ocultos entre equipajes o productos aparentemente legales. También fueron localizadas armas de fuego y munición sin autorización.
La causa contra los 28 procesados se construyó a partir de declaraciones de una veintena de testigos y de material electrónico. Entre las pruebas examinadas figuraban conversaciones, fotografías y vídeos. En el caso concreto de Khalifa, los investigadores analizaron comunicaciones almacenadas en su teléfono y anotaciones encontradas durante la investigación que, según la acusación, estaban relacionadas con los gastos de la organización.
Los fiscales atribuyeron a la presentadora un papel que iba más allá de una colaboración puntual. Según su versión, habría financiado parte de las actividades, mantenido contacto con integrantes de la trama y servido de enlace entre miembros situados dentro y fuera de Egipto. Su hermano, Mohamed Khalifa, también figura entre los condenados a muerte.
Una sentencia que todavía puede recurrirse
El fallo afecta de manera diferente a los 28 acusados: doce han recibido la pena capital, nueve han sido condenados a cadena perpetua y siete han resultado absueltos. Antes de confirmar las condenas a muerte, el tribunal remitió el expediente al gran muftí de Egipto, como exige el procedimiento del país en este tipo de sentencias. Su dictamen religioso es consultivo y no obliga al juez a adoptar una decisión determinada.
La condena, por tanto, no significa que la ejecución sea inmediata. El abogado de Khalifa ha anunciado que presentará un recurso y que utilizará las posibilidades disponibles para tratar de revocar el fallo. El sistema judicial egipcio permite que instancias superiores vuelvan a examinar el proceso y, posteriormente, que el caso pueda alcanzar el Tribunal de Casación.
Su situación judicial, además, no se limita al proceso por narcotráfico. En una causa separada, Khalifa ha recibido también una pena de prisión por la agresión a un hombre que trabajaba como su conductor.
Egipto contempla la pena capital para delitos graves de tráfico de drogas, además de otros como el asesinato premeditado y el terrorismo. Su aplicación ha sido cuestionada reiteradamente por organizaciones de derechos humanos. Amnistía Internacional contabilizó 23 ejecuciones en el país durante 2025.

