Jairo Hernán Saavedra, Victoria Caicedo y su hija Sofía murieron cuando el edificio donde vivían se derrumbó en Cali el lunes pasado. Con ellos estaban sus otras dos hijas trillizas, Ana María e Isabella, cuando el terremoto de magnitud 7,4 golpeó la carrera 58 en el suroccidente colombiano.
Eran las 7:34 de la mañana. El movimiento telúrico fue breve pero brutal. La estructura se vino abajo como si fuera cartón, aplastando todo lo que había adentro. Cinco personas quedaron atrapadas entre el hormigón fracturado y los hierros retorcidos. Una familia entera sepultada en segundos.
Los equipos de rescate comenzaron a excavar inmediatamente, sin saber qué encontrarían debajo: cuerpos o supervivientes. El polvo aún no se asentaba cuando ya estaban removiendo escombros con sus propias manos.
Primeros hallazgos: dolor confirmado
Durante la madrugada del miércoles 12 de agosto, los rescatistas sacaron de los escombros a Jairo y a Victoria, los padres. Sus cuerpos estaban juntos, como si hasta el final hubieran intentado protegerse mutuamente del derrumbe. Poco después, hallaron también a Sofía, la más pequeña de las trillizas. Tres confirmados muertos. Dos aún faltaban.
Camila Martínez Sierra, allegada a la familia, lo confirmó en redes sociales. Describió a Sofía como “una niña llena de amor, rodeada de una familia que la amaba profundamente”. Su mensaje fue devastador pero también reflejaba algo más que tristeza: mantenía la esperanza. Isabella seguía desaparecida entre los escombros, y podía estar viva.

“Siempre Alegre”: la última conversación
Seis horas antes del terremoto, Jairo Saavedra estaba vivo. Estaba riendo, bailando, compartiendo con amigos. DJ Prilla, su amigo cercano desde hace años, estaba con él ese día. Jairo era un aficionado declarado de la salsa, era su pasión, lo que lo hacía feliz.
Durante esa conversación, Jairo pidió una de sus canciones favoritas: “Siempre Alegre”. Era una de esas canciones que más le gustaba. Pero lo que sucedió después fue profético, sin que Jairo lo supiera. Con total naturalidad, mirando la vida por delante, Jairo le dijo a Prilla algo que se volvería un epitafio: “Prilla, la canción Siempre Alegre es una canción que me gusta tanto que el día que me muera la quiero en mi lápida”.
DJ Prilla recuerda esa frase vívidamente. “Yo todavía no puedo creer que Jairo seis horas antes que pasara todo esto del terremoto me haya dicho eso”, recordó después del desastre. Una conversación casual que adquirió un significado desgarrador.
Después del terremoto, cuando los equipos excavaban entre los escombros, DJ Prilla encontró algo entre los escombros: una caja con parte de la colección musical de Jairo. Sus discos. Sus canciones favoritas. Al revisar los discos, reconoció sus propias anotaciones, su propia caligrafía. “Esta es la colección de Jairo. Estoy segurísimo”, escribió con certeza, como si estuviera confirmando que su amigo había existido, que lo que vivieron juntos era real.
Prilla también compartió un vídeo grabado el 9 de agosto, un día antes de la tragedia, donde Jairo aparecía junto a Victoria, ambos bailando, celebrando con amigos. Una vida normal.
El DJ Prilla, no ha parado un minuto ayudando a buscar a la familia Saavedra y tristemente es el portador de la noticia que parte el alma.
Fueron hallados sin vida Jairo Saavedra junto a su esposa Vicky.
Aún falta Isabella, la única de sus hijas trillizas a quien no han… https://t.co/g1BsomnHsH pic.twitter.com/ZU5StiBe9I
— DoñaPily (@dona_pily2) August 12, 2026
Una hija rescatada, esperanza frágil
Ana María fue sacada viva del colapso después de una operación de rescate compleja que duró horas. El equipo tuvo que remover escombros cuidadosamente, buscando bolsas de aire, intentando no provocar nuevos derrumbes que la aplastaran.
Cuando finalmente la sacaron, estaba herida pero consciente. Sufrió múltiples lesiones en todo el cuerpo, fracturas, contusiones, heridas profundas, pero sobrevivió. Fue trasladada de emergencia a la Clínica Imbanaco, donde recibió atención médica inmediata.
Lo más importante: logró comunicarse con sus familiares desde su cama de hospital para confirmar que había sobrevivido. Una de las trillizas salvada. Los gritos de alegría de sus familiares fueron breves, apenas un instante de alivio en medio de una tragedia mucho más grande.
Isabella: la búsqueda que no cesa
Isabella Saavedra Caicedo sigue desaparecida entre los escombros del edificio de la carrera 58. Los equipos de rescate continúan excavando, removiendo placas de concreto, abriendo nuevos accesos a secciones del edificio que aún no han explorado. Cada hora que pasa es una carrera contra el tiempo biológico. Sin agua ni comida, sin atención médica, el cuerpo humano tiene límites.
Para la familia, cada minuto es una oportunidad de encontrarla viva. Cada nuevo acceso a los escombros es una posibilidad. “La esperanza persiste”, dicen los allegados. Pero el silencio de los escombros es ensordecedor.

